Alejandro Alemán

Pocos miedos tan latentes en la vida oficinista como aquel de quedarse sin empleo. La sola idea de perder el trabajo rebasa el entendimiento. Sin la oficina solo queda  el vacío. Por ello, las decisiones diarias siempre están enfocadas en no perderlo, aunque ello obligue a agachar la cabeza, cerrar la boca, nunca contradecir al jefe y quedarse a hacer “horas nalga” para dar la falsa impresión de productividad.

Lo primero que llama la atención en la ópera prima de Joaquín del Paso, Maquinaria Panamericana (México, 2016), es la inusual familiaridad en su depurado retrato del oficinista. El diseño de producción de Lucy Pawlak y Paulina Sánchez, aunado a la feliz circunstancia de haber encontrado una fábrica real para usarla como locación, tiene como consecuencia una imagen fiel del ambiente oficinil: la plática matutina, el decorado kitsch, los escritorios con plantitas, el compañero que vende dulces.

Muchos personajes son interpretados por empleados de la fábrica donde se filmó la cinta y el resultado es notable. Del Paso retrata los rituales de la oficina con un ojo casi documental.

Es viernes en Maquinaria Panamericana S.A., pero el día más feliz de la semana pronto se verá ensombrecido. Don Alejandro, el dueño de la empresa, es encontrado muerto. La terrible noticia es acompañada de otra aún peor: la empresa llevaba días en bancarrota. Es el fin. No hay trabajo, no hay bonos, no hay liquidaciones. La peor pesadilla en la vida del oficinista se ha cumplido.

Lo que sigue es el caos, una extraña mezcla entre El Ángel Exterminador (Buñuel, 1962), Ante el Cadáver de un Líder (Galindo, 1973) y El Señor de las Moscas (Brook, 1963) . Los empleados, sollozantes, regresan a sus escritorios para recoger sus cosas hasta que el contador general -en un gesto de valiente locura-  los arenga para no salir del lugar y tomar por asalto la fábrica, al fin y al cabo es suya.

Cual gallina a la que le han cortado la cabeza, los oficinistas montan un aquelarre onírico pero desesperado, gozoso y patético. Los viejos rituales de felicidad por el nuevo día se intercambian por otros que hablan de caos y destrucción. Quedarse sin trabajo como el equivalente a perder la identidad.

Maquinaria Panamericana es un retrato escabroso y grotesco sobre el terror de perder el empleo. El desenfreno como último refugio antes de ser expulsado del paraíso de la quincena, el bono y la liquidación.

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