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Juan Pablo de Leo

Este martes los estadounidenses dieron su veredicto al gobierno de Donald Trump. ¿El resultado? Los demócratas recuperan el control de la Cámara de Representantes y arrebatan siete gubernaturas a sus rivales, mientras que los republicanos resisten el fuerte embate y se quedan con el Senado.

A pesar de la victoria del Partido Demócrata, la actual administración no recibió el golpe letal que algunos vaticinaban, 05JP aunque sí vera menguado su poder de decisión en lo que resta del mandato de Trump.

El hecho de que la Cámara baja haya sido reconquistada por el bando demócrata pone a temblar varias de las iniciativas de Trump, por ejemplo, la construcción del muro fronterizo o la erradicación de la reforma sanitaria impuesta por Barack Obama.

Victorias estatales. En las recientes elecciones intermedias, el Partido Republicano logró llevarse 26 gubernaturas, mientras que los demócratas consiguieron 23 en toda la Unión Americana.

Hasta ahora, el presidente estadounidense había gobernado con total tranquilidad, pues sabía que tenía el respaldo de las cámaras para cualquiera de sus decisiones.

›Hoy, castigado por el electorado tras dos años de mal desempeño, sus rivales políticos podrán bloquear aprobaciones de leyes, al tiempo que buscarán impulsar su agenda legislativa. Sin embargo, tampoco será fácil para el ala demócrata, pues deberá sortear la facción republicana en el Senado.

¿Qué implica este choque de fuerzas en el gobierno? Analistas señalan que lo más probable es que el Congreso  no apruebe ninguna legislación importante en los próximos dos años, pues ambos bandos bloquearán sus respectivas iniciativas. Esto puede provocar que exista otro cierre de gobierno, en caso de que los legisladores no lleguen a acuerdos, lo cual resulta más que lógico en el escenario actual.

Ahora bien, no todo será toma y daca, pues existen varias legislaciones que el lado demócrata puede hacer realidad a la brevedad. Entre ellas, se encuentra una reforma al financiamiento de campañas electorales, control de armas, ayuda a jóvenes migrantes, Medicare para todos, y sobre todo, abrir investigaciones contra miembros del gabinete de Trump acusados de malversación de fondos y corrupción.

Los resultados de las elecciones nos dejan ver un país polarizado y enfrentado en sus intereses. Con esto, la llamada “ola azul” (referencia a los colores que identifican la causa demócrata) se refuerza en lo que resta del mandato trumpista, mientras se anotó victorias en distritos donde no eran favoritos como Nueva York, Texas, Illinois y Virginia.

Quizá impulsadas por el pensamiento progresista de los demócratas, las mujeres lograron una jornada histórica, pues el Capitolio tendrá el mayor número de representantes femeninas a lo largo de su existencia, con más de 100 en las curules.

También se dio la victoria del primer gobernador abiertamente homosexual del país, Jared Polis, quien se quedó con el mando de Colorado. Cabe resaltar el poder de otras minorías raciales, como la representación que tendrán los hispanos en Texas, la aparición de las primeras congresistas afroamericanas, y la victoria de Rashida Tlaib en Michigan, pues significa la llegada de la primera mujer musulmana al Congreso.

Concluida la jornada, ambos bandos hablaron de victoria, sin embargo, habrá que tener calma ante el diagnóstico que nos puedan dar estas elecciones, sobre todo de cara al 2020.

Históricamente, el sufragio intermedio sirve como “termómetro” de la política estadounidense. Es común que el presidente en turno pierda escaños en este ejercicio democrático, sin embargo, la jornada resultó más especial por el accionar de Trump y la imagen pública que presenta. El presidente llegó a esta cita electoral con una aprobación de 40%, bastante baja si se le considera uno de los mandatarios con mayor expansión económica prolongada en la historia (quizá porque la mayoría de los votantes sabe que el éxito no es obra de Trump, sino de las acciones económicas de gobiernos previos).

La reprobación podría venir del tema migratorio, el cual ha mostrado una vez más el rostro más racista de la Casa Blanca, sobre todo cuando se toca el asunto de la Caravana Migrante. Algo es claro hoy: Estados Unidos vive uno de los mayores momentos de polarización política y social de los que se tenga memoria.

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