Oscar Moha

En México hay una gran diversidad de Asociaciones Religiosas autollamadas “cristianas”. Cada una de ellas, incluyendo la Católica, tiene su muy particular interpretación sobre el papel que deben jugar las mujeres dentro y fuera de la Iglesia, y todas dicen basarse en La Biblia para administrarles derechos y prohibiciones, unilateralmente bajo la “interpretación” de los varones, que son quienes hacen sus reglamentos internos, o sea las reglas del juego.

Dentro de estos usos y costumbres hay de todo: desde aquellas que “otorgan” a las mujeres casi el mismo nivel social, familiar, intelectual e incluso espiritual que el hombre, hasta aquellas donde las damas deben permanecer calladas dentro del templo, sujetas siempre a su esposo quien debe decidir todo en todos los aspectos y las solteras no deben usar ropas que inciten a “bajas pasiones”, sobre todo las del pastor o del sacerdote.

La Iglesia Nacional Presbiteriana y la Católica son las únicas donde está prohibido que las mujeres lleguen a ser Ministros de Culto. Algunas ramificaciones de la primera ya han “autorizado” que ellas puedan dirigir a una congregación. En el 2014, la Presbiteriana excomulgó a Cira Hernández Gutiérrez, quien fue consagrada en Chiapas como pastora, pero la jerarquía evangélica de esa Asociación Religiosa sancionó a laicos y religiosos que encabezaron la ceremonia de consagración.

Otras congregaciones de corte evangélico, como los Centros de Fe y el Movimiento Pentecostés Independiente son escrupulosos para darle participación a las damas en sus espacios: les exigen llevar faldas largas y de preferencia no utilizar maquillaje; las solteras no pueden entablar una relación amistosa con hombres casados y sólo pueden hablar con ellos si está presente la esposa; el divorcio está fuera del catálogo de posibilidades, incluso si el marido es violento, adúltero o tiene adicciones; las esposas, si trabajan, no deben ganar más que su cónyuge, ya que sería visto como signo de inferioridad, minimizando su virilidad.

Hasta hoy, sólo las Iglesias Metodista de México y Católica se han pronunciado oficialmente en contra de los feminicidios. Las demás es seguro que no lo harán. Los evangélicos perdieron desde hace décadas la visión social que en un principio tuvieron en México. Y pese a que mujeres evangélicas han sido ultrajadas, abusadas, acosadas y asesinadas –la última fue Marbella Valdez Villareal, estudiante de la Universidad de Baja California, muerta la semana pasada–, la minimización que han sufrido desde hace siglos está sellada con versículos bíblicos mal entendidos y aplicados, como el del apóstol Pablo cuando señala que “las mujeres callen en las congregaciones, no les es permitido hablar, sino que deben estar sujetas…”.

No es común que los Ministros de Culto se unan para exigir al Gobierno que cumpla con el deber de proteger a la población. La sumisión que los ha caracterizado desde regímenes como el de Gustavo Díaz Ordaz les ha quedado como herencia y hoy la adoptan como si fuera el onceavo mandamiento. Unas modestas marchas en contra de los matrimonios igualitarios, la legalización del aborto y la adopción de parejas homosexuales sacó a las calles a unos pocos en días pasados, pero no para protestar en contra de leyes y derechos, sino a favor de sus creencias religiosas, sin importar que se nieguen garantías constitucionales, que deberían procurar para todos los mexicanos.

El paro nacional al que están convocando colectivos para el próximo 9 de marzo pasará desapercibido en los templos evangélicos (hay más de 70 mil en el país). Quizá si se realizara un domingo –día de reunión tradicional en todos los recintos cristianos– y si los Ministros de Culto apoyaran tal iniciativa como forma de protesta en contra de la pasividad con que el actual régimen combate los feminicidios, la violencia y el crimen, los mismos pastores y sacerdotes se darían cuenta de que su congregación está compuesta por más de la mitad de personas que también ayudan, limpian, cuidan niños, enseñan, cantan… y diezman (ofrendan en especie y en efectivo) para el sostenimiento de la Iglesia y los que en ella despachan, que en más del 90% de las Asociaciones Religiosas son hombres.

PALABRA DE HONOR: Por cierto, a la Secretaría de Turismo y Cultura del Gobierno de Veracruz se le ocurrió invitar a su ciclo de conferencias “Mujeres retornando al diseño” a la “evangelista” Juanita Utrega Ortega, quien dijo en su intervención que las mujeres deben estar “posicionadas, pero no empoderadas” y que la mayoría de las veces son violadas por cometer errores como “salir de sus casas a deshoras, a lugares inapropiados” y por “ponerse ropa inadecuada”. El Gobierno estatal tuvo que desmarcarse en un comunicado oficial donde expresó que lo expuesto por la conferencista “no representa los valores, visión ni postura de esta administración”. Pena ajena…

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