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Ana Saldaña

En lo personal si algo no tolero es la gandallez. Cuando estoy formada en una fila y alguien trata de meterse, soy la primera en levantar la voz. Normalmente solo toma una persona que diga algo para que los demás en la fila también se unan y pongan en su lugar a la persona que busca aprovecharse de algún despistado y no esperar su turno. Me ha pasado en todo tipo de colas, desde oficinas gubernamentales, centros comerciales, aerolíneas, estacionamientos, pero nunca me hubiese imaginado que esto también me pasaría en un restaurante.

El sábado pasado decidí ir a comer con mi esposo a la zona de Polanquito y acabamos en un agradable restaurante griego llamado Estiatorio Mythos. Probablemente recordarás que hace tiempo hice una reseña del mismo lugar justo una semana antes de que lo cerraran por problemas con los vecinos y de licencias. Estaba feliz de que habían reabierto el restaurante. Mi marido no lo conocía y se me hizo el plan perfecto para desconectarnos, charlar y pasar una rica tarde de sábado.

Foto | Ana Saldaña

Foto | Ana Saldaña

Llegamos y nos sentamos en una pequeña mesa al interior del restaurante para tener un poco más de privacidad. Pedimos una entrada surtida con pan pita hecho en casa y una botella de vino blanco para acompañar los platillos. Todo estaba fluyendo deliciosamente y tanto el mesero, como el capitán estaban atentos de nosotros. A media botana, pedimos otra orden de pan pita. Ahí, empezó la espera. Más de 15 minutos para que llegara una nueva orden de pan y como te imaginarás ya hasta la entrada nos habíamos terminado. Al preguntarle al mesero sobre la tardanza, nos dijo que lo que pasaba es que el pan estaba congelado, por lo que no se podía servir rápido. Sin duda, algo que como comensales hubiésemos agradecido que nos hubieran dicho en lugar de hacernos esperar, pero bueno, continuamos nuestra charla sin darle importancia.

Sin embargo, pasaban los minutos y aumentaba nuestra impaciencia. No solo era la espera del pan, sino también se sumaba la espera de nuestros platillos principales: un huachinango entero a las brasas y unos pulpos con la receta de la casa. Pasó y pasó el tiempo. Llegamos al lugar a las 13:45 y eran las 14:30 y todavía no habían llegado nuestros platos principales. Después una joven pareja llegó con dos pequeños niños, se sentaron a un costado de nosotros y pidieron. Al poco tiempo vi que llegó a su mesa justo un huachinango y unos pulpos a las brasas. Me pareció sospechoso que los mismos platillos que habíamos pedido y estábamos esperando estuvieran en la mesa contigua de los comensales que habían llegado después. Sin querer queriendo, no podíamos evitar escuchar a la pareja comentando lo bueno que estaba el pescado. No aguanté y le pregunté al capitán si ellos estaban comiendo nuestros platos. Su respuesta fue increíble. Me dijo que si. Me comentó que justo habían cambiando de proveedor y que el dueño había querido probar el pescado antes de servírselo a los comensales.  Le comentamos al capitán que eso era inaceptable. Nada más se encogió de hombros y se fue. Después llegó solo con los pulpos y dijo que podíamos compartir, aunque cada quien había pedido lo que se le había antojado. Ya con hambre me dijo mi marido que comenzara a comer mientras el esperaba su pescado. Los pulpos estaban quemados y súper amargos, por lo que los regresé a la cocina. Ni siquiera hubo una disculpa, nada. Comentándolo, nos dimos cuenta de la poca importancia que tiene el cliente en este lugar. Ya molestos caímos en cuenta que aún esperando la comida no pasaríamos un buen momento en este restaurante, por lo que decidimos pedir la cuenta aunque todavía teníamos una botella de vino a medio tomar y estábamos muertos de hambre ya que técnicamente solo habíamos comido la botana. Era una escena triste,  llegamos felices y relajados y salimos frustrados, enojados y con hambre.

Foto | Ana Saldaña

Foto | Ana Saldaña

A la salida, mi marido se presentó con el dueño al que le habían servido nuestra  comida. Sorprendidos, la joven pareja se disculpó y nos invitaron a sentarnos con ellos o llevarnos un pescado a casa, cosa que me pareció muy extraño ya que llevaba más de media hora queriéndomelo comer en el restaurante, pero bueno. También después vía Twitter me contactó el restaurante y me invitaron a regresar. Adicionalmente una amiga del dueño, me contactó vía Twitter y me comentó que el dueño, Dennis, es alguien que defiende las causas justas y que en Mythos no se hacen distingos ni se privilegia a nadie y que les preocupaba que no me haya sentido atendida y que fue un mal entendido. Sin duda, mi gran pregunta es ¿cómo puede haber un mal entendido si el capitán aceptó que le había servido mi comida al dueño? Esto no fue un problema de percepción o de exigencia por parte del comensal, lo que pasó aquí fue simple y llanamente un acto de gandallez. No se si fue originada por parte del capitán o del dueño, pero como comensal, la distinción es irrelevante. El restaurante se debe a los comensales y cualquier restaurantero profesional estará de acuerdo conmigo: el comensal siempre va primero.

Así, quisiera reiterarte querido lector, que para mi es muy importante que mis reseñas reflejen la realidad comentando una experiencia como la que podría tener cualquier comensal. Agradezco el esfuerzo del restaurante de invitarme para cambiar mi percepción del lugar, pero también entiendo que si uno va invitado luego las cosas salen perfectas porque el Chef está cuidando todos los detalles y no es una experiencia común y corriente. No quiero, ni busco privilegios o cortesías. Siempre pago mi cuenta y si en algún momento me invita alguien escribo las reseñas cuando considero que podría ser del interés de mis lectores. Así, a través de mis artículos espero poner mi granito de arena para que los restaurantes que hacen bien su trabajo sean reconocidos y los que no lo hacen, también. Sin duda agradezco el gesto del restaurante de contactarme para “reponer” mi mala experiencia. Sin embargo, como entenderás ya ni ganas me quedaron de regresar. Aun días después, me parece increíble que esto haya pasado.

Espero que tengas una buena semana y recuerda, ¡hay que buscar el sabor de la vida!

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Estiatorio Mythos

Newton 7-3

Polanco

Tel. 5282-1323

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