Oscar Moha

En México hay más de 9250 Asociaciones Religiosas registradas ante la Secretaría de Gobernación. Y cada semana llegan 4 solicitudes, en promedio de aquellas que inician sus trámites para lograr un documento gubernamental que acredite sus actividades. Cada una da de alta a sus Ministros de Culto, que en total suman oficialmente más de 87 mil. Pero existen otras -aproximadamente 2 mil- que no están interesadas en dar a conocer sus estatutos, ni su doctrina, ni quiénes son sus dirigentes. Ni si declaran o no impuestos. Están en la clandestinidad.

Aunque existen denuncias en contra de Iglesias, credos y Ministros de Culto por fraude y abuso de confianza ante el Ministerio Público, éstas no han procedido por falta de evidencias. Es decir, una persona que se siente defraudada porque no “recibió su milagro” o no quedó “curada” después de un ritual, pero pagó una cantidad por ello al pastor, sacerdote, apóstol, o chamán, interpuso una denuncia incluso por abuso de confianza. El MP recibió la denuncia, pero no se aportaron elementos de prueba. Nadie fue enjuiciado, pero hay defraudados y dinero invertido en una especie de “asalto espiritual”.

La línea es muy delgada. No se puede tipificar el delito, ya que los mismos creyentes acuden a la reunión espiritual de manera voluntaria, donde el “predicador” promete que quienes “ofrenden” mil, cinco mil o diez mil pesos, recibirán “la unción” que los llevará a tener “riqueza y abundancia”. Cuando esto no sucede, los asistentes (fieles) se sienten timados, pero en raras ocasiones reclaman al líder y menos interponen una denuncia.

De esto conocen las Secretarías de Gobernación, Salud, Hacienda y hasta Relaciones Exteriores. La primera porque a través de su Dirección de Asuntos Religiosos sabe de qué está hecho el entramado de las Iglesias, y por ende sus procedimientos para recaudar fondos; la segunda, porque a los hospitales llegan los pacientes que tomaron alguna pócima o remedio que el “ministro” les preparó y que les resultó en una intoxicación, lejos de curarlos o con anemia luego de una semana de “ayuno y oración”; el SAT ahora quiere catalogar a todo Ministro de Culto porque son potenciales contribuyentes, algunos de los cuales no tienen estudios ni de primaria, pero que podrían evadir al fisco, por el cobro de sus servicios religiosos. Y finalmente, la Cancillería, donde se otorgan las visas de aquellos “predicadores” que cobran en dólares y que son invitados por Iglesias principalmente de corte pentecostal para llevar a cabo “campañas de sanidad”, “noches de milagros”, o a impartir “talleres de prosperidad para México”.

También lo saben las televisoras y estaciones de radio que le venden sus tiempos a Iglesias y “profetas” que comercian lo mismo amuletos que “pedazos de la Sábana Santa” y “aceite sagrado” para “atraer el bien y la prosperidad”, ofrecimientos mágicos muy al estilo de la 4ª transformación.

Los que “pagan” finalmente son los asistentes, a quienes se les promete recibir “olas de bendición” o adquieren alguno de los libros o talismanes que “obsequian” en sus presentaciones. Son también los que con “fe ciega” esperan recibir el número ganador de la lotería, o el “milagro” de encontrar un trabajo, o bien “ser sanados” de enfermedades incurables. Son los que salen con más ánimo del culto, pero con menos pesos y sin el anhelado “milagro”. Pero que seguramente regresarán y pagarán otro “servicio” similar, o una atención personalizada, que son las más caras.

Sin duda, la fe y la devoción son lucrativas desde tiempos bíblicos y será muy difícil en una sociedad como la nuestra delimitar dónde comienza el fraude intencional o se consuma un delito y dónde termina el deber moral, espiritual y social de los dirigentes religiosos, máxime que nadie les pide una preparación académica, sobre todo en las protestantes, donde hay más de 60 mil pastores con un promedio educativo de secundaria entre su liderazgo, aun cuando muchos presumen sus títulos de “Doctor” y “Licenciado en Teología”.

PALABRA DE HONOR: Con un poco de retraso, la Conferencia del Episcopado Mexicano creó un Equipo Nacional para la Protección de Menores. Un de sus funciones será no encubrir a los sacerdotes y laicos pederastas dentro de la Iglesia católica. Y prevenir los abusos contra niños y niñas. Luego de que en países como Irlanda, Estados Unidos, Alemania y Chile hicieran públicas denuncias a nivel mundial, en México también el clero debió unirse a este grupo donde los sacerdotes y otros religiosos tienen cuentas pendientes.

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