Alejandro Alemán

Para su más reciente cinta, Hirokazu Koreeda sigue instalado en el cine que habla de la familia como el templo de todos nuestros vicios y virtudes. El afamado director continúa filmando historias minimalistas, sin vueltas de tuerca sorprendentes, poco movimiento de cámara pero donde la naturalidad del relato y de sus actores no sólo provocan interés sino que además pareciera que en efecto, sus personajes fueran tan reales como los que habitaran en algún pueblo de Japón en la actualidad.

Estamos una vez más frente a una familia fragmentada donde Ryota (estupendo Hiroshi Abe) es un escritor venido a menos que ahora trabaja como detective privado con la talla moral suficiente como para, de vez en cuando, chantajear a sus clientes y sacar más tajada de cada caso.

Las dimensiones de su autoengaño tampoco tienen límite: dice seguir en la profesión de detective no por cómoda, sino porque representa un trabajo temporal mientras encuentra “inspiración” para su próxima novela.

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Con un pasado lleno de gloria y un presente perdido en la añoranza, Ryota se hunde en un proceso de autodestrucción llevado con la mayor de las convicciones, aunque sus amigos y familiares le busquen una ruta de escape, el no quiere moverse de su estado actual donde cualquier opción parece poca cosa.

Para rizar más el rizo, cuando Ryota no está extorsionando gente o apostando sus ganancias en las carreras, espía a su exmujer (Yoko Make), tratando de controlarla cuando ella sigue en el intento por dejar todo atrás y rehacer su vida. En medio de todo esto está su hijo (Taiyo Yoshizawa) quien sufre este proceso de ruptura al quedar justo en medio de la tormenta. Ryota se convierte poco a poco en lo que más odia: un padre ausente y gris, calca de su progenitor que, como él, nunca estuvo cerca.

“Los grandes talentos despiertan tarde” dice la adorable abuela, madre de Ryota, en una frase que describe el filme. “Se requiere de tiempo para que los ingredientes vayan soltando su sabor”. Como es costumbre, Koreeda se toma su tiempo para presentar a los personajes, develar el conflicto y llevarnos a todos (público incluido) a un final donde la confrontación será inevitable.

Benévolo como siempre, para Koreeda no importan lo torcidos que puedan estar sus personajes ni la tormenta que los cubre, en algún momento saldrá el sol y, si han sido sabios, habrán de ganarse el final feliz que merecen.

@elsalonrojo

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