Foto: ejecentral

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Olinka Valdez, Nadia Rodríguez y Bet-Biraí Nieto

“Mi mamá y mi abuela fueron violadas por miembros de su familia y cuando alzaron la voz fueron reprimidas también por el resto de los familiares y mi abuela hasta fue golpeada”, relató hace poco en sus redes sociales Prichie, una joven cantautora mexicana.

No es el primero ni el único caso que aparece en las plataformas digitales. Pero su voz es el testimonio que sintetiza dos generaciones de mujeres que sufrieron violencia de género, pero que hasta ahora es posible contarlo porque la cuarta ola feminista convirtió a las redes sociales en espacio de denuncia y lucha.

“En México ser mujer y niña es una condición de alto riesgo, históricamente hemos sido sometidas, cosificadas y denigradas a una posición de inferioridad en la sociedad. No hay congruencia ni consecuencia entre los discursos gubernamentales, desde el Ejecutivo federal hasta el estatal pasando por los municipios, y el derecho a una vida de mujeres y niñas”, sostienen 12 colectivos.

ejecentral logró que más de una decena de voces hablen sobre la violencia de género, un problema que se encamina, como lo advierten 12 organizaciones, a “una grave crisis de derechos humanos para las mujeres y niñas en México”. Lo que antes era normal socialmente, añaden, ahora corre el riesgo de convertirse en banal ante la acción o inacción del Estado y de los diferentes actores sociales, uno ellos los medios de comunicación, 

“Las protestas ocurridas en los últimos días, en la que grupos feministas expresaron su descontento con aerosol sobre los muros de Palacio Nacional cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador ofrecía su conferencia de prensa no son eventos aislados de rabia y de protesta, sino una muestra del hartazgo frente a la violencia”, explica Regina Tamés Noriega, directora del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE). 

›La exigencia es ¡Basta! de esa violencia sistémica contra mujeres y niñas en el país. Pero la más reciente manifestación, la del 14 de febrero, sumó un ingrediente, por primera vez envió “un fuerte mensaje en contra de los medios de comunicación y la falta de ética periodística al momento de cubrir este tipo de acontecimientos”, sostiene Elizabeth Velázquez.

“¿Por qué publicar las fotos de un feminicidio brutal en primera plana? La respuesta más simple conduce al abandono de la responsabilidad social del periodismo a favor de una visión mercantil de la información, pero esa explicación no alcanza a dimensionar el verdadero problema detrás de este tipo de publicaciones, y es que además de provocar el impacto inmediato que produce un crimen de esa naturaleza, innegablemente se construye un ambiente favorable para la banalización de la violencia de género en el país”, añade.

Ya desde el siglo pasado, Ryszard Kapuscinski advertía con mucha sabiduría que los cínicos no sirven para hacer este oficio. El movimiento feminista lo comprueba.

Más de 40 años

La llamada tercera ola del feminismo llegó a México en los años sesenta y se caracterizó por la liberación sexual y por la legalización del divorcio. Fue el momento en que se abrió picaporte de lo que era sólo privado, la unión sacramental fue llevada al terreno público y apenas se comenzó a hablar de la violencia doméstica o intrafamiliar.

Al menos desde 1990 la UNAM registra más de 200 tesis de licenciatura, maestría y doctorado, cuyo tema central es el feminismo y la violencia de género. Por ejemplo, en 1984 Silvia Carreón escribió una de las primeras tesis del tema: “El trabajo social ante la problemática de la violencia en la familia, en la comunidad San Pablo Tepetlapa” en Coyoacán. Detalla que 76 de las 100 personas que entrevistó se arrepintió de haberse casado, en el caso de las mujeres esto se debía mayormente a que sus maridos las golpeaban. 

No sería hasta una tesis publicada en 1992 en la que se enuncia propiamente la violencia de género y del hostigamiento sexual. 

En la cuarta ola del feminismo, se rompe un paradigma, las mujeres como responsables de la crianza y por tanto del machismo. Ahora hay una corresponsabilidad de casa, escuela, trabajo y otros entornos. Y se acompaña de la revolución tecnológica, con un acceso pujante de las mujeres en la política y en las universidades. Por eso el grito en las calles: “¡Ahora que sí nos oyen, ahora que si nos ven!”. 

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