Alejandro Alemán

@elsalonrojo

Imaginen Star Wars, Guardians of the Galaxy, El Quinto Elemento, algún libro de sketches de Guillermo del Toro y la revista Heavy Metal, mezclados con algún potente alucinógeno. El resultado quedaría corto frente al delirio visual de Valerian (Francia, 2017), decimosexto largometraje de Luc Besson donde, como nunca, el realizador francés no encuentra freno a sus ambiciones: lo mismo llena la pantalla de criaturas fantásticas en paisajes imposibles, que describe una escena de acción asombrosa llena de colores neón.Se trata de un viaje en drogas por las muy particulares obsesiones de un director en completo desacato.

Valerian está basada en un cómic homónimo (muy popular en Francia, prácticamente desconocido de este lado del Atlántico) donde el héroe del título y su compañera, la sargento Laureline, son un par de agentes galácticos a quienes el Ministro de Defensa (interpretado por el jazzista Herbie Hancock, ¿por qué no?) les asigna la misión de ir por una criatura que por alguna razón (que nunca entendí) es muy importante para el universo.

En todo caso no importa, se trata de un McGuffin (elemento de suspenso para que los personajes avancen en la trama) diseñado para que nuestros héroes tengan que sobrevivir a toda clase de aventuras en escenarios fantásticos.

El delirio hiperactivo de Besson no tiene freno. Los primeros 25 minutos son alucinantes, con Space Oddity de fondo y posteriormente una secuencia de heist movie donde queda claro que el director ha estado jugando mucho con su oculus rift, y por ello entiende a la perfección las paradojas de la experiencia del VFX.

El mayor desacierto está en el cast. En alguna otra época tendríamos a Bruce Willis y Milla Jovovich, pero aquí no queda sino conformarnos con Dane DeHaan (quien no es precisamente el epítome del macho de acción) y Cara Delevingne (guapa, pero no precisamente buena actriz). Pero el show no son ellos, ni la trama, el espectáculo es ver a un Besson desatado y que al estar financiado de manera independiente hace básicamente lo que le venga en gana, desde poner a Rihanna a bailar pole dance (gran secuencia), hasta hacer que Clive Owen se vea como un pésimo actor.

Valerian es un buen lugar para visitar, pero no para quedarse. Besson mismo lo ha hecho mejor, con menos dinero y sin computadoras creó tiempo atrás otro mundo mucho más interesante y casi inmune al paso del tiempo, un clásico irrepetible llamado El Quinto Elemento.

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