Rebeca Pal

La historia fue escrita en arameo hacia el año 70, después de Cristo. El texto original se perdió pero la historia no, porque fue traducida al griego (idioma más utilizado de la época). El Evangelio según San Mateo, nos cuenta que en los tiempos de Herodes III, Jesús había nacido en Belén de Judea. Tres magos venidos desde oriente y guiados por una estrella, llegaron ahí en busca del Rey de los judíos. En el Evangelio, San Mateo no se refiere a ellos ni como Reyes, ni como Magos ni por sus nombres: Melchor, Gaspar y Baltasar. Las ideas que tenemos de ellos son producto de la imaginación en la literatura posterior. Algunos historiadores señalan que se puede tratar de datos añadidos cuando se tradujo del arameo al griego y, con el tiempo, se ha complementado de elementos que no están escritos.

También existen estudios que afirman que hay la posibilidad de que la información concreta sobre la identidad de los Reyes, fuera ambigua o comprometedora, es por eso que se pudo haber omitido. Uno de los datos curiosos que rondan la historia es que los primeros paganos que fueron a venerar al niño Jesús, hayan sido Reyes, especialmente Magos. Parte de la clave de esta incógnita se puede encontrar en las traducciones latinas que se hicieron del Nuevo Testamento. San Jerónimo, en el siglo IV, tradujo del hebreo al latín y pudo haber sido él quien los identificó como Magos. ¿Por qué “magusàioi” (magos)? En el tiempo de Jesucristo los adivinos y astrólogos (de origen caldeo) eran llamados “magos”. También se refería a los que practicaban la antigua ciencia de las Magû (tribu seguidora de Zaratrusta que reunía prácticas mágicas, astrológicas o adivinatorias del mundo persa).

El oro, el incienso y la mirra nos conducen a la Ruta del Incienso, que se extendía desde el Océano Índico hasta el mediterráneo. Esta ruta traía productos del Asia Central y era la única que podía llegar hasta el portal de Belén. Según el relato apócrifo, el nacimiento de Cristo fue un seis de enero y la visita de los Reyes tres días después. En estos textos se nombran a tres Reyes: Melchor, rey de los persas (de Nubia y Arabia), Gaspar, rey de los indios (de Tharsis y Egriseula) y Baltasar, rey de los árabes (de Godolia y Saba). El oro representaba el signo de la divina majestad y de la realeza, el incienso sacrificio y la mirra simbolizaba la fragilidad humana.

La tradición señala que fueron llevados por dromedarios, guiados por la estrella, que después de trece días se detuvo en el portal, lugar de nacimiento del Rey de los judíos. Tras la visita, existen varias versiones. La primera relata que cuando quisieron volver, ya no encontraron la estrella que los guiaba y la otra versión relata que tardaron trece años en volver a sus reinos. Muchos años después la estrella volvió a aparecer, pero esta vez como presagio de la muerte de los Reyes Magos. Melchor murió a los 116 años, cinco días después murió Gaspar a los 112 años y seis días después Baltasar a los 109 años. Fueron enterrados juntos y mientras la estrella brilló sobre el cielo, los cuerpos permanecieron incorruptos.

El culto a los Reyes Magos en occidente data del siglo XII. El 1 de junio de 1164, Federico Barbarroja ordenó llevar los cuerpos de los Reyes Magos desde Milán hasta Colonia para depositarlos en la iglesia de San Pedro. La historia que fue compuesta por un sinfín de datos, fue, por fin, escrita entre 1364 y 1374 por Juan de Hidelsheim, un prior carmelita alemán en la Historia Trium Regum, basada en la Historia Scholastica de Pedro Comestore escrita en el siglo XI.

¡Pero hay más! Lo que muchos no saben es que existió un cuarto Rey. Si te interesa y quieres saber más sobre la historia, escríbeme por twitter: @RebePal para que la publique en Eje Central.

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