Oscar Moha

Desde la óptica obradorista, las Asociaciones Religiosas (9 mil 558 registradas hasta hoy en México) se consideran más como posibles aliadas políticas que como un conjunto de ciudadanos con ganas de orar que causaron la indiferencia que caracterizó a anteriores administraciones priístas y panistas. Claro, a excepción de la Iglesia Católica que siempre figuró como un poder —en toda la extensión de la palabra— desde La Conquista hasta la llegada de esta administración que pretende globalizar a las Iglesias en un coro que entone loas terrenales dentro y fuera del Palacio Nacional.

A más de un año de que fue modificado el Reglamento Interior de la Secretaría de Gobernación para crear la “Unidad de Asuntos Religiosos, Prevención y la Reconstrucción del Tejido Social”, se dio a conocer la “Estrategia Nacional para la Promoción del Respeto y la Tolerancia a la Diversidad Religiosa” con la que se pretende “conocer y valorar la diversidad (espiritual), atender sus retos y contribuir a la paz” y por ello el fomento al diálogo interreligioso que ha interpuesto esta administración.

La estrategia no es muy visible, pero comenzaría por desactivar el poderío del alto clero con el método que caracteriza la actividad presidencial contra sus adversarios: de arriba abajo (como la limpieza de las escaleras). La primera fase consistiría en enemistar al Papa Francisco con los obispos mexicanos. López Obrador dijo el pasado 8 de octubre que los jerarcas de aquí no han criticado al neoliberalismo como lo ha hecho su líder en la más reciente de sus encíclicas. Dos días después, Beatriz Gutiérrez Müller, entregó una carta al Jefe del Estado Vaticano en la que su esposo exhorta a la Iglesia Católica para que ofrezca una disculpa a los pueblos indígenas por las atrocidades, saqueo y sometimiento en el periodo de La Conquista.

Por cierto, esta “exhortación” fue aplaudida por líderes y Ministros de Culto evangélicos que ven en la Iglesia Católica al enemigo a vencer, no sólo en el ámbito espiritual, sino cultural, social y político.

Es decir, mientras Gobernación ofrece ser convocante para que las diversas expresiones religiosas reflexionen en que lo más importante es pacificar a la sociedad a través del diálogo religioso, el Presidente de la Nación, quien se dice “juarista”, “cristiano” y el “más atacado en los medios después de Francisco I. Madero» advierte a los jefes de la Iglesia Católica que su hegemonía se desvanece en este país que ha cambiado desde la aparición de las Leyes de Reforma y que la membresía romana puede caer de manera acelerada al exponer a sus líderes ante la opinión pública por ser testigos mudos de la intolerancia y corrupción pre y pos calderonista, como se redacta entre líneas la “Estrategia Nacional para la Promoción del Respeto y la Tolerancia a la Diversidad Religiosa”, documento que además da fe del trabajo que llevan a cabo las Iglesias en temas como migración, educación, equidad de género, Estado Laico y otros, por lo que otras dependencias federales han invitado a funcionarios de Asuntos Religiosos a participar en mesas de trabajo para externar sus puntos de vista e incrustar en sus proyectos la labor de las comunidades de fe.

En resumen, la Estrategia es convocar a las Iglesias a un trabajo conjunto, donde los líderes que nunca han tenido una tribuna pública o gubernamental, expresen sus propuestas y canalizarlas a las instancias donde puedan materializar objetivos. Desde ahí, hacer más fácil un acarreo político dirigido a los fines de la 4T. Bueno, es teoría personal que bien podría ser contabilizada dentro de los análisis que elabora la empresa Intélite para la Presidencia de la República.

PALABRA DE HONOR: La resurrección de partidos políticos en esta nueva etapa electoral, que de manera condicionada apoyarán a candidatos de Morena, es ejemplo claro de que el dinero con que se financian debe ser auditado y sus líderes enjuiciados… aunque sea por “lavado de dinero”.

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