Oscar Moha

Gran parte de mexicanos que viven en el Estado de Chiapas no quieren vacunarse contra el COVID-19. Otros están alentando a sus vecinos, parientes, feligreses y amigos a que no lo hagan, por diferentes factores, uno de ellos el religioso, sobre todo en comunidades indígenas evangélicas pentecostales y carismáticas. Sus argumentos son variados: desde las versiones apocalípticas, hasta la creencia de que Dios castigará “a los que no son sus hijos” con o sin pandemia. 

Pese a que han fallecido una veintena de pastores, y cientos de cristianos evangélicos de coronavirus en todos los municipios de esa entidad, Ministros de Culto de corrientes fundamentalistas dejan al albedrío la decisión de inocularse, pero sus recomendaciones abiertamente están enfocadas a la negativa de prevenir los contagios, por la interpretación bíblica de que estamos en “los tiempos finales” y a la supuesta colocación de un chip que controlará sexualidad y moral de quien se deje inyectar.  

Los grupos de más alto riesgo (diabéticos, personas enfermas del corazón y gente de la tercera edad) en municipios de Los Altos como Huixtán, San Juan Chamula, San Cristóbal de las Casas, Teopisca y Zinacantán han rehusado vacunarse hasta en un 80%. Aunque no todos tienen el mismo argumento, pastores indígenas dicen que “La Biblia no habla de vacunas”, por el contrario, “a través de una jeringa pueden inyectar sustancias contrarias a la voluntad de Dios”. 

El pastor José Cano Gómez, que atiende comunidades de fe en Mitontic y Oxchuc, sostiene que “Dios mismo ha hablado a un grupo de hermanos (Ministros de Culto de Iglesias pentecostales y carismáticas) para decirnos que eso de la vacuna es contrario a su palabra… hemos sabido de varios pastores que fallecieron, pero porque su fe no estaba firme, Dios está limpiando a su Iglesia”, comenta. 

Por su parte, Víctor López Santís (a quien sus fieles llaman “apóstol”), que da cobertura a congregaciones en Ococingo, Comitán y Tapachula, ha estado alentando a sus seguidores a no permitir que ellos o sus familiares se dejen vacunar, ya que “nos quieren imponer una manera para sobrevivir que es diabólica para hacernos dependientes de un solo hombre a todos en este mundo. Creemos que cada hombre y cada mujer son libres para vacunarse, pero estamos previniendo a nuestras congregaciones para que no sean engañados”, advierte.  

De poco ha servido el llamado que hizo desde marzo pasado el arzobispo de la Arquidiócesis de Tuxtla, Fabio Martínez Castilla para “proteger la salud personal y de nuestro prójimo, ayudando así al cuidado de la creación”, invitando a la población en general a inmunizarse. Y es que también comunidades católicas han destendido el llamado de sus líderes. Las excusas son un poco distintas, pero con el mismo tinte de infodemia: la introducción de sustancias nocivas para el organismo; el dominio de líderes económicamente poderosos para controlar al mundo; el engaño político-sanitario del gobierno de la 4-T para hacer mal uso de los recursos… en fin.  

Chiapas tiene aproximadamente 5.5 millones de habitantes y un poco más de la mitad de ellos viven en zonas rurales donde conviven indígenas tzotziles, tzeltales, zoques, tojolabales, mames y lacandones mayormente. Es la entidad que más cuenta con población evangélica en el país, al menos mil 300 Ministros de Culto evangélicos asisten a unos 2 millones de congregantes, mayormente en zonas indígenas, incluso en territorio zapatista. 

Según datos del último censo, en Chiapas existe un promedio de escolaridad de segundo grado de secundaria: de cada 100 habitantes, 14 saben leer ni escribir; apenas 55 terminaron la primaria y 13 concluyeron una carrera. Poco más de la mitad de los chiapanecos se declaran católicos; 32.4% se declaran evangélicos y sin religión un 12.5%. O sea, la educación sería otro factor para la no vacunación, pero la infodemia religiosa está ganando espacios aprovechando el analfabetismo que podría provocar contagios masivos. 

PALABRA DE HONOR: La secretaría de Trabajo, Luisa María Alcalde Luján, fue captada en una fotografía -publicada en el diario La Jornada- viendo en su celular “ropa y moda”. Su reacción en redes fue “no es ético publicar fotografías que violan la privacidad de las personas… Espero que el acoso termine”. O la prensa sigue incomodando a los círculos de poder, o la vanidad femenina trasciende sexenios.  

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