Alejandro Alemán

Alejandro Alemán

Para su cuarto largometraje de ficción, el prolífico Manolo Caro (cuatro películas en apenas tres años) sigue en lo suyo: cintas adaptadas de obras de teatro (usualmente montadas por él mismo) y el permanente homenaje a Almodóvar.

Y es que el cine de Caro usualmente gira alrededor de una mujer al borde de un ataque de nervios, ya sea porque a días de su boda se enamora de otro (Amor de mis Amores, 2014), porque el marido la abandonó (Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando, 2014) o, como en este caso, por el reencuentro fortuito de un viejo amor.

Martina (Cecilia Suárez) se encuentra, luego de 25 años de no verse, con el amor de su época adolescente, Lucio (Manuel García-Rulfo). Nerviosa y para no confesar que su vida es un desastre, le hace creer que ella está felizmente casada y tiene una hija. Así, todo el brete irá en cómo mantener la mentira, siendo que ambos se han quedado de ver en la noche para presentarse a sus mutuas parejas. Al mismo tiempo, de manera intercalada, la película da cuenta de la historia de ambos en la secundaria: el cómo se conocieron, cómo se enamoraron y el por qué se separaron.

Esta “segunda cinta”, por así decirlo, es un coming of age realizado con cierta gracia. Sebastián Aguirre (Lucio a los 17) y Ximena Romo (Martina a los 17) presumen de una buena química en pantalla que se potencializa por un diseño de producción competente en la reproducción de los años 90 y un soundtrack que aunque está desfasado de la época, resulta en un elemento efectista para generar emociones y empatía: vamos, Caro finalmente logra plasmar una historia de amor de una manera plausible, incluso melancólica y tierna.

Esta especie de “película dentro de la película” es la más lograda, por lo ya dicho y por las actuaciones de los dos protagónicos, que hacen que el romance sea creíble.

El resto es una comedia de enredos convencional, la cual pende de un giro de tuerca que a la postre resulta demasiado obvio y a la cual rápidamente se la acaba el combustible: la vida de estos personajes era mucho más interesante en su adolescencia que en su madurez. Tal y como el cine de Manolo Caro.

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