Oscar Moha

El éxodo de ciudadanos sudamericanos, que obligatoriamente pasarán por México, y que pretenden llegar a la tierra prometida, detonó en un conflicto al que nuestro país no está acostumbrado. Sobre todo por esa política neoconservadora a la que han acostumbrado Donald Trump y sus mensajes en redes al aprendiz de Canciller Luis Videgaray Caso.

La mayor parte de los hispanohablantes procedentes de Bolivia, Honduras, El Salvador, Guatemala, Panamá, Venezuela, huyen de regímenes autoritarios, peores que México, donde las desapariciones forzadas, asesinatos políticos, espionaje de activistas, encarcelamiento de periodistas están más que institucionalizadas.

Sin embargo, hay un filtro natural y otro oficial: el primero lo marcan las condiciones de cada individuo, familia o grupo que desea llegar a como dé lugar a la Unión Americana. Condiciones físicas y climatológicas han diezmado a los migrantes en su paso por México y se van quedando en camino. Otros se regresan o encuentran algún modo de vida aquí, solicitando ayuda humanitaria.

El otro filtro lo marcan las autoridades. Piden pasaportes, que es un requisito para ingresar al territorio y quien no cuenta con él lo regresan por la vía más pacífica que se pueda encontrar.

Existe un tercer filtro virtual: el de Donald Trump. Desde su red social favorita puede hacer que Luis Videgaray organice una conferencia de prensa para desmentir que el Presidente de Estados Unidos dicte órdenes a las autoridades mexicanas para deportar a los migrantes.

El Gobierno de México ha desperdiciado la red de organismos humanitarios y de Iglesias que tienen estructurada la ayuda a migrantes a nivel continental. Por ejemplo, la Iglesia Metodista desde su sede en Argentina hasta Canadá suministra información de calidad a sus pares en Estados Unidos. Información que va desde el número de migrantes, incluyendo niños, adultos mayores, discapacitados, mujeres embarazadas, hasta quienes tienen cuentas pendientes con la autoridad en cada región de Centro y Sudamérica.

El programa de acompañamiento para quienes huyen de su país por diversas causas es monitoreado por personal de base especializado en ayuda humanitaria también en el Ejército de Salvación (Salvation Army), organismo mundial con delegación también aquí que apoya mediante brigadas médicas fraternales, alimento y hospedaje a migrantes y sus familias. El Ejército de Salvación está reconocido mundialmente como un refugio a la altura de una sede diplomática. Protocolariamente las personas que ingresan a sus albergues no pueden ser detenidas por autoridades migratorias.

Las congregaciones Metodistas latinas en Chile, Argentina, Honduras, Guatemala y México tienen mapeado el Continente con lugares específicos donde los migrantes pueden tener acceso a redes sociales para comunicarse con sus familias en los países que dejan, además de servicios médicos y consulares, casas de refugio, templos y hospitales que les brinda servicio humanitario.

El año pasado, durante el “Foro Mundial de Desarrollo” celebrado en Alemania, la Iglesia Metodista de Argentina denunció que actos como el ocurrido en San Fernando, Tamaulipas, en agosto del 2010, donde 72 migrantes fueron asesinados por el crimen organizado y que fue “solapado” por autoridades gubernamentales, son los que hacen migrar a Estados Unidos y Canadá a mexicanos que viven en extrema pobreza, o que son perseguidos por denunciar actos de corrupción.

Desde Estados Unidos, la United Methodist Church (Iglesia Metodista Unida), a través de su área de Ministerios Hispanos, ayudan a los migrantes de otras naciones, proveyéndoles de servicios de salud, y capacitándolos para servir en comunidades donde hay asentamientos de indocumentados, contraviniendo la política migratoria del Presidente Donald Trump, quien se hace rodear de pastores evangélicos yunquistas para tomarse un video cuando oran pidiendo a Dios que triunfe el Partido Republicano al que representan.

Las Iglesias Metodista y Presbiteriana en EU son fuerzas importantes por su trabajo social y educativo. En México no les hace caso ni Gobernación. Por cierto, en la Unión Americana algunos de los miembros de estas Iglesias que son congresistas reclamaron en una carta enviada a la entonces Procuradora mexicana Areli Gómez González, en agosto del 2016, la impunidad en los casos de intolerancia religiosa ocurridos en Nayarit, Puebla, Hidalgo, Chiapas, Guerrero y Oaxaca en este sexenio, pero ni los tomaron en cuenta. Pero esa es otra historia de impunidad.

La próxima semana llegara la caravana de migrantes a la Ciudad de México. Las autoridades locales pretenden que todos lleguen a ocupar un mismo espacio, quizá la plancha del Zócalo capitalino, donde se podrán abastecer de alimentos y otros enseres donados por la misma población.

Uno de los puntos más hostiles que habrán de vivir será en la frontera norte donde más de 7 mil efectivos militares y de la Fuerza Civil los estarán esperando en California, Arizona y Texas del lado norteamericano. Aquí, las autoridades federales continuarán con sus filtros para reducir al máximo el número de indocumentados que quieren ingresar a la Unión Americana y al mismo tiempo reducir el número de twitts del señor Trump donde ordene al gabinete peñista a pagar la construcción de un muro, lo que sale caro a la Cancillería de Videgaray.

PALABRA DE HONOR: Y siguiendo con historias de nepotismo, la Presidenta del Tribunal de Justicia Administrativa de la CDMX, Yasmin Esquivel Mossa quiere ser Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y también anhela ese cargo María Paula García Villegas Sánchez Cordero. La primera es esposa del empresario José María Riobóo, amigo de Andrés Manuel López Obrador. La segunda es hija de la hoy senadora y casi Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero. Hay quien suma a Leticia Bonifaz Alfonzo, lo malo es que carece de pariente cercano que la pueda catapultar, aunque un buen amigo podría allanarle el camino como fue el caso del Ministro Eduardo Medina Mora.
Bendita complicidad…

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