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Simón Vargas

Simón Vargas Aguilar©*

 

 Actualmente, somos testigos de cómo niños y adolescentes pueden cometer delitos tan graves como una violación o terribles como un asesinato con grandes dosis de violencia.

 

En menos de un mes, la nota roja de la prensa mexicana nos ha relatado  terribles historias en donde adolescentes e incluso niños han cometido hechos delictivos, pero por razones de espacio me referiré solo a cuatro de ellos: “ꞌJuegan’ niños a plagiar; matan a menor”, 16 de mayo http://bit.ly/1J3oDVl; “Adolescentes de 16 y 17 años matan a una menor de 13 años por venganza”, 25 de mayo ; “Matan adolescentes a niñas en Chalco”, 5 de junio; “Alumnos de primaria ꞌjugabanꞌ a la violación”, 11 de junio.

¿Este tipo de noticias se están “normalizando”? ¿Por qué los jóvenes están cometiendo crímenes tan violentos? ¿Cuál es el fututo de estos adolescentes? ¿Qué está haciendo el Estado para educarlos, formarlos y eventualmente rehabilitarlos?

Desde que comenzó la guerra en contra de las drogas en 2006, la violencia en México alcanzó altos índices de barbarie y bestialidad: se volvió común leer diariamente en la prensa sobre crímenes, secuestros, extorsiones y asesinatos; se inventaron nuevos significados para palabras como encobijado, levantado, encajuelado, ejecutado, enfierrado, etc.; los lugartenientes, capos, sicarios, narcoprofesionistas, narcoempresarios se fueron convirtiendo en el estereotipo a seguir.

En las redes sociales estas noticias se han venido difundiendo como pólvora ante la incredulidad mezclada con terror que provocan en la ciudadanía, en los comentarios podemos observar la afirmación de que estos sucesos son una consecuencia casi natural de la inseguridad y violencia que coexisten en México, sobre todo de esta última. Porque México se ha estado convirtiendo en un país violento e inseguro.

Inseguro: porque estamos expuestos a muchos tipos de riesgos y amenazas, porque hay un alto índice de criminalidad, porque a veces la situación nos rebasa y nos volvemos muy vulnerables, porque podemos ser víctimas y ver afectado nuestro patrimonio e integridad, entre otras cuestiones.

Violento: porque muchos crímenes son extremadamente violentos, ya que es difícil comparar un homicidio simple a una ejecución con armamento de alto calibre de uso exclusivo de las fuerzas armadas, y en ocasiones de grupos de elite de ejércitos de otros países o inclusive hasta con explosivos, porque a veces la violencia es tan alta que nos arrebata la posibilidad de acceder a la justicia porque el miedo nos revictimiza, porque afecta a toda la sociedad y al Estado, la violencia se multiplica…

La madre de la niña de siete años que fue lastimada por sus compañeros de segundo grado de primaria, cuando ‘jugaban’ a la violación dijo en una entrevista ante los medios: “los niños se justificaron que jugaban a la violación con mi hija, que por que era la más bonita del salón; en Chihuahua unos niños jugaron al secuestro y mataron a uno”.

Actualmente, somos testigos de cómo niños y adolescentes pueden cometer delitos tan graves como una violación o terribles como un asesinato con grandes dosis de violencia, bajo el pretexto de que estaban jugando o que no sabían lo que hacían. Si son menores de 14 años, de acuerdo con las leyes mexicanas son inimputables y si tienen de 15 a 16 años, su pena máxima no podrá rebasar los 10 años.

Al salir de los centros de reclusión, ¿Cuál es el destino de estos niños y jóvenes que han cometido delitos graves?

Probablemente ser criminales, porque estos grupos son los que los captan, atienden, recogen, aceptan, no la familia, no el Estado o  no la sociedad, así lo documenta ampliamente el estudio “Adolescentes en conflicto con la ley”, realizado por Elena Azaola, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS).

“Los jóvenes en conflicto con la ley están inmersos en un círculo vicioso: la estructura de prevención y de readaptación social es frágil e igualmente violenta, y los chicos pueden salir peor de como entraron, aun cuando su intención sea cambiar”, asegura la especialista.

La investigación que fue solicitada por la Secretaría de Gobernación, se realizó en 2014 mediante la ejecución de 278 entrevistas con jóvenes de entre 14 y 18 años de edad recluidos en Centros para adolescentes en conflicto con la ley ubicados en Morelos, Hidalgo, Coahuila y Sinaloa.

A modo de conclusión Azaola señaló que el sistema de justicia mexicano para adolescentes tiene frente a sí un enorme reto para  reincorporarlos  como  ciudadanos  competentes,  autónomos  y respetuosos de la ley; desafortunadamente, las más de las veces carece de los elementos para alcanzar tales metas.

Como sociedad ha llegado el momento de reconocer que estas noticias son el resultado del abandono hacia la niñez y adolescencia en nuestro país, que además de que  nos alarmen y angustien, seamos capaces de actuar en consecuencia de acuerdo a nuestros medios y posibilidades. Crear conciencia entre nuestros niños y jóvenes es una excelente forma de colaborar. Por ello urge reformar el modelo educativo; valores, principios, ética y civismo, deben ser parte estructural para la educación y formación de ciudadanos responsables, y respetuosos de la ley.

 

 

*Analista en temas de Seguridad, Educación y Justicia

simon@inprincipioeratverbum.com.mx

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Linkedin: simón-vargas-aguilar

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