Su decreto fue “un abuso de poder regulatorio” y “contravino el espíritu” de un estatuto de desarme de 2003, según una copia de los documentos de la corte
La polémica es el sello que ha acompañado desde su candidatura a la Presidencia al jefe del Ejecutivo de Brasil, pero ahora, su estilo de trabajo sólo le atrajo una caída en su popularidad