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Robert Reich

Los principales medios de comunicación están atónitos ante el éxito de Trump al arrasar en los comicios de Iowa, dominar las encuestas y destruir a todos sus rivales excepto a Nikki Haley antes de las primarias del martes en New Hampshire.

La CNN está asombrada, calificando la “aplastante victoria de Trump en Iowa” de ser una “asombrosa demostración de fuerza”.

El New York Times se queda boquiabierto, hablando de una “esperada coronación de Trump” y también del “poder de su maquinaria política”.

La revista Time se maravilla de su “posición de mando” para asegurarse la nominación republicana, y de que “nada le ha frenado”.

Dan Balz, del Washington Post, escribe que “el final de la competencia real podría llegar muy pronto”.

Titular tras titular ofrece la misma historia fascinante, embelesada: “Trump está dominando”, “Disciplinado”, “Despiadado”, “Enormemente eficaz”, “Notable”.

Tierra llamando a los principales medios de comunicación: esto es una tontería peligrosa.

¿Por qué debería sorprender el dominio de Trump? Ha dominado al partido republicano desde 2016. Domina ridiculizando a sus oponentes, arremetiendo contra cualquiera que se interponga en su camino, intimidando, amedrentando y rugiendo. Los medios de comunicación se lo tragan. Es escandaloso y entretenido.

El éxito de Trump en los comicios de Iowa de la semana pasada no fue una “asombrosa demostración de fuerza”. Fue una muestra de notable debilidad. Sólo obtuvo 56 mil 260 votos. En Iowa hay 2 millones 83 mil 979 votantes registrados. Menos del 3% de los habitantes de Iowa votaron por él.

Según una encuesta de entrada, sólo el 46% de los asistentes republicanos a los comicios se consideraban parte del movimiento MAGA. Casi el 50% dijeron que no lo eran. Tres cuartas partes de estos votantes republicanos no pertenecientes a MAGA se oponían a Trump.

Más del 30% dijo que no consideraría a Trump apto para ser presidente si fuera condenado por un delito.

Su actuación en New Hampshire probablemente revelará debilidades similares.

Lo que parece haberse perdido en los medios de comunicación es que Trump fue presidente durante cuatro años. En efecto, es el presidente republicano en funciones.

Eso no es porque él diga que ganó las elecciones de 2020. Es porque, de hecho, fue presidente.

Los expresidentes tienen una gran ventaja en las primarias porque controlan el aparato de su partido. Los presidentes que han servido solo un mandato y buscan la nominación para otro siempre son renominados por su partido, como lo fue Trump en 2020, y presumiblemente lo será de nuevo en 2024.

Por supuesto, Trump será el candidato republicano. Trump era el presunto candidato del partido incluso antes de que anunciara que se presentaba de nuevo.

Lo sorprendente es que, a pesar de ello, atrajo a tantos competidores por la nominación, que recaudaron mucho dinero para sus candidaturas a las primarias. Tim Scott, Niki Haley y Ron DeSantis terminaron septiembre con un total de 26.7 millones de dólares (459 millones 520 mil pesos) disponibles para las primarias. No es poco dinero.

También es fácil olvidar que Trump comenzó su tercera candidatura a la Casa Blanca apenas unos días después de que los republicanos recibieran una paliza en las elecciones de mitad de mandato. Fueron las terceras elecciones nacionales consecutivas en las que Trump fue un lastre para su partido. En todo el país, sus candidatos elegidos a dedo, que abrazaron su gran mentira de que las elecciones de 2020 fueron robadas, perdieron carreras importantes.

El peligro de la atónita cobertura de Trump por parte de los principales medios de comunicación en este momento, haciendo un gran alboroto de su victoria en los comicios de Iowa, dominando las encuestas, expulsando a todos los rivales excepto a Haley, y ganando casi con toda seguridad las primarias de New Hampshire de hoy, es que crea la falsa impresión de que Trump es imparable, hasta las elecciones generales.

Pero nadie debe confundir la actuación de Trump en las primarias republicanas con el éxito en las elecciones presidenciales.

Cuando los estadounidenses se centren realmente en las elecciones presidenciales y en la cruda realidad de elegir entre Biden y Trump, espero que vuelvan a elegir a Biden.

Aunque Trump aún no haya sido condenado penalmente, dudo que la mayoría de los estadounidenses quieran como presidente a un hombre que tiene 91 cargos penales en su contra, que ha sido procesado dos veces, que ha orquestado un intento de golpe de estado, que se benefició económicamente cuando fue presidente, que ha robado documentos de alta confidencialidad y que ha sido juzgado como violador.

Robert Reich, exsecretario de Trabajo de Estados Unidos, es profesor de política pública en la Universidad de California, Berkeley, y autor de Saving Capitalism: For the Many, Not the Few y The Common Good. Su último libro, The System: Who Rigged It, How We Fix It, ya está a la venta. Es columnista de The Guardian US. Su boletín está en robertreich.substack.com

Traducción: Ligia M. Oliver

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