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Ana Saldaña

Al pensar en el verano, inmediatamente recuerdo cuando de niña mi tío materno preparaba unas deliciosas hamburguesas en su asador. Para mi, no había mejor platillo para esta época del año. Todo empezaba con ir a la carnicería y pedirle  al carnicero el molido perfecto, con grasa para darle sabor. Después había que pasar a la panadería italiana para comprar los bollos. Al llegar a su casa, veía como con paciencia prendía el asador y esperábamos un rato para que estuviera el fuego en su punto. Mientras, en la cocina sazonaba la carne y preparaba las hamburguesas gorditas  para que tuvieran la cocción ideal. Tiempo después, con una cerveza en mano, mi tío preparaba las hamburguesas más deliciosas que había en todo el mundo. Todavía puedo recordar ese bocado de carne jugosa, combinado con jitomate, lechuga, mostaza y pepinillos.

Con la edad, descubrí que el mundo de las hamburguesas no se limitaban ni a las de mi tío (que todavía considero son buenísimas), ni a las que solo se elaboran con carne de res y unos cuantos condimentos. Las he probado con un sinfin de variedades de queso, con huevo, de carne de cordero, camarón o pescado, con aceite de trufa, mantequilla, tocino, chile. Las combinaciones para este platillo son ilimitadas. Cuando pruebo una hamburguesa verdaderamente deliciosa, invariablemente invoco las memorias de los veranos que pasaba jugando y disfrutando de los placeres sencillos de la vida.

Foto | Ana Saldaña

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El domingo, con ganas de recordar viejos tiempos y comerme una buena hamburguesa, decidí darle una segunda oportunidad al restaurante Market Kitchen ubicado en el Westin de Santa Fe, después que mi primera experiencia en el lugar tuvo claroscuros, como lo relaté en una entrega anterior http://www.ejecentral.com.mx/market-kitchen-rico-pero-con-promesas-falsas/.

Pensé que seguramente ahí tendrían una buena hamburguesa. Antes de lanzarme con mi esposo, revisé su página web y efectivamente en su menú había una hamburguesa con queso Brie y mayonesa de trufa.

Foto | Ana Saldaña

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Al llegar el servicio fue atento y amable. Para empezar pedimos unos espárragos al grill con aceite de oliva y ralladura de limón que estaban muy ricos. Para tomar, optamos por un Syrah 2011 Cuvee Alexandre de Lapostolle, que pensamos sería ideal para maridar con la hamburguesa. Al pedir las hamburguesas, tanto mi marido como yo le hicimos hincapié al mesero de que por favor le indicara a la cocina que para nosotros era muy importante el término del cocido de la carne, que las queríamos término medio y que si no llegaban así, las regresaríamos. Hasta con tono de broma, el mesero nos aseguro, “como dicen, bajo advertencia, no hay engaño”.

Todo iba bien, hasta que llegaron las hamburguesas. La mía tenía una cocción perfecta, pero la de mi marido estaba pasada de cocción, a tres cuartos. Por lo mismo, la regresamos. Se me hizo muy fácil, partir mi hamburguesa a la mitad y ofrecerle a mi marido una mitad para que ninguno de nosotros tuviera que esperar. En retrospectiva fue un terrible error, porque esa mitad sería lo último que comería en el restaurante esa tarde. La hamburguesa estaba rica, sin ser excepcional. La carne era bastante magra, por lo que sentí que le faltaba grasa. El Brie no le agregaba demasiado y la mayonesa de trufa, ¡ni sabía a trufa!

Llegó la tercera hamburguesa de la tarde y estaba cruda. La regresamos. Nos comentó el capitán que lo que pasaba es que luego cuando uno regresaba una hamburguesa podía ser confuso, por lo que el chef mejor la mandó menos cocida. Le indicamos que con que la prepara al término adecuado, estaría bien. Llegó una cuarta hamburguesa. Estaba todavía muy roja y hasta olía a sangre.

Se me hizo increíble que en un lugar como Market Kitchen el Chef tenga un índice de bateo del 25% en la cocción de hamburguesas. De 4 hamburguesas, solo 1 la pudo preparar conforme a especificaciones que cualquier profesional de la industria alimenticia debería conocer.

Foto | Ana Saldaña

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Al regresar la última hamburguesa decidimos que podríamos pasar toda la tarde y que no le atinarían. Era evidente que fue de pura chiripa que le atinaran al cocimiento de la hamburguesa que si pudimos comer. Por lo mismo, mejor pedimos la cuenta y nos fuimos a casa. Las sensaciones que buscaba encontrar en un platillo que para mi envuelve tantas emociones, nunca llegaron. Una vez más Market Kitchen me quedó a deber. La última vez fue una cuestión de servicio. Esta vez el servicio fue impecable, pero lo que falló fue la cocina.

Por eso este fin de semana ya decidí que prepararé unas ricas hamburguesas en casa. No solo sale más barato, sino que también estoy convencida que muchas veces comes mejor que en un restaurante. Sobre todo si como en el caso de Market Kitchen no saben preparar un platillo tan básico como una buena hamburguesa.

Espero que tengas un fabuloso día y recuerda, ¡hay que buscar el sabor de la vida!

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