Enrique Del Val

El mes pasado se celebraron en Marrakech, Marruecos, dos reuniones totalmente asimétricas. Una fue organizada por el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) del 9 al 15 de octubre, a la cual asistieron más de 10 mil personas representando a gobiernos, banqueros y directores de empresas multinacionales para debatir qué hacer con las cuantiosas deudas que tienen con ambos organismos los países del sur global.

La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, declaró ufanamente que “los shocks severos son la nueva normalidad”, y que se necesitan más recursos para que los países pobres puedan protegerse cuando el costo de la deuda pone al límite sus finanzas; pero su preocupación, sobre todo, es la creciente influencia de China en esos países.

El nuevo gerente del BM, Ajay Banga, cuyas credenciales para ser director son haber sido director de la empresa Mastercard, no tuvo más remedio que comprometerse a financiar la lucha contra el cambio climático, lo que parece ser un cambio en la política, ya que su antecesor, David Malpass, por cierto nombrado a propuesta de Donald Trump, se había negado con la ramplona respuesta de que él no es “científico”.

En la reunión se mencionó que se necesitaban cuatro billones de dólares para tal efecto, y como siempre ocurre en estas reuniones, todo quedó en declaraciones y poco alivio para los países endeudados.

Casi en paralelo, del 12 al 15 de octubre, se celebró en la misma ciudad la denominada “Contracumbre mundial de movimientos sociales,” con la participación de más de 70 organizaciones de todo el mundo, representando a ONG, sindicatos, pueblos indígenas y mujeres. Su objetivo principal, según expresaron, es “luchar contra las deudas ilegítimas”.

En su declaración final indicaron que comenzaron ese día para recordar la llegada de Colón al Caribe, lo que abrió las puertas a la explotación del continente, y terminaron el día 15 en homenaje a Thomas Sankara, quien fue asesinado cuando era presidente de Burkina Faso y lideraba la lucha por el impago de las deudas ilegítimas.

Denunciaron que llevamos 79 años bajo la dictadura financiera del FMI y BM, que por cierto apenas es la segunda vez en toda su historia, que estas organizaciones han celebrado una reunión en el continente africano, y que son los pueblos del tercer mundo quienes deben decidir su futuro y negarse a aceptar el futuro que plantean dichos organismos y las empresas multinacionales.

Afirmaron que “es hora de decir que, si no anulan nuestra deuda, la repudiaremos. Porque la verdadera deuda es de los gobiernos y las multinacionales: su deuda histórica, climática, ecológica y social con los pueblos, ¡y con los pueblos del Sur en particular!”.

Desde la gran recesión, el endeudamiento de los países llamados en desarrollo ha aumentado considerablemente, debido a las altas tasas de interés que se han establecido la Reserva Federal estadounidense y otros bancos centrales en su lucha contra la inflación.

También mencionan que la guerra en Ucrania ha disparado el precio de los alimentos, además de la subida en el precio de los combustibles. Se estima que los acreedores privados, como los fondos de inversión, los bancos y las clases dirigentes locales, poseen más de 50% del total de la deuda externa.

Dos ejemplos de la crisis de la deuda son Ucrania, que debe 20 mil millones de dólares a los organismos internacionales, y el peor caso de todos, que es Argentina, quien debe 44 mil millones de dólares, siendo el país más endeudado con el FMI en toda la historia desde su fundación. Su deuda representa ya casi 30% del capital total del FMI.

Por supuesto, esta reunión tuvo poca repercusión debido a lo que implica pero, al mismo tiempo, es una oportunidad para avanzar en el gran tema del repudio a la deuda externa. 

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