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Juan Pablo de Leo

Hasta hace unas semanas, la posibilidad de que el Congreso estadounidense regresara a manos de los demócratas era una posibilidad real. Tanto en el Congreso como en el Senado, el partido opositor construía una estrategia que intentaba detener la agenda de Donald Trump, mientras lograban avances. Sin embargo, la semana pasada fue un claro indicativo del momento político que se vive en Estados Unidos, donde la palabra win (ganar) se ha convertido en sinónimo con Trump.

› Sólo en una semana, Trump logró dar la vuelta a dos temas que habían sido principales promesas de campaña y que dos años después se mantenían en duda respecto a su destino. Por una parte, la comunicación política estadounidense ha terminado con el Tratado de Libre Comercio. Sin importar si es una negociación, un acuerdo completamente nuevo o el mismo con algunas modificaciones, el spin mediático que le ha dado la Casa Blanca es un cumplimiento de promesa.

Tal y como lo dijo durante la campaña, Trump se mantiene en la insistencia de que el nuevo TLCAN es una victoria para su base electoral, pues acabó con los abusos que el acuerdo generaba a la economía estadounidense con el déficit. En sus últimos encuentros de campaña, previo a la elección intermedia de noviembre, Trump insiste en su victoria ahora que, según él, ni Canadá ni México abusan de su economía. Más allá de las precisiones, un evento que arrancó una semana de victorias políticas que posicionan a Trump de buena manera para enfrentar las intermedias.

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Trump está en una racha ganadora, y después de sus últimas victorias ahora se le asegura un legado muy solicitado. Por otra parte y más allá de la victoria comercial con el acuerdo trilateral, la confirmación del juez conservador Brett Kavanaugh a la Corte Suprema de Estados Unidos en el Senado ha respaldado la afirmación del Trump, una vez aparentemente extravagante, de “ganar y ganar y ganar “durante la campaña electoral de 2016.

Apenas hace unos días, líderes mundiales se burlaron de él después de afirmar audazmente que su administración había logrado más que cualquier otra administración en la historia. Ahora ha logrado algo que muchos consideraban imposible: confirmó a dos jueces conservadores ante el Tribunal Supremo y se aseguró una mayoría de derecha en el tribunal durante al menos una generación.

Se espera que la Corte Suprema decida sobre una serie de temas que van desde el aborto hasta la inmigración y los derechos de voto en los próximos años. El astuto líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell, fue la fuerza impulsora del éxito. Dirigió los esfuerzos para impedir que el expresidente Barack Obama confirmara al candidato a la Corte Suprema de Estados Unidos, de tendencia izquierdista, después de la muerte, en febrero de 2016, de Antonin Scalia, juez asociado.

Independientemente de la ayuda recibida, Trump se jugó por completo el capital político ante la estrategia de los demócratas de intentar detener el mayor tiempo posible la confirmación de Kavanaugh a través de protestas, medios de comunicación y las propias estrategias legislativas que le hubieran permitido al partido llevar la nominación hasta después de las intermedias.

Y no sólo es el Tribunal Supremo donde Trump ha estado ganando, pues la economía, que según ha afirmado, se ha visto impulsada por agresivos recortes de impuestos y a la regulación, está en su mejor forma. El viernes, CNN reportó los mejores datos de empleo durante 49 años, ya que la tasa de desempleo bajó a 3.7 por ciento. En un reciente mitin de campaña, Trump se jactó de ser responsable de que la economía despegará como un cohete, aunque sea un efecto temporal.

Trump ha transformado radicalmente la política nacional y exterior de Estados Unidos y, con la confirmación de dos de sus elecciones para la Corte Suprema y ese legado ahora promete durar más tiempo que su presidencia. Además de afianzar una mayoría conservadora en el tribunal superior, ha reducido los impuestos, borró décadas de regulaciones; se retiró del acuerdo nuclear con Irán y de la Asociación Transpacífica, reprimió la inmigración legal e ilegal. Y también indujo a México y Canadá a actualizar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

La gran pregunta es si con las elecciones intermedias que se avecinan, esos puntos a favor se traducirán en victorias o pérdidas de campaña. ¿El uso de Trump de las palancas de su poder ejecutivo, político e internacional le hará ganar un respaldo o una reprimenda de los votantes en estados con elecciones competitivas en el Senado y en elecciones de la Cámara? ¿o será más bien que la ola azul y femenil empoderada para el periodo de intermedias se cruce en el camino de Trump y pese a las victorias con su base electoral, se quede corto y sin control legislativo?

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