Alejandro Alemán

Alejandro Alemán

@elsalonrojo

En I Am Not Your Negro, el estupendo documental de Raoul Peck sobre un texto inconcluso del escritor y activista James Baldwin, se expone con absoluta precisión cómo es que el racismo en Estados Unidos es un mal endémico que no se ha erradicado. La conclusión de Baldwin es tajante: “La historia de la raza negra en América es la historia de América… y no es una historia bonita”. No, no lo es. De hecho, es una historia de terror.
Get Out! (Estados Unidos, 2016) parte de esa misma idea.
Estados Unidos no dejó de ser racista luego de ocho años de Obama, al contrario, el triunfo de Trump hizo patentes las peores taras y fobias del sector más blanco y conservador de aquella nación. La américa posracial es un mito y Get Out! pretende denunciarlo desde la tribuna más improbable: el cine de terror.
En esta cinta, Chris (estupendo Daniel Kaluuya) y Rose (Allison Williams) son una pareja que se alista para pasar un fin de semana con los padres de ella. Chris se muestra nervioso, no sólo por ser esta la ocasión en que conocerá a los papás de su novia sino además porque ellos no saben que él es afroamericano. “No pasa nada”, le dice Rose “no son racistas”.
Y en efecto, los Armitage -Dean (Bradley Whitford) y Missy (Catherine Keener)- son muy amables, tanto que incomoda. Se trata de la clásica familia de white liberals adinerados que presumen de ser progres, pero que tras la calidez y esas sonrisas perfectas parecen esconder algo. Tal vez se trate del ligero detalle de que su servidumbre sea de raza negra, con uniformes sacados de los años 50 y una actitud robótica, cual si estuvieran poseídos. En una escena de la cinta, uno de ellos le advertirá a Chris: Get Out!. ¡Huye!
La categoría “Cine de terror” le queda chica a esta cinta: estamos ante una ambiciosa pieza que a través de las herramientas del género hace una parábola sobre el racismo actual en Estados Unidos, además de ser una gran cinta de suspenso con atinadas dosis de humor. Su director, Jonathan Peele, se muestra absolutamente competente en la creación de atmósferas ominosas que se elevan gracias a la gran actuación de sus protagonistas, principalmente de Daniel Kaluuya, cuya incomodidad se refleja en su rostro y su mirada.
En todo caso, lo verdaderamente perturbador no es la sangre ni los jump scares, no es la muerte ni la gran revelación. Lo realmente inquietante son las implicaciones de este filme: un subtexto que habla de una nación que, tras la elección de su nuevo presidente, tiene carta libre para el racismo. Este es un filme inteligente, elegante y atrevido. La primera gran película de la era Trump y uno de los mejores filmes que verán este año.

Ingeniero, locutor y crítico de cine con más de 10 años de experiencia profesional.

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