Se destapa Osorio Chong

Raymundo Riva Palacio | Martes 27 de septiembre, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

Miguel Ángel Osorio Chong ha lanzado su candidatura presidencial. Fue a baja velocidad, casi para que pasara desapercibido, como sucedió, con un spot de 26 segundos en sus redes sociales. El secretario de Gobernación publicó el vídeo de 13 imágenes coloridas, con individuos o grupos que cruzan la demografía mexicana, y con una estampa que sobresale, la de una protesta con brazos alzados y pancartas. En él incubó una idea fuerza, “México es la razón para trabajar juntos”. Es simple, pero se desdoblará por múltiples caminos. No fue explícito Osorio Chong pero apuntó a lo que ve como el problema mexicano: la polarización y el encono, al dejar ver que el desafío que ve no es el económico, sino el de gobernabilidad. Caprichosa paradoja la del responsable del orden interno, perfilando que en 2018 el reto será el orden interno.

 

Pero esta paradoja es a través de la cual ha navegado a lo largo de todo el sexenio, sin que le haya afectado en su imagen. El secretario de Gobernación parece tener teflón, porque los negativos recaen en el presidente Enrique Peña Nieto, mientras que la aprobación y el conocimiento de su persona en el país suben. En cuestión de resultados, su trabajo no ha sido más eficiente del ex secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y si se vieran objetivamente las mediciones de eficiencia de ambos, los dos pilares durante la primera parte de la administración peñista, se podría argumentar que los mayores reveses los tuvo Osorio Chong. Como botones de muestra:

 

1.- Aceptar la creación de grupos paramilitares en Michoacán condujo al estado al punto de la guerra civil en enero de 2014 y a la necesidad de una intervención total del gobierno federal. El utilizar criminales para aniquilar criminales llevó a la casi destrucción de Los Caballeros Templarios, pero el resultado fue que el negocio de la droga se transfirió de organización criminal, de los michoacanos, al Cártel Jalisco Nueva Generación.

 

2.- No combatir a los cárteles de la droga durante los primeros ocho meses del gobierno, por la creencia que la confrontación directa era la causa de tantos muertos, fortaleció a las organizaciones criminales. La inacción fue un periodo de gracia para los cárteles. El gobierno ofreció reducir la violencia en los primeros 100 días de su gestión, y en septiembre, al reconocer que los homicidios dolosos se habían incrementado y anunció una nueva estrategia en los 50 municipios donde se concentra el 42% de esos crímenes.

 

3.- El desmantelamiento de Plataforma México provocó un reacomodo en los sistemas de inteligencia criminal, y una parte importante de la tecnología que estaba en la Policía Federal, se trasladó al CISEN. El resultado fue el incremento del espionaje político y la disminución de la vigilancia a enemigos del Estado. La fuga de Joaquín El Chapo Guzmán fue el colapso de la inteligencia civil y la masacre de Tanhuato y el fiasco operativo en Nochixtlán, el de los protocolos de la Policía Federal.

 

4.- La nula operación de la Secretaría de Gobernación en Iguala hace dos años, por no entender la gravedad del ataque a los normalistas de Ayotzinapa, hizo que un crimen municipal se convirtiera en un crimen de Estado, como definen organismos internacionales. Una estrategia igualmente equivocada convirtió a la Coordinadora Magisterial, de un grupo disidente con presencia en cuatro estados, a una organización nacional con presencia en 22 entidades, sin haber resuelto el conflicto con la disidencia de maestros y su rechazo, cada vez con más apoyo nacional, a la Reforma Educativa.

 

En el spot que difundió Osorio Chong en sus redes sociales, escribió que “trabajando en equipo todos los días podemos superar los desafíos”, que es un galimatías. ¿No era acaso la solución a los problemas y superación de los desafíos su responsabilidad? Su fraseo es como si el manejo de ellos hubiera sido el trabajo de otros, en este caso de Peña Nieto, quien es el que ha pagado en imagen y credibilidad. La gran crítica al Presidente y México en el mundo tiene que ver con el retroceso de las libertades y la falta de aplicación de las leyes, que vulneran el Estado de Derecho, que también eran parte de las responsabilidades del secretario de Gobernación.

 

Pero si Osorio Chong no pagó por ellas cuando el Presidente tuvo la oportunidad de aceptarle la renuncia en diciembre pasado y decidió seguir apoyándolo, el problema no es del secretario sino de su jefe, dispuesto por la omisión a pagar los costos que no le tocaban a él sino al encargado de despacho en Bucareli. Lanzar sibilinamente su campaña presidencial, habla de cómo ve Osorio Chong la aridez en las cartas de Peña Nieto y que su inacción para abrir el juego en la elección presidencial podría repercutir en los aspirantes. Los vacíos siempre se llenan, y el que ha dejado el Presidente, lo ocupa el secretario de Gobernación.

¿Es Osorio Chong lo que quiere el Presidente? ¿Los priistas? ¿Los mexicanos? Si Peña Nieto no reacciona ante este sabadazo –el día que salió el spot-, uno podrá pensar que está autorizado. Más que a Videgaray y al equipo económico, los priistas definitivamente sí lo prefieren. ¿Los mexicanos? Por lo que se ve en las encuestas, ni a él ni a ningún priista. Ese será su primer desafío. Convencerlos de que es un aspirante con alas para volar.

 

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El otro ‘momento’ de Peña

Raymundo Riva Palacio | Lunes 26 de septiembre, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio 

El viernes pasado el periódico The New York Times publicó en su primera plana que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos exigió una investigación sobre la violación sexual de 11 mujeres durante las protestas contra la construcción del aeropuerto internacional en San Salvador Atenco hace una década que, según el diario, podría tener como objetivo al presidente Enrique Peña Nieto, quien en ese entonces era gobernador del Estado de México, donde se encuentra el municipio. Lo más relevante de esa información, sin embargo, no fue lo brutal –el calificativo sí se aplica- de la acusación, descrita con detalle en el tercer párrafo del texto, sino la forma como la presentó el Times: a una columna en la parte superior izquierda, sobre el doblez del diario -que es lo que más se lee en un periódico-, con los hechos de la investigación junto a una fotografía a tres columnas y media plana de alto con la imagen de una de las mujeres atacadas por la policía mexiquense, con un tratamiento que usan sus editores normalmente para portafolios fotográficos. En interiores, desplegado a dos páginas, las fotografías de las 10 mujeres restantes afectadas.

 

La publicación de tan contundente información, que forma parte de una larga investigación de la CNDH sobre los abusos del desalojo en Atenco ordenado por el entonces gobernador Peña Nieto, coincidió con el viaje del presidente Peña Nieto a Naciones Unidas, donde lo más notorio fue la falta de brillo. Peña Nieto acudió a la apertura de la 71 Asamblea General y participó en calidad de co-presidente, en un panel sobre migración y refugiados. Recibió un premio al “Estadista” por su trabajo en la integración de Norteamérica de la Foreign Policy Association, que omitió el recipiente del reconocimiento en su portal, y se reunió en privado con Aung San Suu Kyi, Consejera de Estado –no presidenta- de Myanmar, con quien las relaciones bilaterales son prácticamente inexistentes. Nadie más.

 

En México, circuló en las élites políticas que el Times había declinado una propuesta de entrevistar a Peña Nieto porque no querían que siguiera dañando a la candidata demócrata a la Presidencia, Hillary Clinton –a quien el diario endosó el sábado, por cierto-, pero un funcionario negó esa versión. Lo que el periódico rechazó fue una carta de seis páginas del subsecretario de Gobernación, Roberto Campa, para refutar la información del viernes, y redujeron su alegato a 15 palabras incorporadas en la información. La visita del Presidente a Nueva York tenía como un doble objetivo el participar en Naciones Unidas y recibir un premio – tratado clandestinamente por quienes lo otorgaron-, y buscar hablar con Clinton, quien ignoró la peticiones de un encuentro. La Cancillería mexicana no encontró receptividad para que Peña Nieto tuviera entrevistas bilaterales con alguno de los más de 100 líderes que se encontraban en Nueva York, ni los esfuerzos de la Secretaría de Hacienda para que tuviera reuniones con inversionistas fructificaron.

 

“Hace dos años la Cancillería no podía encontrar más espacios en la agenda para acomodar a todas las personas que querían hablar con el Presidente”, recordó una fuente cercana a esos procesos. “Hoy, nadie quiere hablar con él”. Hace dos años era el Mexico’s Moment, como lo definió el mismo Peña Nieto en un artículo bajo su firma en el semanario británico The Economist en noviembre de 2012, pero ahora, en palabras de “Bello”, el columnista Michael Reid que escribe bajo ese seudónimo semanalmente sobre temas latinoamericanos, el haber recibido a Donald Trump en Los Pinos y hacerlo ver “presidenciable”, si resulta que ayudó al republicano a ser electo, “muchos mexicanos no lo perdonarán a él o a su partido, y tampoco muchos del resto del mundo”. El nombre del juego de Peña Nieto en la política doméstica e internacional, ciertamente, día está enmarcada, matizada y manchada hoy en por la visita de Trump a México, que le provocó una pérdida de credibilidad 300% más grande de lo que le produjo la revelación de su casa blanca, de acuerdo con mediciones privadas, y un repudio generalizado que, de acuerdo con personas con acceso a información palaciega, cuando regresaba de la reunión del G-20 en China, escasa una semana después de abrirle Los Pinos al republicano, dijo a sus cercanos, en un lenguaje que en privado no es algo inusual en él en esas circunstancias: “Creo que sí la cagamos”.

 

Este es un eufemismo del nos equivocamos totalmente, que matizó la semana pasada en un rápido road show por la radio para intentar un control de daños por lo que seguramente, en función del impacto, es el error más grave en su vida pública, al decir que no habían ponderado la reacción social a esa visita. No parece, por su fraseo reciente, que termine de asimilar el costo que le provocó esa aventurada iniciativa. El mismo día en que Trump llegaba a México, se dio un encuentro de técnicos de la FAO con el gobierno colombiano en Bogotá, y cuando presentaron uno a uno a los integrantes del equipo de la organización y le tocó al presidente Juan Manuel Santos saludar a un funcionario mexicano, le preguntó a bocajarro: “¿Qué hace Trump en México?”. ¿Qué hizo? Fue el suicido político de un Presidente que apostó muy alto y que vivirá el aforismo de su sexenio: cuando se apuesta mucho, se gana mucho o se pierde mucho. No se necesita reflexionar nada para ver lo que le sucedió.

 

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Duarte, tiempo de partir

Raymundo Riva Palacio | Viernes 23 de septiembre, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

El hecho que la PGR se vio obligada a hacer público que investigaba al Gobernador de Veracruz, Javier Duarte, por enriquecimiento ilícito, peculado e incumplimiento con su deber, marcó el destino del político de carrera meteórica que apostó por Enrique Peña Nieto como candidato presidencial desde que lo destapó en una reunión de jerarcas del PRI a finales de 2011. No hay nada malo de lo que me puedan acusar, porque no he hecho nada malo, decía Duarte en enero, cuando ya había entrado en la pendiente de su caída. El Gobernador escuchaba poco y a pocos, confiado en el blindaje presidencial por los servicios financieros hechos durante la campaña. Los tiempos cambiaron porque para el Presidente y quienes respaldaban por compromiso a Duarte, también se modificaron.

 

Duarte es otro daño colateral de la visita de Donald Trump a México, que al sumarse al desastroso resultado electoral en la contienda por la gubernatura en junio, ha hecho muy costoso seguirlo apoyando. Peña Nieto tuvo que deshacerse del Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, por el desgaste que le ocasionó el haber sido el autor intelectual y arquitecto de la controvertida visita que de acuerdo con varias mediciones, le produjo más negativos al Presidente entre el electorado que el escándalo de la casa blanca. La salida de Videgaray es el preámbulo del colapso de Duarte, pues aunque tenía problemas con el Secretario de Hacienda por el hoyo financiero en Veracruz, sabían que en el fondo, era la operación política arrastrada desde la campaña, no solamente una mala gestión en el Estado, la causante del descalabro.

 

La imagen de Duarte no ayudó al polémico Gobernador, el peor evaluado de todos en el país entre sus gobernados. La inseguridad, la confrontación política con diversos sectores y las imputaciones de corrupción, lo arrastraron al descrédito. La campaña electoral fue un desastre. Duarte no pudo imponer a Alberto Silva, ex alcalde, ex líder del PRI estatal y dos veces director de Comunicación Social del Gobierno, y desde el Centro impusieron al Senador Héctor Yunes, con quien se enfrentó por un asunto de dinero. El candidato del PRI siempre se quejó en las reuniones de campaña que no había cumplido con los acuerdos con el partido, mientras que la queja de Duarte era que los cerca de mil millones de pesos que recibió en apoyos –no está claro de dónde salían los recursos-, los malgastó o no llegaron a las estructuras.

 

Pero la historia de Duarte, en su totalidad, no es la que se conoce. La pública es lo que sucedió: la aplastante victoria del enemigo histórico de Duarte, Miguel Ángel Yunes, quien procedió de inmediato a presentar denuncias de corrupción en la PGR. La no pública es en que la operación política en Veracruz contra el Senador Yunes participó la Secretaría de Gobernación, cuyo titular, Miguel Ángel Osorio Chong, presionó a Duarte para que no se enfrentara al panista Yunes, ni buscara descarrilar su candidatura. ¿Contra quien jugaba Osorio Chong? Contra Duarte, de acuerdo con sus cercanos, y a quien, pese a lo molesto con su gestión, respaldaba Videgaray.

 

La relación con Videgaray, que venía desde el Congreso, se profundizó en la campaña presidencial, cuando a través de Duarte se canalizaron recursos desde la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados, de la que el futuro Secretario de Hacienda era presidente. Duarte ha dicho en su entorno que distribuyó dos mil 500 millones de pesos durante la campaña presidencial, por lo cual consideraba que estaba blindado con Peña Nieto. Tenía razón, cuando menos hasta este verano, como lo probó el Presidente cuando le negó al líder del PRI, Manlio Fabio Beltrones, proceder en su contra para eliminarlo como lastre y buscar mantener la gubernatura en las elecciones de junio, y manejar con discreción las investigaciones de la PGR en su contra, derivadas de las acusaciones del panista Yunes.

 

Las denuncias del Gobernador electo de Veracruz llevó a la PGR a declarar a seis ex Secretarios de Finanzas de Duarte, algunos de los cuales aportaron información contra el Gobernador. No obstante, esa investigación se mantuvo en secreto hasta que una de las líneas que se abrieron, la revisión del catastro de Veracruz para determinar cuántas propiedades estaban asociadas a Duarte, se filtró a la prensa. La pérdida de credibilidad del Presidente tras la visita de Trump lo obligó a realizar acciones extraordinarias para enfrentar una situación extraordinaria. La renuncia de Videgaray fue la primera demostración de cómo cambiaron las cosas, y el abrir públicamente la investigación contra Duarte es la segunda.

 

Duarte se convirtió desde ese momento en un político muerto. Sin protección, el Gobernador va camino a un proceso legal que lo puede llevar a la cárcel. Duarte insistió este jueves que la investigación no lo hace culpable en automático, ni necesariamente se procederá en su contra. No se sabe qué pasará, pero su familia inmediata, como su esposa y suegro, están siendo investigados, así como su entorno más cercano. La protección llegó a su fin, por la disyuntiva para el Presidente de que es Duarte o él mismo. Peña Nieto empieza a controlar la gangrena que le subía aceleradamente por el cuerpo, con la lógica que los de abajo siempre serán desechables.

 

El Gobernador tiene que ser amputado del cuerpo político del Presidente, como lo fue el Secretario de Hacienda. El anuncio de la PGR de este miércoles es el mensaje claro para Duarte. Adiós Gobernador, tiene que empezar a preparar su gran defensa.

 

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Demagogos y autócratas

Raymundo Riva Palacio | Jueves 22 de septiembre, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva palacio

Tiene razón el Presidente Enrique Peña Nieto cuando dice que la desilusión de los ciudadanos lleva a la emergencia de demagogos y autócratas. En su discurso en la 71 Asamblea General de las Naciones Unidas, Peña Nieto admitió que muchas sociedades se encuentran insatisfechas con su condición actual, que aleja a la gente de sus autoridades, genera desconfianza en las instituciones y acentúa la incertidumbre sobre el futuro. Problema de México, problema del mundo. Sabe el Presidente que los cuestionamientos a su Gobierno no son los mismos que reciben otros líderes, y que en la crisis de autoridad, la promesa maniquea de llegar al paraíso, permea en las sociedades que buscan en la geometría extrema de la izquierda y la derecha, la utopía.

 
Peña Nieto se refirió a la última encuesta de Latinobarómetro, la ONG con sede en Chile que desde hace 21 años mide la percepciones que sobre la democracia tiene la región. México no está peor que Brasil y Chile, las dos grandes naciones que más han sufrido regresiones (22 y 11% respectivamente en el conjunto de sus ciudadanos), pero está estancado: 52% apoyan la democracia contra 48% que no la quieren. “La encuesta de Latinobarómetro refleja un claro deterioro en el respaldo ciudadano a la democracia”, dijo Peña Nieto. “Esto es sumamente grave. Ante este desafío, el mundo no puede caer en la trampa de la demagogia, ni del autoritarismo”.
 
El Presidente nos ha acostumbrado a que lee tarjetas de sus asesores referencias o datos de cuyo contexto y antecedentes no tiene mucha idea. La pregunta si lo mismo fue con el discurso en Naciones Unidas, o si analizó los datos de Latinobarómetro es importante para saber el fondo de su razonamiento. La ONG registró por primera vez que la desilusión con la democracia combinó dos variables que no se habían empatado, las bajas perspectivas económicas de la región, con las altas demandas de los ciudadanos hacia los gobiernos. Sus datos muestran que la tendencia a la baja en la aceptación de la democracia –que es una forma de organización social con derechos y obligaciones de los ciudadanos- se dio tras la crisis financiera mundial en 2009. Desde 2010, la caída ha sido sistemática.
 
Este es el contexto al que se refería Peña Nieto. El discurso que apela a los pobres y a las clases medias inconformes y deprimidas económicamente, que escuchan el canto de la sirena de los demagogos. Lo vivieron en Europa Central tras el colapso de la Unión Soviética, donde los demagogos de extrema derecha arrasaron al comunismo. La decepción con esa nueva forma de gobierno y de vida produjo regresiones que tampoco dieron resultados positivos. 
 
Hoy, la extrema derecha avanza en Europa, como en América del Sur. En Estados Unidos los extremos se juntaron en los reclamos expuestos por el republicano Donald Trump y el demócrata Bernie Sanders. En el Reino Unido, la salida de la Unión Europea impulsada por la sociedad menos educada y conservadora, es el último ejemplo de cómo en las urnas se cambia el destino de una nación. Pero la economía no es lo único que ha modificado el pensamiento latinoamericano.
 
Latinobarómetro dijo que la evidencia en los 18 países latinoamericanos a los que estudia, “refleja que, tal como funcionan las democracias en esta región, no han producido demócratas, al menos en la proporción que se requeriría para que el indicador del apoyo a este régimen político mejore. Es decir, el recambio intergeneracional no aumenta el apoyo a la democracia”. En otras palabras, las democracias latinoamericanas no producen demócratas. Esa conclusión se refleja en la pérdida de confianza en las instituciones y en la falta de credibilidad de los políticos, ante lo cual las tentaciones hacia un demagogo y autócrata –como en Europa Central- se vuelven muy apetitosas para los electorados.
 
Las nuevas tecnologías, registró Latinonarómetro y sugirió Peña Nieto, han modificado la comunicación política, hoy transversal, dinámica e intensa, y además de añadir presiones a los gobiernos y a sus líderes. La crítica es exponencial y la demanda es creciente. “No son los vaivenes ideológicos los que motivan más a los ciudadanos, sino más bien la alta demanda de mayores grados de igualdad y libertad traducida en garantías cívicas y políticas, así como garantías sociales”, dice Latinobarómetro, que entre sus grandes observaciones está que entre más transparente sea una sociedad y mayor la lucha contra la corrupción, mayor el apoyo a la democracia. La fórmula es clara.
 
Peña Nieto ofreció en su discurso más apertura, más transparencia y mejor rendición de cuentas de su parte y del Gobierno, para enfrentar el desafío que tiene enfrente. Paradójicamente, la lucha contra la corrupción y la transparencia no son dos de las variables donde esté mejor calificado, sino todo lo contrario. Corrupción, complicidades y conflictos de interés han manchado su administración, que busca afanosamente cómo ocultar lo más que pueda de los mexicanos. Aún así, dijo el Presidente que es necesario “comunicarnos para difundir los logros, para reconocer y explicar los desaciertos, pero, sobre todo, para definir juntos la ruta hacia delante”.
 
¿Prepara un cambio de actitud y rumbo? ¿Anticipó una rectificación? ¿Habló con la verdad o volvió a utilizar la retórica que tanto le ha afectado? No lo sabemos todavía, pero planteó un objetivo que no tardará mucho en demostrar si volvió a la vacuidad del discurso, o escuchó a millones de mexicanos que eso le demandan y hará algo al respecto.
 
 
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La tregua a Peña Nieto

Raymundo Riva Palacio | Miércoles 21 de septiembre, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

Varios intelectuales con tribunas en la prensa han venido sugiriendo desde hace unos días una tregua para el presidente Enrique Peña Nieto, quien ha sido vapuleado como ninguno de sus antecesores en magnitud, intensidad, beligerancia y retórica. Sin embargo, no está claro lo que proponen. ¿Una tregua mediática? ¿Una tregua de los ciudadanos? Intrigante la propuesta, porque las treguas se dan entre fuerzas simétricas, no asimétricas como es un Presidente mexicano, que pese a los avances políticos sigue siendo un monarca sexenal. Su fuerza es como la de Goliat frente a los israelitas, infinitamente superior, implacable si quiere, imbatible. ¿Por qué David tendría que dar una tregua a Goliat?

 

Goliat, según los relatos bíblicos, se burlaba sistemáticamente de los israelitas, trataba de humillarlos y someterlos. Peña Nieto, metafóricamente hablando, también. ¿Alguien no recuerda la entrevista que concedió su entonces jefe de Oficina al periódico madrileño El País en diciembre de 2014? Habían pasado las reformas con sus resistencias, las toma de las calles por la disidencia magisterial, la crisis de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, y sobre todo, el escándalo de la casa blanca. Pese a ello, Aurelio Nuño, desafió:

 

“No vamos a sustituir las reformas por actos teatrales con gran impacto, no nos interesa crear ciclos mediáticos de éxito de 72 horas. Vamos a tener paciencia en este ciclo nuevo de reformas. No vamos a ceder aunque la plaza pública pida sangre y espectáculo ni a saciar el gusto de los articulistas. Serán las instituciones las que nos saquen de la crisis, no las bravuconadas”.

 

Las declaraciones, insólitamente retadoras, insensibles a las diferentes opiniones expresadas en los medios, nunca fueron desautorizadas. Al contrario. Medio año después, el Presidente lo nombró secretario de Educación y lo puso a jugar en la sucesión presidencial. La acción de Peña Nieto fue un aval para todo lo que había hecho Nuño, que en ese entonces formaba parte de la presidencia tripartita, donde junto con los secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y de Hacienda, Luis Videgaray, tenían secuestrado al Presidente. Nadie tenía acceso a él en Los Pinos, y todos los agentes políticos y económicos tenían que desahogar sus asuntos con la poderosa tríada.

 

La tregua que proponen los intelectuales debería ser planteada más como una especie de amnistía a la incompetencia, que es lo que ha demostrado el gobierno peñista, insensible a las razones del repudio en las urnas él y al PRI en las elecciones federales de 2015 y las de gobernadores en 2016, donde su partido dejó de gobernar a 54 millones de mexicanos; o de subjetivos, algunos tan profundos como las crecientes e insistentes quejas de corrupción en su gobierno. Entonces, ¿cuál sería el incentivo de los mexicanos para darle una tregua? ¿Por qué, en todo caso, dársela cuando su gobierno ha sido incapaz de ayudarse a sí mismo?

 

El gobierno de Peña Nieto se ha caracterizado por muchas cosas, pero quizás lo más sorprendente es su incapacidad para poder cerrar temas. Sigue abierto el caso de los normalistas de Ayotzinapa, la masacre de Tanhuato, y el desastre de seguridad por haber apoyado a grupos paramilitares en Michoacán, por citar unos botones en materia de seguridad. No está resuelto el tema de la disidencia magisterial, ni tampoco el conflicto de interés que detonó con la revelación de la casa blanca. La renuncia de Videgaray tras la visita de Donald Trump sigue siendo un misterio. ¿Por qué se iría el secretario de Hacienda en reconocimiento de un error que el propio Presidente dice que fue un acierto? Ese episodio generó una prueba más de la forma fallida como maneja su gobierno.

 

Para controlar los daños causados por la visita, Peña Nieto aceptó que lo entrevistara Carlos Marín, director del periódico Milenio, quien es uno de los periodistas más cortesanos del poder. Marín voló a Anchorage, donde en una escala técnica del vuelo que llevaba al Presidente a la reunión del G-20 en China, habló con él. La entrevista, que fue grabada no resultó como esperaban, pero su equipo de prensa no hizo nada por corregir el daño al Presidente. Milenio es uno de los grupos más favorecidos por la publicidad peñista, y su dueño, Francisco González, no se caracteriza por cuidar su autonomía del Gobierno. ¿Por qué no le pidieron que no difundiera la entrevista? En muchos otros medios esta afirmación sería un acto de censura, pero en el caso de González y Marín, no es algo ajeno a ellos, al haber estado dentro de los márgenes de su relación institucional.

 

Los intelectuales piden esa tregua como un borrón y cuenta nueva, cuando menos por un tiempo, a los agravios causados por una presidencia tripartita que nunca vio que las condiciones en las que había llegado Peña Nieto a la Presidencia eran extraordinariamente adversas. El 1 de diciembre de 2012 arrancó su gobierno con el mismo humor social que tuvo en su peor momento Felipe Calderón, cuando enfrentó la crisis financiera mundial de 2009, quien tenía hasta ese momento el peor registro de animadversión jamás antes medido en un presidente. Los mexicanos estaban agraviados por Peña Nieto aún antes de cumplir sus primeras 24 horas en el poder, y lo que ha venido haciendo a lo largo de su administración ha ido alimentando el encono. Pedir una tregua no es lo adecuado. Es el Presidente que, como ha planteado Salvador Camarena en El Financiero, debe rectificar. ¿Qué? Rumbo, gestión y comportamiento.

 

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La cruzada “Renuncia Peña”

Raymundo Riva Palacio | Martes 20 de septiembre, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

Hay muchos Méxicos en la actualidad. El del Presidente Enrique Peña Nieto, que es el del futuro promisorio a lo que ha hecho su gobierno, y el de la insatisfacción con él y su gobierno de siete de cada 10 mexicanos. Está el que avanza económicamente, según el discurso oficial, aunque el crecimiento está estancado. Y el de la violencia a la baja de acuerdo con las autoridades, aunque los delitos vayan al alza. Es el México de las percepciones permeadas por los discursos y los datos, que chocan con enorme frecuencia. Es también el de la revolución de las redes sociales y la rebelión en las calles en busca de la desestabilización.

 

La semana pasada se vieron las frecuencias en las que se mueve este país, cuando una marcha convocada en las redes sociales para exigir la renuncia de Peña Nieto, tuvo una baja presencia en las calles, que provocó que en algunos medios afines a sus beligerantes convocantes se preguntaran por qué no hay más gente en las calles cuando están tan indignados con el Presidente. Sociólogos y sicólogos no se ponen de acuerdo, menos aún los politólogos. Pero que no haya conexión aún entre la realidad de las redes sociales con la de la calle no significa que no exista una insatisfacción generalizada, que incluye a segmentos de la sociedad que aún se mantienen apáticos y todavía no expresan sus frustraciones individuales en acciones colectivas concretas.

 

Existe una cruzada en las redes sociales contra Peña Nieto. De acuerdo con una investigación de José Sánchez publicada en la edición impresa del portal ejecentral, activistas, académicos y periodistas encabezan un movimiento para que renuncie el Presidente, que abrigan en el artículo 86 constitucional que dice que el cargo de Presidente “sólo es denunciable por causa grave”. Esto tendría que ser calificado por el Congreso de la Unión ante el que se debería presentar la renuncia. Pero sin definición alguna sobre qué es una “causa grave” -el artículo 108 dice que las únicas acusaciones por las que se puede acusar a un Presidente son “traición a la patria y delitos graves del orden común”-, y un Congreso donde el PRI tiene mayoría, el movimiento parece no tener futuro.

 

Sin embargo, no hay que minimizar la iniciativa. Sánchez explicó que las redes sociales comenzaron a tomar fuerza cuando los usuarios les encontraron una función de diálogo y discusión como en las antiguas plazas públicas. Estas nuevas herramientas pueden servir de termómetro de la conversación pública y ayudar a organizar a la población en temas de interés común que los llevaran a construir un puente de comunicación e interacción con sus gobernantes, que ha generado un “activismo profesional”, constante en las redes sociales.

 

El origen del movimiento #RenunciaYa, surgió de un tweet el 2 de septiembre de la cuenta de @ElenaFortes, que recuerda Sánchez, dirigió el proyecto de documentales Ambulante, junto con intelectuales y artistas como Gael García y Diego Luna. Media hora después de aparecer en Twitter, lo retomó CENCOS, la organización a la que está históricamente vinculado Emilio Álvarez Icaza, ex secretario general de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y que está integrando un expediente con juristas en Estados Unidos y Europa para llevar a juicio a Peña Nieto a una corte internacional. A partir de ahí se sumaron activistas, artistas y periodistas. Entre los más sobresalientes, el productor de narconovelas Epigmenio Ibarra, que maneja Argos Comunicación, una exitosa empresa de la que es socio Carlos Payán, director honorario de La Jornada y militante del PRD, que ha sido respaldada financieramente por el magnate Carlos Slim. Entre quienes más promovieron la convocatoria, figuraron la académica Denisse Dresser, quien coquetea con una candidatura independiente a la Presidencia, Jorge Ramos, el principal conductor de noticias de Univisión –los dos escriben en Reforma-, y Brozo –Víctor Trujillo-, que trabaja en Televisa.

 

La marcha sumó a unas cinco mil personas, por lo que no dudaron algunos medios en calificarla de fracaso. Es reduccionista verla de esa manera. Primero, no se debe ignorar que haya tantas personas sin miedo a que las vean, las identifiquen, las vigilen y las investiguen, lo que habla de un hastío con el Gobierno. Segundo, estuvo por encima de los cálculos –cuatro veces menos estimaba el Gobierno de la Ciudad de México-. Tercero, es la primera en un entorno donde las condiciones son propicias para que se incremente la molestia.

 

Todas las encuestas de aprobación presidencial publicadas en el primer trimestre de esta año muestran la tendencia a la baja de Peña Nieto, con porcentajes de rechazo que oscilan entre el 23 y el 29 por ciento. No han salido aún los estudios que miden el impacto por la visita de Donald Trump a México, pero hay un dato a consignar: durante las primeras cuatro horas de saberse que vendría, hubo cerca de un millón de tweets, la mayoría negativos. Cuando se fugó Joaquín El Chapo Guzmán, aunque el millón de mensajes en la red se dio en cuatro días.

 

La población a la que quieren sumar a su lucha contra Peña Nieto está muy lastimada. Faltan dos años y medio más por delante de gobierno, y probablemente no avanzará mucho más el intento de su renuncia, pero tampoco parece que recuperará el consenso para gobernar, ni la iniciativa, ni logre revertir su caída simbólica, política y popular, como Presidente. Más tensión y confrontación, parece, es lo que viene.

 

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La frustración de Peña Nieto

Raymundo Riva Palacio | Lunes 19 de septiembre, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

La frustración del presidente Enrique Peña Nieto con los medios de comunicación inspiró el lema de su cuarto informe de gobierno, “lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho”, y los videos de historias de vida narrados por sus protagonistas que “son justo las cosas buenas las que construyen, las que le dan sentido a nuestra vida, a nuestro trabajo y a nuestro esfuerzo diario como país”. El Presidente buscó a la opinión pública sin los intermediarios clásicos, los medios de comunicación, a los que ha criticado varias veces en el último año por enfocarse en los aspectos negativos de su administración. Tiene parte de razón pero otra parte de su queja es injusta. Lo que subyace, que no lo logra expresar con claridad, es que en efecto hay una cruzada en su contra, donde el campo de batalla no es la libertad de expresión, sino la política.

 

Peña Nieto no matiza su disgusto por la falta de buenas noticias, pues ignora los ciclos informativos y su dialéctica. En 1616, el rey de Inglaterra Jaime I, escribió “ninguna noticia es mejor que malas noticias”, que evolucionó en el proverbio de “que no haya noticias es buena noticia”. En el gobierno peñista, las noticias son abundantes, muchas de ellas negativas porque la realidad y el entorno es negativo. El conflicto arrasa lo positivo, y la tensión y el escándalo nacen en buena parte por acciones fallidas de su administración. Hay un aforismo clásico atribuido al director del New York Sun en el Siglo XIX, que dice “cuando un perro muerde a un hombre no es noticia porque sucede frecuentemente, pero cuando un hombre muerde a un perro, es noticia”. Esto, contra el lamento presidencial, es la esencia del periodismo mundial.

 

La frustración del Presidente no parece provenir únicamente de la falta de buenas noticias en los medios –el gobierno reconoce que tampoco ha podido transmitir lo bueno en forma relevante-, sino del creciente cuestionamiento al que ha sido sometida su administración después de haber tenido una larga luna de miel. Pero hay de críticas a críticas. Sobre la crítica en el marco de la libertad de expresión, no son lo tolerantes que asegura –en este mismo espacio se han narrado actos de hostigamiento contra periodistas-, pero tampoco han llegado al extremo de la destrucción de quien disiente de la forma como gobierna Peña Nieto. Hay otra crítica que va más allá de la confrontación de las ideas y las posiciones, que se inscribe más en una campaña abierta y sistemática contra Peña Nieto.

 

El estudio de caso es la línea editorial que ha seguido un periódico respetado en el mundo por su consistencia editorial y calidad, pero que en México han sido insólitamente descuidado. Es The Guardian, que desde antes que ser presidente, no ha dejado de buscar tres pies al gato en el tema de Peña Nieto. En agosto pasado publicó que su esposa, Angélica Rivera, tenía operaciones inmobiliarias con el constructor Ricardo Pierdant, que había pagado impuestos de sus propiedades en Miami, estableciendo un conflicto de interés porque “iba a tener contratos públicos lucrativos”. Para añadir a su investigación, The Guardian afirmó que la hermana del constructor, Aurora Pierdant, hacía negocios con Pemex, pese a haber sido despedida por la empresa. Este viernes, el periódico tuvo que disculparse con Pierdant y con su hermana porque su información resultó falsa, y eliminó las dos informaciones de su sitio.

 

Las disculpas del diario fueron reproducidas en los medios mexicanos, pero a su manera. Por ejemplo, Reforma le dedicó 13 líneas en una pequeña llamada en la parte baja de su primera plana del sábado, cuando el 10 de agosto reprodujo la primera revelación del diario inglés como su principal titular, con una información secundaria, fotografías del departamento y copias del pago de impuestos por parte de Pierdant. Otro ejemplo es el de “Sopitas”, como se conoce a Francisco Alanís, a quien Forbes describe como el “rockstar” de la red, cuyo sitio le dedicó a la nota original de The Guardian 532 palabras en un texto editorializado, contra 246 palabras que publicó este viernes sobre la rectificación del diario inglés, con una sobriedad contrastante. El 9 de agosto, publicó en su portal: “¿Se trata esto de otro conflicto de intereses como el de la Casa Blanca? ¡No…! ¿Cuál? ¿Dónde? Siempre habrá tiempo para pedir disculpas”. Los medios que se manejan bajo criterios éticos en el ejercicio periodístico, cuando cometen un error lo corrigen en el mismo espacio y forma en que difundieron el texto original.

 

The Guardian lo hizo, pero nadie más. En México hay una prensa que cuida tener una información justa y balanceada –las secciones de opinión, al ser textos subjetivos, no son acotadas por estos criterios-, y otra que es militante, donde no es la información sino una causa la que la guía. Las dos son legítimas, mientras exista transparencia sobre sus intenciones. En México no es así. Disfrazados de una prensa justa y equilibrada, hay una que se ha sumado a una campaña contra Peña Nieto que busca su derrocamiento. Es un movimiento que nació en redes sociales y no ha logrado conectar con las masas en las calles, pero que quiere crear condiciones para una Primavera Mexicana, aprovechando la insatisfacción nacional real con el Presidente para acomodarla a su agenda política. De esto se hablará más adelante.

 

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El fastidio del PRI con Peña 

Raymundo Riva Palacio | Jueves 15 de septiembre, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

La LXI Legislatura del Congreso de la Unión fue la del poder en la primera mitad del Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto. Produjo 11 Secretarios de Estado, encabezados por Luis Videgaray, ocho Gobernadores, 11 funcionarios de primer nivel, y dos líderes nacionales del PRI. Esa misma maquinaria política, en el arranque del segundo medio del gobierno peñista, está partida, reducida, enfrentada entre sí y, sobretodo, confrontada con Peña Nieto. Ya no es una lucha soterrada. Es abierta y desafiante, donde las señales son que el Presidente se ha convertido en un lastre al cual tienen que arrancarle de sus manos la sucesión presidencial para evitar no sólo la derrota en 2018, sino la posibilidad de que los arrastre al tercer lugar como fuerza nacional. Si eso sucediera, se preguntan algunas figuras del partido, ¿sobreviviría el PRI?

 
Sesenta y dos integrantes de la LXI Legislatura, casi una tercera parte de los priistas que salieron de ella, han dicho a Peña Nieto que no pueden seguir apoyando el rumbo de su gobierno porque el modelo está cada vez más lejos del electorado. El planteamiento presidencial de que los beneficios de las reformas los verán los mexicanos después de su administración, es cuestionado dentro del priismo. Quieren un cambio de modelo económico, porque el seguido desde el gobierno de Miguel de la Madrid, argumentan, ha producido 60 millones de pobres, y en lo político, el equipo de Peña Nieto, cerrado y excluyente, provocó que la rigidez de un forma de gobierno vertical y alejado del partido, destruyera las clientelas electorales.
 
Los legisladores han circulado una carta abierta el líder del PRI, Enrique Ochoa, pero el destinatario real es el Presidente Peña Nieto. Hasta ahora la han firmado públicamente 62, pero otros más, entre los que se encuentran varias figuras del partido que estuvieron muy cerca de Peña Nieto y ayudaron a construir su candidatura presidencial, están en el umbral de hacer publico su apoyo y, con ello, tácitamente romper con su amigo el Presidente. Lo ven herido política y electoralmente, donde para salvarlo, paradójicamente, tienen que sacrificarlo. Es decir, la candidatura presidencial del PRI, como lo están vislumbrando dentro de las estructuras jerárquicas del partido que están en el campo opuesto de Ochoa, no podrá ser una decisión unipersonal de Peña Nieto, sino procesada dentro del partido con una contienda interna.
 
Hay ejemplos históricos de cómo partidos hegemónicos desaparecieron por no haberse adecuado a la nueva realidad que vivían en su momento. Uno fue la Unión de Centro Democrático, que encabezó Adolfo Suárez durante la transición democrática española, que cuando terminaba esa fase en 1981, el desgaste del presidente del gobierno lo llevó a renunciar, con lo que su partido se sumió en una descomposición ante la ausencia de liderazgo que lo llevó a perder las elecciones generales en 1982 ante el PSOE. El otro caso es el de la Democracia Cristiana en Italia, un partido fundado en 1943 cuyo desgaste lo hizo perder el poder en los 80’s. Cuando lo recuperó, con una sociedad en turbulencia social y política en los 90’s, la corrupción del partido provocó, al igual que la Unión de Centro Democrático, su desaparición.
 
Dentro de los priistas, aún los más opuestos a lo que ha hecho Peña Nieto, existe la convicción de que el PRI no está en riesgo de desaparecer, pero sí de perder la Presidencia y caer hasta un tercer nivel como fuerza política nacional, detrás del PAN y de Morena. Los movimientos que se están gestando al interior del partido coincidieron en la carta de los miembros de la LXI Legislatura, que busca imponer controles al poder unipersonal del Presidente dentro del partido, y a impulsar procesos incluyentes para definir la candidatura presidencial. La parte importante es colocar el candado para que el candidato a la Presidencia o a una gubernatura, tenga que haber ganado previamente una elección de mayoría relativa. En la primera mano sucesoria de Peña Nieto, sólo el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, salvaría ese requisito.
 
El sentir de los priistas es que la corrupción ha tenido un impacto directo en el electorado. El escándalo de la casa blanca colocó a Peña Nieto en el punto más bajo del humor social desde que se estudia esa variable, y lo metió en una espiral descendente irreversible en su aprobación de gobierno. Las derrotas en Nuevo León, Chihuahua, Quintana Roo y Veracruz, están asociadas a denuncias de corrupción de los gobernadores priistas. En una fuga hacia delante, los ex legisladores propusieron una reforma constitucional que permita enjuiciar al Presidente por corrupción y que al establecerse como “causa grave”, exista el mecanismo legal para la revocación de mandato.
 
Esta medida no tendría efecto sobre Peña Nieto,  quien tendría que avalar ese cambio en los estatutos del PRI, a discutirse en la próxima Asamblea Nacional prevista para noviembre, para alinear la acción presidencial con el discurso del PRI. Dentro del sector beligerante del PRI, no han visto en Peña Nieto la disposición para modificar su ruta, ni dentro del partido, ni hacia la nación. Lo ven consciente de su deterioro, pero inamovible en su postura. El tiempo se le acaba a los priistas, que están pensando en 2018, pero también al Presidente. Lo que vendrá es la lucha abierta contra Peña Nieto, o un pacto donde el Presidente, abra el proceso. En todo caso, bajo cualquier escenario, quien aparece como perdedor, es Peña Nieto.
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El PRI se le rebela a Peña

Raymundo Riva Palacio | Miércoles 14 de septiembre, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

Días antes de rendir su cuarto Informe de Gobierno, el Presidente Enrique Peña Nieto invitó a comer a los diputados del PRI y del Partido Verde a Los Pinos, en vísperas del inicio del periodo de sesiones, y aseguró que en 2018, entregaría la banda presidencial a un priista. Hubo sonrisas y aplausos, pero poca convicción. La figura del Presidente se está pudriendo en el PRI desde hace tiempo y los brotes de rebelión cada vez son más extendidos. La palabra de Peña Nieto ha perdido credibilidad entre los priistas porque lo que les ha dicho, ha resultado contrario a los hechos. Desconocen al Peña Nieto que conocieron en Toluca, cuando su palabra se transformaba en realidades.

 

Cada vez hay más priistas que ignoran su autoridad porque cada vez hay más priistas que comprueban que lo que ordena, no se cumple, o lo que compromete, no sale. Dos botones de muestra. Cuando renunció el líder del PRI, Manlio Fabio Beltrones, asintió que el gobierno tenía que estar más cerca del partido, pero impuso a Enrique Ochoa, un técnico ajeno al PRI, como su sustituto. Una semana le dijo a Virgilio Andrade que permaneciera en la Secretaría de la Función Pública hasta que nombrara a su sucesor, y días después el jefe de la Oficina de la Presidencia, Francisco Guzmán, le dijo que como había acordado con Peña Nieto, esperaba su renuncia al día siguiente. Para un político, la palabra es lo que más vale; quien no la tiene, no vale nada.

 

No fue siempre así. Temprano en su gobierno, Peña Nieto se reunió con el Comité Ejecutivo Nacional del PRI en Los Pinos, y les dijo que tendría una “sana cercanía” con su partido. Los priistas salieron contentos porque con eso se cerraba el ciclo desde que el Presidente Ernesto Zedillo propuso el 6 de febrero de 1995 que tendría una “sana distancia” -una frase acuñada por su secretario particular, Liébano Sáenz-, con el partido que lo llevó al poder. Zedillo aseguró que no era su objetivo destruirlo, pero que no tendrían más privilegios y prerrogativas. Peña Nieto, con un discurso opuesto, lo ha venido destruyendo. Lo más dramático es que muy probablemente no se dé cuenta del daño que le causó al partido, a su gobierno y a él mismo al haber delegado el poder a su equipo compacto y permitirle que alejara a interlocutores ajenos a ellos.

 

El mejor ejemplo de la dislexia política del Presidente se dio en una reunión de gabinete legal y ampliado después de las elecciones de gobernadores el 5 de junio, donde el PRI –si se suman los resultados de las elecciones federales en 2015- dejó de gobernar a 54 millones de mexicanos. Molesto por los resultados, gritó: “¿Qué no saben que soy priista?”. Sugirió que no habían hecho lo suficiente para mantener a las clientelas del PRI y se habían alejado de la ciudadanía. Para los priistas que fueron informados con detalle de esa reunión, fue una paradoja. Tras las elecciones de 2015, Peña Nieto nunca los recibió para escuchar su diagnóstico de los resultados, y mantuvo, contra su opinión, que era un referéndum a sus reformas.

 

En 2016, las zonas petroleras votaron contra el PRI –el rechazo a la reforma energética-, en el sur los maestros apoyaron a Morena–el repudio a la reforma educativa-, en el norte respaldaron al PAN –por ir contra la reforma fiscal-, y una ventaja de casi 20 puntos en Aguascalientes, se convirtió en apretada derrota para el PRI en la gubernatura por la iniciativa presidencial sobre matrimonios igualitarios que presentó en vísperas de la elección sin alertar a sus líderes que venía en camino. Tampoco los alertaron que a días de la elección aumentarían los energéticos. El castigo no fue sólo a los electores. Los gobernadores del PRI se quejaron sistemáticamente en la primera parte del gobierno de la opresión presupuestal y del maltrato recibido por el entonces Secretario de Hacienda, Luis Videgaray.

 

Los gobernadores del PRI se quejaban que Peña Nieto había privilegiado al Gobernador de Puebla, el panista Rafael Moreno Valle, al perredista Arturo Núñez en Tabasco, y al Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, por encima de ellos y que habían tenido mejor relación con los presidentes panistas que con Peña Nieto. La tensión hizo que en dos comidas del Presidente con gobernadores que terminaran en borrachera, uno de ellos forcejeó y quiso golpear a Aurelio Nuño, primer jefe de Oficina presidencial y Secretario de Educación, por la forma como, quien no tenia representación alguna, quería someterlos.

 

Gobernadores y diputados priistas han dejado de acudir a citas con Secretarios de Estado y a eventos con el Presidente como resultado del alejamiento con Peña Nieto. El día que llegó Donald Trump a México, la coordinación de diputados del PRI en San Lázaro circuló un documento con la posición del Gobierno para que la repitieran. Sólo unos cuántos salieron a dar la cara por el Presidente. Dentro del PRI, Peña Nieto perdió consenso y el repudio contra él se incrementa. No ven que pueda conducir con éxito una contienda presidencial y que, en cambio, los puede hundir al tercer lugar. Perdió credibilidad, respeto y confianza entre los priistas. Peña Nieto aún no lo ve, pero en cada elección lo siente. La diferencia es que ahora, la rebelión naciente prefiere amputarse al Presidente que perder con él.

 

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La salud de nuestros presidenciables

Raymundo Riva Palacio | Martes 13 de septiembre, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

El desvanecimiento de Hillary Clinton este domingo durante la conmemoración del 15 aniversario del ataque terrorista a Estados Unidos, generó una polémica en esa nación porque durante meses su equipo de campaña evadió todas las preguntas que sobre su salud hacía la prensa. El equipo de Clinton alegaba que esa era una “zona de privacidad” que no la obligaba a abrir su historial médico al público. Pero tras el video que mostró como se desvanecía cuando estaba a punto de abordar su camioneta en la Zona Cero en Nueva York, cambió de posición y sus asesores dijeron que van a abrir toda esa información. Este tema no está lejos de nosotros porque se refiere a la obligación política que tienen todos aquellos que aspiran un cargo de elección popular de dar a conocer cuáles serían los riesgos de votar por ellos. Está muy cerca también porque los políticos en el mundo siempre buscan mantener fuera del escrutinio público su salud, y en vísperas del año previo a la sucesión presidencial en México en 2018, con los dos precandidatos de izquierda operados del corazón, su condición física se vuelve indispensable para el elector.

 

La salud de Clinton generó la inquietud nacional y la presión política para impedir que mantuviera opaco su historial médico, porque puntea la contienda presidencial que enfrenta al impopular Donald Trump. Si la salud de Clinton es endeble, el electorado tendrá dudas sobre si realmente quiere que ella sea la que reciba su voto, que es el mandato para que quien gane, tome decisiones colectivas en nombre del elector. Si no está físicamente apta, el Partido Demócrata deberá tomar la decisión de nombrar a otro candidato para que enfrente a Trump el 8 de noviembre próximo.

 

El tema de la salud no es algo que a los políticos le guste discutir en público. Cuando en este espacio se reveló a principio de la década pasada que el entonces Presidente Vicente Fox estaba medicado con Prozac para controlar sus depresiones, Los Pinos guardó silencio hasta que en una entrevista con Univisión, molesto, negó la información. Previamente a ello, los presidentes mexicanos nunca se enfermaban, nunca tomaban vacaciones, nunca pasaba nada que los mostrara como mortales. Fox comenzó con ese medicamento una vez sentado en la silla presidencial, pero hay otros casos donde se ha ocultado. Es el caso del Presidente Enrique Peña Nieto, quien fue sometido a dos cirugías del nódulo tiroideo durante su administración. Los médicos que lo atendieron aseguraron que el cáncer que le extirparon en julio de 2013 era benigno. Esa enfermedad no pone en riesgo la vida, pero hay diferentes tipos de efecto colateral, como el hecho que aún leyendo, se confundan o se les olviden cosas que se saben.

 

El problema de ocultar una enfermedad a los electores puede llevar a situaciones como las que se vivieron en Rusia, cuando Boris Yeltsin buscó -con éxito- un segundo mandato y controló a la prensa para ocultar que tenía cáncer. Yeltsin, afecto también al alcohol, tuvo momentos difíciles por su comportamiento como jefe de Estado. Por ejemplo, durante una visita a Suecia en 1997, tomó una copa de champaña que le generó un efecto secundario que lo llevó a comparar la cara del tenista Björn Borg con albóndigas. Por salud, Yeltsin tuvo que renunciar y dejó el cargo en manos de su primer ministro, Vladimir Putin, por quien no habían votado los rusos. Este es el problema de fondo. ¿Aquella persona por la que se vota terminará su mandato? ¿Quién, que no fue electo, la sustituirá? La prensa de Estados Unidos nunca reveló que el presidente Franklin D. Roosevelt tenía polio y luchaba contra la enfermedad mientras su esposa, Eleonor, tomaba muchas de las decisiones en la Casa Blanca. Nancy Reagan tenía una gran influencia sobre su esposo Ronald, que tenía Alzheimer.

 

El estado de salud de Clinton nos debe llevar a un siguiente nivel de discusión en México sobre los precandidatos presidenciales. Dos de ellos, Andrés Manuel López Obrador, y Miguel Ángel Mancera, estuvieron a punto de morir en la mesa de operaciones por dos intervenciones de emergencia del corazón; ambos estuvieron técnicamente muertos durante varios segundos. Su vida no pudo volver a ser la misma. Si bien Mancera han mantenido el ritmo como jefe de gobierno de la Ciudad de México, López Obrador sí ha modificado sustancialmente sus inagotables marchas por la nación, por una estrategia menos exigente para el cuerpo. Si llegan a la boleta presidencial en 2018, ¿estarán físicamente aptos para conducir al país durante seis años? No lo sabemos, pero debemos de conocer su estado de salud.

 

Abrir su historial clínico dará tranquilidad a una parte del electorado -habrá seguramente otro que no le importa si están sanos o no-, y certidumbre sobre el futuro. Haber sido intervenido quirúrgicamente, de cualquier padecimiento, no prohíbe, excluye o descalifica, para ser candidato presidencial o jefe del Ejecutivo, incluso si sigue afectado por el padecimiento. De lo que se trata es de que se abran los presidenciables mexicanos y aporten información al electorado, quien decidirá finalmente lo que desee. La exigencia de transparencia que debe haber de la sociedad a los presidenciables no se agota con ellos, que son los que públicamente han pasado por una cirugía mayor, sino que tendrá que ser para todas y todos aquellos que aspiren a ese cargo.

 

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La visita (¿ilegal?) de Trump

Raymundo Riva Palacio | Lunes 12 de septiembre, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

El conflicto surgido por la visita de Donald Trump a México no acaba. La semana pasada el PRD abrió una ruta peligrosa para el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y el candidato presidencial, por sus potenciales consecuencias legales y políticas, al solicitar al Instituto Nacional de Migración el estatus en que entró al país. ¿Lo hizo de manera documentada? No sólo sería una paradoja que hubiera hecho lo que tanto denuncia, sino que toca vertientes que  tienen que atañen a la Ley Electoral en Estados Unidos. ¿Quién pagó por el viaje de Trump? ¿Lo hizo el gobierno mexicano al sufragar el viaje de un ciudadano con nuestros impuestos? ¿Fue la campaña de Trump la que pagó por el viaje? ¿Financió el gobierno a un candidato presidencial?

 

En el caso del estatus migratorio, la Secretaría de Gobernación no ha dado a conocer detalles de cuáles fueron los documentos que presentó Trump. De acuerdo con la Ley General de Población y Ley de Migración, si no existen, Trump y las autoridades migratorias habrán violado al menos tres artículos. El 118, que se refiere a la internación al país sin la documentación requerida. El 113 y el 115, que significaría una irregularidad de los funcionarios de la Secretaría de Gobernación, por haber avalado la evasión de disposiciones y trámites migratorios, y por encubrir a Trump, en caso de que no haya presentado su pasaporte o visa para ingresar a México.

 

El Instituto Nacional de Migración ha hecho mutis sobre esa petición legislativa, y la Secretaría de Gobernación no ha dado a conocer esa información vital. De haber existido irregularidades, el escándalo para el presidente Peña Nieto y Trump por haber violado la ley de manera conjunta, sería, pese a sus consecuencias políticas, lo de menos. La información va a salir, de cualquier forma, cuando la Comisión Federal Electoral de Estados Unidos emita su reporte mensual sobre el financiamiento de campañas, donde Trump está obligado a informar. La ley es muy clara al establecer los límites en aportaciones, donaciones y contribuciones aportadas por individuos o empresas a un candidato en particular, que tienen que reportarse a la autoridad electoral.

 

Uno de los temas que saldrán es sobre el Boeing 737 registrado a nombre de su empresa Town and Country Food Markets Inc., en el que viajó Trump a México. Esa empresa es parte del corporativo Susser de Corpus Christie, que a su vez es propiedad de la compañía petrolera Sunoco, que vende gas natural a México y tiene cientos de tiendas en el sur del país donde venden comida mexicana. También deberán informar quién pagó por la turbosina empleada, el salario de la tripulación, así como el costo y los impuestos al aterrizar en el aeropuerto de la Ciudad de México, utilizar el Hangar Presidencial y volar a Los Pinos en un helicóptero de la Fuerza Aérea Mexicana.

 

Esa documentación permitirá conocer si estos costos fueron sufragados por la campaña de Trump con dinero de quienes han aportado recursos en Estados Unidos, o si fue el gobierno mexicano quien los cubrió. De ser así, los mexicanos que pagan impuestos habrían financiado la visita. Está confuso, por falta de información, qué categoría le dio legalmente el gobierno mexicano a Trump, porque al no ser presidente electo o en funciones, probablemente no tiene la representatividad para se puedan utilizar impuestos para pagarle el viaje cuyo viaje fue dentro de la campaña. Como tal, hasta este momento lo único claro es que al ser candidato, recibe el respaldo federal de su gobierno en materia de seguridad –los salarios, viáticos y bonificaciones de los agentes del Servicio Secreto que lo están protegiendo, como en el caso de su viaje a México, fueron cubiertos por esa dependencia, que por ley es responsable de cuidarlo.

 

Si los registros de Trump a la Comisión Federal Electoral muestran que el gobierno mexicano cubrió los gastos durante la visita, existe margen adicional para otro conflicto, que sería haberse involucrado ilegalmente en una campaña en Estados Unidos. El Acta Federal de Campañas Electorales prohíbe a “cualquier extranjero contribuir, donar o gastar fondos en conexión con cualquier elección federal, estatal o local en Estados Unidos, ya sea directa o indirectamente. También es ilegal ayudar a extranjeros a que violen esta prohibición o soliciten, reciban o acepten contribuciones o donaciones de ellos”.

 

De esta ley proviene la relevancia para conocer el tipo de representatividad de Trump en México y los detalles de quién pagó los costos del viaje. Durante la campaña electoral Trump hizo una visita a Escocia, que le ha generado una demanda por haber utilizado el viaje para promover a sus empresas y solicitar explícitamente el respaldo de parlamentarios de la Mancomunidad Británica. En aquél viaje, la campaña de Trump, de los fondos recolectados, pagó los gastos de esa gira, como lo reportó a las autoridades, según el informe de financiamiento dado a conocer en julio.

 

El viaje de Trump a Escocia fue visto en Estados Unidos como parte de su campaña electoral, que es como se vio también la visita a Peña Nieto. Nadie en Escocia pagó por aquella visita salvo la campaña, mientras que lo que sucedió en México es un hoyo negro que, hasta que se aclare públicamente, permanecerá como un potencial conflicto legal y político para el gobierno mexicano y para la campaña de Trump, además de una ventana a otro escándalo.

 

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