¿Qué está haciendo presidente?

Raymundo Riva Palacio | Martes 24 de enero, 2017

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

En la región comercial norteamericana, las maquinarias políticas marcharon aceleradamente. El presidente Donald Trump firmó el lunes la orden ejecutiva para retirar la firma del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, el TPP, que llevará la renegociación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica a un marco contencioso. En Calgary, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, inició una deliberación con su gabinete para analizar cómo limitarán las pérdidas derivadas de esa renegociación. En México, la escuela política de Atlacomulco produjo lo único sabe hacer bien: escenografía y retórica. Frente a las acciones concretas de sus socios, un acto barroco en Los Pinos reprodujo los presídiums usados para todas las cosas relevantes e irrelevantes en México, con los representantes de los poderes de la Unión, de la Conago, de los empresarios y una parte del gabinete para lanzar el mensaje que todos están unidos, envueltos en la bandera nacional, para sentarse a la mesa con Trump. Qué pérdida de tiempo. Qué hueco el discurso. Qué vacuas las ideas.

 

Desde el viernes se anticipó que el presidente Enrique Peña Nieto fijaría su posición frente al nuevo gobierno de Trump y la inminente renegociación del TLCN. El acto llevó teloneros de todo tipo. Desde el canciller Luis Videgaray que aportó cifras para ubicar la relación bilateral en su contexto, hasta el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Juan Carlos Castañón, con un discurso tan farragoso como lleno de lugares comunes, pasando por Ángel Aceves, líder obrero, con un servilismo pueril, y por la bravuconería del presidente del Senado, Pablo Escudero, que dijo que, si Trump repudia el acuerdo comercial, México está listo para salvar rápidamente la afrenta. Ingenuos o mentirosos, burdos y poco útiles, para lo que está enfrente.

 

La postura de choque fue rechazada por Peña Nieto, pero no ayudó mucho su planteamiento sobre las nuevas prioridades de política exterior para los próximos años. Los objetivos y principios que enumeró no arrojaron mucha información, porque son reciclaje de señalamientos que ha hecho desde hace semanas. Llamó la atención, sin embargo, que ofreció lo que no existe por diseño institucional desde hace casi un cuarto de siglo, una relación fuerte con América Latina, o mencionar lo que nunca le ha interesado a México, la relación con África. El posicionamiento del presidente es irreal, aún si apenas iniciara su administración, porque es tratar de revertir un cuarto de siglo de matrimonio con Estados Unidos. En el epílogo de ella, lo único que hizo Peña Nieto fue identificar un puerto sin destino con discurso propuestas que parecen ocurrencias.

 

El presidente continúa en el etnocentrismo mexicano al equivocar el papel de México en el mundo. Peña Nieto dijo que México se ha convertido en un centro logístico para el flujo de comercio e inversiones debido a que se encuentra ubicado entre los océanos Pacífico y Atlántico. Parece broma lo que afirmó, pero refleja ingenuidad y desconocimiento total de las cosas. Es cierto que México se ha convertido en las dos últimas décadas en un país altamente apreciado, por lo cual llueven inversiones del exterior. Pero no es porque México es bañado por dos océanos, sino por el TLCN que es la plataforma comercial para el mercado estadounidense. México no tiene un mercado interno para mantener los niveles comerciales y de inversión que tiene hoy en día, y su posición actual en el mundo cambiaría significativamente si se perdieran las ventajas arancelarias de las que goza actualmente.

 

Peña Nieto no debe escuchar el canto de las sirenas mentirosas que tiene alrededor, y negociar, como lo anticipó, de manera integral. Comercio, migración y seguridad fronteriza, exactamente lo que Trump dijo en la víspera que hablaría con Peña Nieto, es lo que estará sobre la mesa en la Casa Blanca esta y la próxima semana. Lo que sus asesores deben hacer ahora es ver en dónde están los detalles de las prioridades que tiene el gobierno de Trump, según sus colaboradores. Uno es el secretario de Estado, Rex Tillerson, que contra el discurso amenazante de su jefe, dijo en la audiencia de su confirmación que el libre comercio con México y Canadá es vital para los intereses de Estados Unidos. “México es un país de gran importancia para Estados Unidos, como vecino y como socio comercial, aunque tenemos diferencias en cuando a migración”, dijo en un cuestionario respondido al Comité de Relaciones Exteriores del Senado previo a su audiencia.

 

Sí quieren como socio a México, pero en los términos de Trump. Wilbur Ross, secretario de Comercio designado, adelantó hace unos días dos temas que quieren llevar a la mesa: que las disputas comerciales no se vean en tribunales independientes –que eliminaría los paneles provistos por el TLCN-, y fortalecer las regulaciones de las reglas de origen, para evitar que por la puerta mexicana se cuelen componentes comerciales de otras naciones, como China, que junto con México son los adversarios comerciales oficiales de la Casa Blanca.

 

Hay suficientes señales del gabinete de Trump sobre qué es lo que quieren de México. En algunos temas hay coincidencias y en otros chocarán. El presidente Peña Nieto dijo que irá a una negociación sin confrontación ni sumisión. Ojalá y también con información, y que el evento del lunes en Los Pinos no haya sido sólo un espejo de lo que vendrá por delante. Es cierto que lo que se ha visto de él no genera confianza sobre la fortaleza de su postura negociadora. Pero no hay que adelantarse. Si él no sabe, sí hay dentro del gobierno y sus asesores quienes pueden sacar la cara por él. Es lo que nos queda.

 

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No estamos solos Donald

Raymundo Riva Palacio | Lunes 23 de enero, 2017

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

Hasta el viernes pasado, el récord de protestas en una toma de posesión había sido la de Richard Nixon al arrancar su segundo periodo al frente de la Casa Blanca en 1973, por la Guerra de Vietnam. El sábado, ocho veces más que hace 44 años, más de medio millón de personas en Washington, y un número similar en total, las ciudades más grandes de Estados Unidos protestaron contra la visión y las posiciones de Donald Trump. Las expresiones se extendieron en más de 70 ciudades del mundo con una advertencia: esto es sólo el principio. La unión global contra Trumpilandia fue bálsamo para las angustias mexicanas por la agresividad y beligerancia del presidente contra México, su gente, y su economía. No estamos solos en nuestra indignación e inconformidad Donald, ni será una batalla aislada; sólo falta que entendamos y encontremos cómo responderte.

 

El mundo de Trump es lunático, a menos que tenga en su chistera la fórmula para revolucionar al mundo hacia delante y evitar su involución. Los síntomas no son buenos. El viernes usó su discurso de toma de posesión para repudiar a la clase política al que le acusó de rapacidad y apropiarse de todos los beneficios para crear una sociedad de lujo en Washington mientras el pueblo estadounidense caía en la pobreza. Su primera acción fue desmantelar el programa de salud de Barack Obama, que afectó a la clase media, pero salvó de la marginación a 23 millones de personas que están entre las más pobres, y frenar los procesos de regulación, que le motivó su primera fricción con el Capitolio. Se asumió como el presidente de todos los estadunidenses, aunque seis de cada cuatro amanecieron ese día detestándolo, y reiteró sus promesas económicas, con lo que quiere convertir una economía de servicios, como es Estados Unidos, a una de manufactura, en un imposible corto plazo.

 

En política exterior, es China su principal enemigo y quiere lanzarse a una guerra comercial con Beijing, el mayor tenedor de deuda estadunidense. Cree que hay que dejar de apoyar militarmente a sus aliados en el Medio Oriente, con lo que el equilibrio de poder se perdería y esa nación dejaría de ser lo que ha sido durante 60 años, el factor que frena una Tercera Guerra Mundial. Lo mismo piensa de la alianza militar con Europa, y está harto de los mexicanos y sus gobiernos, que han sido sus principales chivos expiatorios en los últimos 18 meses. Las marchas en el mundo fueron contra Trumpilandia; en Estados Unidos se concentraron en las demandas en los derechos de reproducción –por su intención de volver a penalizar el aborto, que sería una regresión de 34 años-, los derechos civiles y la inmigración.

 

Estados Unidos está dividido como quizás no lo estaba desde 1861, cuando en la primera toma de posesión de Abraham Lincoln, “el aire estaba lleno con rumores de conspiraciones para asesinarlo o capturarlo y llevárselo antes de que pudiera tomar las riendas del gobierno”, según las crónicas de la época. Lincoln recibió la Presidencia de James Buchanan, el único que supera a Trump con el más bajo nivel de popularidad al asumir la Casa Blanca (37% contra 40%), ante el fracaso para evitar la división que finalmente llevó a Estados Unidos a la Guerra Civil.

 

Las protestas subrayan la división en esa nación, una polarización a la que Trump, como es, respondió con beligerancia y mentiras. Es la prensa la que provocó las protestas, y también exageró a la baja la asistencia popular a su toma de posesión. Fue la prensa, dijo el sábado durante una visita a la CIA, la que manipuló sus palabras públicas que dice que nunca dijo, en contra de la CIA. Lo mismo le dijo al presidente Enrique Peña Nieto cuando hablaron en Los Pinos el 31 de agosto pasado: fue la prensa la que tergiversó sus declaraciones sobre México y los mexicanos. Trump es un mentiroso compulsivo y una persona violenta que, en los momentos difíciles, se echa para adelante. No hay que olvidarlo el próximo 31 de enero, cuando Peña Nieto se reúna con él en Washington.

 

La visita de trabajo es importante, y se dará una semana después de que comiencen las primeras negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica entre los dos países. En esas reuniones el gobierno mexicano podrá plantear lo que quiere de Estados Unidos, lo que puede en la relación bilateral, y rechazar o dar paso a una negociación en donde confronten sus visiones. Tendrá que ser muy inteligente el planteamiento y el propio fraseo en sus conversaciones, en parte porque el entorno cambió rápidamente del jueves a hoy ante la fuerza de las protestas contra Trump, que probablemente continuarán enardeciéndose por la creciente oposición al nuevo presidente.

 

Un hombre de mecha corta es lo que encontrará Peña Nieto en la Oficina Oval, que quizás vea en él una coyuntura para ganar legitimidad a través de sus bravuconadas, hostigamiento y amenazas. El momento no es el mejor para Peña Nieto, pero es el adecuado. Al mismo tiempo, si sus asesores son inteligentes y creativos, y él deja de comportarse pusilánimamente, lo que hoy es un enorme problema, puede volverse una oportunidad. No hay mucha expectativa sobre lo que pueda hacer el presidente de México, pero este lunes, en su posicionamiento sobre política exterior, podrá mostrar a todos si algo aprendió de sus errores, o definitivamente no tiene remedio.

 

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Las amenazas de Trump

Raymundo Riva Palacio | Viernes 20 de enero, 2017

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

En las últimas semanas, varios funcionarios mexicanos han hablado en Estados Unidos con banqueros, inversionistas y analistas sobre el impacto de las acciones económicas que ha anunciado Donald Trump en contra de México. La respuesta colectiva ha sido que una cosa es el candidato y otra el presidente, por lo que han buscado tranquilizar a los mexicanos con el mensaje que todo lo que escuchan no necesariamente se convertirá en realidad. Los planteamientos tienen que ver con los contrapesos en Estados Unidos –el Capitolio, los gobernadores, las empresas y los grupos de interés-, que creen aportarán racionalidad a las relaciones bilaterales. Pero si de cordura se trata, Trump tendría que modificar buena parte de sus planes, así como matizar el tono de sus amenazas.

 

Un reciente estudio del Centro de Investigación Automotriz (CAR por sus siglas en inglés), el tanque de pensamiento de la industria que se encuentra en Ann Arbor, Michigan, señala que un incremento del 10% promedio en el empleo de una armadora afiliada a las estadounidenses genera un incremento de 1.3% en el empleo en ese país, mientras que uno de 1.7% en las exportaciones estadounidenses, producen un aumento de 4.1% en investigación y desarrollo, que es la principal razón por la que ese país es superior al resto del mundo, al generar valor agregado a los avances tecnológicos, que son los que les dan supremacía industrial y en donde se entran los grandes márgenes de utilidad.

 

Trump, por alguna razón desconocida hasta ahora, ha enfocado sus guerras comerciales en la industria automotriz, bajo el supuesto de que, reubicando las inversiones de México a Estados Unidos, el impacto económico y laboral en aquella nación va a ser positivo. Sin embargo, las cosas son bastante distintas, de acuerdo con el reporte del CAR. “El comercio no es de un solo lado”, apuntó. “Estados Unidos está alimentando a la industria automotriz con miles de millones de dólares de materiales. “En 2013, Estados Unidos tuvo un superávit comercial con México de casi siete mil millones de dólares exportando plásticos. También tuvo gran superávit en otras materias primas, incluido el acero y el aluminio”.

 

En el mediano y largo plazo, esos sectores resultarían perjudicados y traería consecuencias para el sector laboral. Por ejemplo, el traslado de ensamblaje de una futura planta de Ford en San Luis Potosí a Michigan, con la pérdida de dos mil 800 nuevos empleos durante un periodo de cuatro años, creará en aquél estado que votó por Trump por la promesa de que crearía nuevas fuentes de empleo, 700 nuevos trabajos con una inversión que es la cuarta parte de lo que iba a inyectar en México. Si se ve en forme mecánicamente inversa, por más que Ford compense con su inversión el impacto del traslado de esa planta a Estados Unidos, ¿cuánto tiempo podrá sostener el costo antes de transferirle el incremento de sus gastos al consumidor?

 

Ford había llevado sus plantas a México para mantenerse en competencia, al ser una de las empresas que más han sufrido la crisis automotriz. En septiembre del año pasado tuvo que recortar 13 mil plazas –nueve mil de ellas en Estados Unidos y el resto en México-, ante la caída de sus ventas. La diferencia salarial con México le permite mantener sus precios competitivos en el mercado doméstico, pero las presiones de Trump afectarán a la empresa. El tema de los salarios lo ha sido manejado tramposamente. El CAR reportó que los trabajadores en las plantas armadoras en México ganan en promedio 5.64 dólares la hora, mientras que en Estados Unidos obtienen 27.78 dólares. En la cadena productiva, los abastecedores de autopartes ganan 2.47 dólares la hora en México, contra 19.65 dólares en Estados Unidos. “La pregunta –planteó el Centro-, es si la reubicación de las plantas es completada, cuánto afectará el precio de cada unidad y cuánto costará un automóvil en Estados Unidos”. Si fuera un incremento lineal, el costo por unidad costaría cuatro veces más que en la actualidad, lo que llevaría esos modelos de Ford a estar fuera, por completo, de la competencia en el mercado.

 

Las armadoras estadounidenses han ido doblegándose ante Trump, pero tienen razones objetivas para subordinarse a su próximo gobierno. Al final de su administración, el presidente George W. Bush inyectó 17 mil 600 millones de dólares a Chrysler y a General Motors –el 32% de la empresa es hoy propiedad del gobierno estadounidense- para salvarlas, y al arrancar la de Barack Obama, su intervención para fortalecer el rescate evitó un colapso de la industria. Aunque Ford no participó en aquél paquete, en 2015 recibió un apoyo de cinco mil 900 millones de dólares que evitó su bancarrota.

 

Hasta dónde llegarán o aguantarán las armadoras de Michigan no se sabe. Hasta dónde llegará Trump con sus amenazas de gravar con 35% a las compañías que decidan mantener sus operaciones en México y exportar a ese mercado, tampoco se sabe. Los lances de Trump han tambaleado a la industria automotriz, que desde 2010 anunció inversiones por más de 24 mil millones de dólares en México. ¿Cuántas de ellas serán canceladas? Por lo pronto, casi un 10% de ellas se detuvieron, incluso con plantas prácticamente terminadas. En Estados Unidos insisten a los mexicanos que las cosas serán diferentes cuando llegue a la Casa Blanca, pero como dijo una funcionaria que ha hablado con ellos, “lo mismo nos decían hace más de un año que Trump no iba a ganar y ganó”. Ciertamente, no hay razones para estar tranquilos.

 

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Violencia en Cancún

Raymundo Riva Palacio | Jueves 19 de enero, 2017

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

Nunca antes en la historia de Cancún se había vivido lo que sucedió el miércoles. Un comando de 10 personas con fusiles de asalto y granadas atacó la sede norte de la Fiscalía de Quintana Roo y el Centro de Control Comando, Cómputo y Comunicaciones, el sistema de video vigilancia municipal conocido como C4, en una operación de asalto rápido y repliegue, que generó una persecución que dio lugar a 10 balaceras en el centro de la ciudad, que causaron terror y un rápido blindaje de las Fuerzas Armadas en la zona hotelera para evitar que la violencia se extendiera al sur de la ciudad. Detrás de esta acción desafiante se encuentra el crimen organizado, que ha puesto a prueba al gobierno de Carlos Joaquín, que lleva 100 días en la administración.

 

La llegada del nuevo gobernador no rompió con el status quo, como él mismo ha sugerido al afirmar que la violencia en Cancún, como un día antes en un bar en Playa del Carmen, está relacionada directamente con su política en contra del crimen organizado. No hay razones objetivas para pensar que así sea, porque aún no empezaba a desplegar la estrategia para combatir al crimen y comenzaba recién su coordinación con la Secretaría de Gobernación. Lo que sugiere el asalto a Cancún es que el crimen organizado está midiendo su fortaleza o la debilidad institucional, así como su determinación y capacidad de respuesta frente al narcotráfico. Esbozaron también, por el tamaño de la afrenta, que no hay ningún vaso comunicante entre el gobernador y los cárteles de la droga, y que, a golpe de tiros, como suelen hacerlo, buscarían un acuerdo para poder seguir operando en la península.

 

El crimen organizado echó raíces en Cancún sobre la base de sus fusiles en 2005, cuando el 7 de septiembre de ese año asesinaron al comandante de Seguridad Pública de Playa del Carmen, Carlos Hiram Rodríguez Alvarado, que significó de manera clara el final de la hegemonía que había mantenido el otrora poderoso Cártel de Juárez desde los 90’s en esa ciudad, en la secuela criminal que dejó el llamado Maxiproceso que provocó la captura del ex gobernador Mario Villanueva y la detención de más de 100 miembros de esa organización.

 

Esa muerte evidenció que la plaza de Cancún había entrado en disputa, particularmente con Los Zetas, que pagaron al jefe de policía en Cancún, Francisco Velasco, para asesinar al general retirado Mauro Enrique Tello, 24 horas después de haber sido nombrado asesor para temas de seguridad, en 2009. La infiltración del narcotráfico en las instituciones se estaba consolidando, y provocó también la detención del ex alcalde de Cancún y candidato del PRD a la gubernatura, Gregorio Sánchez, por los delitos de narcotráfico y lavado de dinero, que fue liberado tiempo después por un tecnicismo: en su expediente había fojas que no habían sido firmadas.

 

Tras esos años de violencia quirúrgica, los cárteles de las drogas se repartieron el mercado en la Rivera Maya. Los informes de seguridad federal indican que existe una pelea entre dos facciones, una que forman la alianza táctica entre el Cártel del Pacífico (o Sinaloa) –a través de su grupo de sicarios “Los Pelones”- y sus viejos enemigos Los Zetas, en contra de la nueva amenaza, el Cártel Jalisco Nueva Generación, que es una escisión de los sinaloenses. La disputa es por todas las actividades del crimen organizado. Los Zetas controlan el narcomenudeo y las redes de tráfico humano –principalmente de cubanos-, que son las más redituables, pero la lucha es también por la extorsión, el cobro por protección a hoteleros, restauranteros y propietarios de antros, así como la prostitución.

 

Lo extraordinario de la violencia en Cancún este miércoles es lo inédito. Situaciones similares sólo se habían registrado en Michoacán, cuando en un intento por rescatar a Arnoldo Rueda, “La Minsa”, jefe de asesinos de La Familia Michoacana, atacaron la delegación de la PGR y las instalaciones de la Policía Federal en Morelia, o en Guerrero, cuando en Acapulco entraron a las oficinas de la Procuraduría General de Justicia estatal, y los matones del cártel de los hermanos Beltrán Leyva, asesinaron a ministerios públicos y secretarias. Pero igualmente excepcional es la soberbia de quien cree que no le va a pasar nada, al haber realizado una operación de esta envergadura en Cancún, cuya zona hotelera, a unos 20 minutos de donde fueron las balaceras, está resguardada por el Ejército, la Marina y la Policía Federal.

 

La afrenta no es sólo grande por la impunidad que mostraron los criminales, sino por lo que representa Cancún para la economía nacional. Ese destino es el que recibe más turistas del exterior (cuatro millones al año), y el segundo, después de la Ciudad de México, al sumar turistas nacionales (6.2 millones). La magnitud de lo que representa internacionalmente este ataque lo da su preferencia en el mundo. Cancún recibe más turistas internacionales que todo Colombia o Perú, y el mismo número que Chile. Al sumar al resto de la Rivera Maya (13.3 millones de visitantes), la zona tiene más turistas extranjeros que India, Egipto o Suiza –que es un país de cruce-, y un número similar al de visitantes a Brasil y Argentina. Es el mejor destino turístico de México, cuyo aeropuerto recibió en 2016 21 millones de pasajeros, en 57 aerolíneas desde 26 países.

 

El desafío que hizo la delincuencia organizada en Cancún no es sólo contra el gobernador, sino al gobierno federal y al país. Es inadmisible, y en las condiciones actuales, imperdonable que la fuerza del Estado no aplaste a los criminales.

 

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Gerónimo

Raymundo Riva Palacio | Miércoles 18 de enero, 2017

AYUDA DE MEMORIA | Escribe Raymundo Riva Palacio

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1ER. TIEMPO: El regreso inesperado de Gerónimo. En octubre del año pasado, Bob Rivard, quien durante un largo tiempo fue el director del San Antonio Express News, entrevistó a Gerónimo Gutiérrez, director del Banco de Desarrollo de América del Norte para su newsletter especializada, el Rivard Report. “¿Cuando termine su periodo como presidente, permanecerá en San Antonio?”, preguntó Rivard. “San Antonio es un gran lugar. Una ciudad con un futuro brillante y prometedor para la gente y los negocios”, respondió Gutiérrez. “Es un lugar muy conectado a México. En términos personales, tengo una gran vida que mis hijos llaman hoy hogar. Soy ciudadano mexicano y vivo de mi trabajo, pero tengo muchas esperanzas de encontrar una buena oportunidad para permanecer en San Antonio”. Esa ciudad texana fue, existencialmente hablando, su salvación. Gutiérrez era una de las figuras ascendentes del panismo: subsecretario de Economía bajo el mando de Luis Ernesto Derbez, en el gobierno de Vicente Fox, quien se lo llevó a la Secretaría de Relaciones Exteriores como subsecretario para América del Norte, donde encabezó la negociación de la Alianza para la Prosperidad y Seguridad de América del Norte, que fue el preludio de la cumbre norteamericana. Al arrancar el gobierno de Felipe Calderón, la canciller Patricia Espinosa lo nombró subsecretario para América Latina y el Caribe, desde donde distendió las terribles relaciones con Cuba y logró que se volvieran a nombrar embajadores con Venezuela. Gutiérrez ya no andaba bien en México. Todavía el secretario de Gobernación Fernando Gómez Mont lo hizo subsecretario de Gobierno, que coincidió con una serie de serios problemas personales. Gómez Mont le dijo que querían hacerlo secretario de Desarrollo Social, pero Gutiérrez, con su vida personal quebrada, declinó. Prefirió la promoción al NAD Bank, el banco del Tratado de Libre Comercio. Su relación no mejoró, pero encontró sosiego. Al llegar Enrique Peña Nieto a la Presidencia, su íntimo amigo, compadre dos veces, Luis Videgaray, quiso integrarlo para manejar temas de desarrollo municipal, pero Gutiérrez volvió a rechazar la oferta para regresar a México. Cuando el Presidente promovió a la Suprema Corte de Justicia de la Nación al embajador en Washington, Eduardo Medina Mora, Videgaray volvió a impulsarlo como su relevo, pero Peña Nieto tenía sus propias ideas y designó a Miguel Basáñez. La llegada de Videgaray a Relaciones Exteriores y el cambio de paradigmas con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca reabrió la posibilidad de integrar a Gutiérrez —quien ha trabajado con cuatro presidentes mexicanos— al equipo de Peña. Entusiasmado, escuchó la oferta de Videgaray. Muy animado, según quienes hablaron con él, la aceptó. No será San Antonio su residencia, sino Washington.

 

2DO. TIEMPO: Un panista a la defensa de un priista. Para un presidente como Enrique Peña Nieto que está buscando desaforadamente culpar al gobierno de Felipe Calderón de los males que lo aquejan, la designación de Gerónimo Gutiérrez como su representante ante el próximo gobierno de Donald Trump es una anomalía, salvo por el detalle de que el nombramiento no fue idea de él, sino del canciller Luis Videgaray, a quien eso de la ideología partidista no parece incomodarle en absoluto, si se trata de quien le puede resultar útil. Gutiérrez y Videgaray se conocieron en el ITAM, y juntos llegaron a la Secretaría de Hacienda que comandaba Pedro Aspe. Gutiérrez trabajó con Alfredo Navarrete, uno de los asesores de Aspe, mientras Videgaray estaba con otro de los asesores, Carlos Sales. Los dos se fueron a estudiar su posgrado a Cambridge; Gutiérrez en Harvard y Videgaray en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, donde el primero obtuvo su maestría en Administración Pública en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, en Harvard, gracias a una beca Fullbright-García Robles, que financian los gobiernos de México y Estados Unidos. Aunque inició su vida laboral con priistas, Gutiérrez se involucró políticamente con el PAN y dirigió la Fundación Miguel Estrada Iturbide, que es el tanque de pensamiento del panismo, donde trabajaban temas principalmente relacionados con el presupuesto, y en donde conoció a quienes cabildeaban en la Ciudad de México para el gobernador de Guanajuato, Vicente Fox, Luis Ernesto Derbez y Eduardo Sojo.
Esas relaciones lo llevaron a ser miembro del equipo de transición del presidente electo Fox, antes de integrarse a su gobierno. Videgaray con quien lo une una larga amistad, siempre lo tuvo en mente para incorporarlo al gobierno peñista, como el nuevo embajador en Washington, pero sólo hasta el arribo de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos las estrellas se alinearon para que así fuera.
No le importa a Videgaray en absoluto el corazón azul de su amigo, sino su experiencia, que se ajusta al perfil buscado para Washington. Con Trump en la Casa Blanca no necesitaban un experto en temas consulares como lo es Carlos Sada, quien será ahora subsecretario para América del Norte, y supervisará el trabajo de 50 cónsules en ese país, sino alguien con conocimiento amplio de la relación bilateral y del Tratado de Libre Comercio Norteamericano, donde ha obtenido una especie de posgrado durante los últimos 16 años. Como él mismo lo reconoce en su biografía pública, sus áreas de conocimiento son comercio, finanzas, diplomacia y seguridad nacional, los cuatro ejes centrales de la nueva relación con Trump, ya que la migración y el narcotráfico lo tienen inscrito dentro del ámbito de competencia de la seguridad nacional.

 

3ER.TIEMPO: ¿Llegará tarde a Washington? Ese es el dilema. El nombramiento de Gerónimo Gutiérrez como próximo embajador en Estados Unidos ha sido muy bien recibido en ambos países. Ramiro Cavazos, presidente de la Cámara Hispana de Comercio en San Antonio, quien trabajó con él como director del Banco de Desarrollo de América del Norte, le dijo a la prensa texana la semana pasada que “es la persona perfecta para ser embajador de México en Estados Unidos porque es un experto en las relaciones bilaterales. Ahora más que nunca, sus capacidades y experiencia deben ayudar a reducir las tensiones económicas y de migración entre nuestros dos países”. No hay duda de ello. Poco se sabe en la opinión pública de las habilidades de Gutiérrez, necesarias en Washington, donde no sólo es la Casa Blanca lo que importa, sino de manera muy importante el Capitolio y los grupos de interés. Una persona que trabajó con él en Relaciones Exteriores lo recuerda como un funcionario muy capaz que, como subsecretario para América del Norte, se vinculó con políticos, diputados, empresarios, grupos de interés e intelectuales en Estados Unidos. “No creo que haya perdido esos contactos”, agregó. Sería, quizás desde Jorge Montaño en el gobierno de Carlos Salinas, quien mejor conozca Washington y la élite política antes de ser embajador, y el más capaz para el cargo de los que ha tenido el presidente Enrique Peña Nieto. La experiencia como subsecretario para América del Norte es fundamental, ya que por ahí pasa 60% de la actividad diplomática mexicana en el mundo, lo que habla de la intensidad de ese cargo. La pregunta que queda sin resolverse es si Gutiérrez no llega demasiado tarde, aún cuando Donald Trump apenas empezará su gobierno este viernes. Muchas cosas cambiaron en los últimos meses con el impredecible Trump y, parafraseando a Videgaray, han cambiado los paradigmas. Gutiérrez no será un funcionario que piensa fuera de la caja, aunque en las condiciones actuales, es la mejor apuesta que se puede hacer.

Trump, la ansiedad

Raymundo Riva Palacio |

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

 

La ansiedad domina a la sociedad mexicana ante el temor y la incertidumbre de lo que hará Donald Trump una vez que asuma la Presidencia de Estados Unidos. El sentimiento no es patrimonio de los mexicanos, sino que esa sensación se viene dando en Estados Unidos desde la primavera de 2016, en plenas elecciones primarias, y en el mundo tras haber derrotado a Hillary Clinton en noviembre. La ansiedad se produce por el sentimiento de que se ha perdido pertenencia, y que todo en lo que uno estaba asido, ha sido removido. Hay un trauma colectivo porque la era Trump será como entrar a un túnel oscuro. ¿Qué va a pasar?

 

Donald Trump rompió todos los paradigmas bajo los cuales se organizaba el mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El modelo económico de Bretton Woods, que fue vigente hasta 1972, cuando empezó a cambiar el orden económico que dieron lugar al Consenso de Washington y la rigidez fiscal. El libre comercio era credo, y la globalización una realidad. Los países se volvieron interdependientes, con lo cual también se fue calentando la Guerra Fría, que terminó con el colapso de la Unión Soviética y la caída del Muro de Berlín, que acabó con la necesidad de un armamentismo alocado para disuadir al enemigo de atacar. Nadie ganaría en una Tercera Guerra Mundial, que traería consigo el invierno nuclear.

 

Este era el mundo antes de Trump. Después de 18 meses de campaña presidencial y la victoria que lo llevará este viernes a la Casa Blanca, el mundo es diferente. El libre comercio no es lo que lo inspira, sino el proteccionismo. La globalización cedió el lugar, en su visión, al parroquialismo y los microsistemas de desarrollo. Han cambiado todos los referentes. Lo que había sido el largo camino por la equidad y el respeto de género, fue pisoteado por Trump, quien demostró que a mujeres y hombres no les preocupa que abuse sexualmente de las mujeres y las maltrate. Lo mismo de los discapacitados, a quienes pudo humillar sin pagar costos.

 

Dos pilares de la democracia, la prensa libre y la transparencia, fueron atropellados por su talante dictatorial. No le importan los conflictos de interés, sino los estimula, ni que el equipo de gobierno que está armando camine en sentido contrario de todo: su procurador, es racista; quien verá el medio ambiente, dice que es mentira el calentamiento global; el que encabezará los organismos regulatorios quiere la desregulación; a quien piensa llevar a la Suprema Corte de Justicia, está en contra de la despenalización del aborto; el responsable de negociaciones comerciales, piensa que los tratados de libre comercio no sirven. Quien encabezará la diplomacia, es un querubín de Moscú y odia a los chinos; el responsable de las finanzas, evade impuestos.

 

El trauma colectivo, le dijo en noviembre pasado a la revista The Atlantic, Jack Saul, director del Programa de Estudios Internacionales de Trauma con sede en Nueva York, “es una experiencia compartida de amenaza y ansiedad en respuesta a eventos continuos o súbitos que implican alguna amenaza al sentimiento básico de pertenencia en una sociedad. Usualmente es una disrupción del orden social y moral”. Ese trauma, según Saul, no se debe únicamente a lo que ya sucedió, sino a la percepción de lo que vendrá. En México, ya sucedió que un amenazante tuit de Trump hiciera que el peso cruzara la barrera de los 21 pesos por dólar. El temor a lo que vendrá es como el Armagedón.

 

En los últimos días se han comenzado a ver reacciones para anteponerse a la ansiedad. Dos empresas dijeron que cancelaban sus órdenes de automóviles estadunidenses, que fue la primera acción concreta al mensaje que ha circulado en las redes sociales desde hace más de un mes, donde invitan a los mexicanos a no comprar ningún producto de esa nación y volcarse a los productos mexicanos. Las primeras acciones defensivas de empresas, canalizaron los temores hacia propuestas belicosas. Boicots a todo lo que tenga la marca estadunidense, y protestas permanentes para expresar el malestar con Trump y lo que representa.

 

La ansiedad por el advenimiento de Trump es resultado de la ansiedad de muchos estadunidenses –no tantos como los que votaron por Hillary Clinton, pero 107 mil suficientes para darle la victoria en el Colegio Electoral- por pérdida de trabajo, por su bienestar, por el terrorismo, combinado con la insatisfacción con el status quo. Muchos de los acontecimientos que sucedieron el año pasado –la victoria de Trump como el Brexit y el crecimiento de la extrema derecha en Europa-, escribió recientemente José Antonio Fernández, presidente del Consejo de Administración de FEMSA, no son más que una manifestación de la transición que vivimos hacia una modernidad líquida, y que conlleva grandes movimientos constantes, así como cambios de paradigmas.

 

En esa modernidad líquida, desarrollada en un libro de 1989 por el recientemente fallecido sociólogo polaco Zygmunt Bauman, no hay vínculos permanentes, y todo lo que nos rodea es desechable, incluidas las relaciones humanas, que son contingentes y fácilmente mutantes. “Ante este entorno mundial y local”, agregó Fernández, “¿qué podemos hacer? ¿Debemos adaptarnos y sobrevivir? ¿Aferrarnos al pasado, a lo sólido, o contribuir a crear la realidad que anhelamos, aprovechando la nueva época que vivimos?”. Bauman lo sugiere: hay que reinventarse. ¿Resolverá la ansiedad? Quién sabe. Lo que sí, es que dará una dirección a lo que en estos días no tiene rumbo.

 

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Gabinete roto

Raymundo Riva Palacio | Martes 17 de enero, 2017

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

En uno de los momentos internos y externos más inciertos y complejos que ha vivido un presidente mexicano en los tiempos modernos, Enrique Peña Nieto se encuentra en el peor de los mundos por una razón: su gabinete está roto. No hay cohesión al interior de su equipo, sino rivalidades. No hay colaboración real, sino empujones. No hay fluidez en las relaciones, sino obstáculos. La comunicación no es fácil, sino forzada. La unidad que ha pedido el presidente a los mexicanos es inexistente en su equipo. Sin unidad interna, sin la homogeneidad que requiere para enfrentar los desafíos que se presentan, Peña Nieto no tiene ninguna posibilidad de salir adelante. El país lo hará, porque es mucho más grande que sus presidentes, pero él no terminará bien si se mantiene por la misma ruta.

 

La división en el gabinete es pública y cada vez se socializa más. La lucha se remonta a poco más de dos años, cuando chocaron los secretarios en los cuales se apoyaba el presidente para gobernar, el de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el de Hacienda, Luis Videgaray. Osorio Chong siempre envió mensajes de que eso no era real y que la relación con Videgaray se encontraba en muy buenos términos. En el campo contrario, tardaron poco tiempo en comenzar a quejarse de las cosas que hacía el equipo de Osorio Chong, alarmados por los crecientes negocios en los que se estaba involucrando el hermano del secretario de Gobernación, Eduardo, sin que le pusiera un alto su familiar.

 

La salida de Videgaray del gabinete en septiembre realineó el poder hacia el secretario de Gobernación. Varios miembros del gabinete ya habían visto lo pesado de su mano. El secretario de Educación, Aurelio Nuño, fue humillado por Osorio Chong cuando se agudizó la crisis de los maestros disidentes y lo eliminó completamente de la negociación. El gobernador de Campeche, Alejandro Moreno, hombre del secretario, estuvo a punto de agarrar a golpes a Nuño en una de esas reuniones que convocan para festejar al presidente los gobernadores priistas, y sólo lo evitó la intervención del gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, y del secretario de Salud, José Narro, quien rodó por el suelo en su intento por evitar el pleito. La molestia de Osorio Chong con Nuño ha sido muy acentuada, aunque no se sabe si es algo personal entre ellos, o en él somatiza las molestias con el sector técnico del gabinete.

 

Sin Videgaray en el escenario, el gabinete se reacomodó. La secretaria de Desarrollo Urbano, Rosario Robles, tomó partido por Osorio Chong, quien hizo a su inexperta hija Mariana Moguel, líder del PRI en la ciudad de México. Robles, lastimada fuertemente por Videgaray y el equipo hacendario por su mala gestión administrativa en Desarrollo Social, comenzó a trabajar por el secretario de Gobernación hacia la sucesión presidencial. Mientras tanto, cada vez que aparecía en las encuestas el crecimiento de un potencial adversario de Osorio Chong como candidato del PRI, el secretario beneficiado en la opinión pública encontraba en el titular de Gobernación frialdad en el trato.

 

Las divisiones se fueron dando en función de la sucesión presidencial y llegaron a extremos, como al terminar el evento que sostuvo Peña Nieto con burócratas el primero de diciembre, fue muy notorio que varios secretarios de Estado ni siquiera se saludaron, y cuando terminaron las actividades se fueron como llegaron, en grupos que no interactuaron en absoluto. Al terminar 2016 y arrancar 2017, la Secretaría de Gobernación abandonó por completo a la Secretaría de Hacienda frente al impacto social del gasolinazo. En el despacho del secretario José Antonio Meade se instaló un cuarto de guerra desde donde junto con los subsecretarios Miguel Messmacher y Vanessa Rubio, así como el director de Pemex, José Antonio González, hablaban con gobernadores y empresarios para explicar las razones de la liberalización, mientras que las llamadas a Bucareli, de Hacienda o de los estados, nunca fueron respondidas. Una semana dejó Osorio Chong que se hundiera Meade en el descrédito popular—un aspirante menos en la carrera presidencial.

 

Los conflictos dentro del equipo peñista se perciben en varios campos. La semana pasada se publicó en un periódico que responde a los intereses de Osorio Chong, un informe de la Policía Cibernética donde se referían las cuentas en redes sociales desde donde supuestamente se atizó la inestabilidad por el gasolinazo, en donde señalaban como principales autores a Andrés Manuel López Obrador y a varios de sus principales gladiadores. El comisionado nacional de Seguridad, Renato Sales, de quien depende la Policía Cibernética, dijo que él no conocía ese informe ni había ordenado que se hiciera. La veracidad del documento fue verificada por varios periodistas que hablaron con los subalternos de Sales, quien no pertenece ni al grupo de Gobernación ni al del eje Hacienda-Relaciones Exteriores. El informe desvió la atención que entre los verdaderos instigadores de las protestas se encontraron organizaciones campesinas vinculadas al PRI, así como Antorcha Campesina, también de origen tricolor.

 

El regreso de Videgaray al gabinete generará más tensión, porque una vez más se reacomodarán los grupos dentro del gabinete en la única lucha clara que tienen: la candidatura presidencial. Lo inverosímil de todo esto es que el presidente Peña Nieto lo tolere y, con su omisión, lo avale. Pero así lo desea, sabrá que quien pague por todo será él, no sus secretarios.

 

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Videgaray, el primer ministro

Raymundo Riva Palacio | Lunes 16 de enero, 2017

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

 

Los ajustes en la Secretaría de Relaciones Exteriores han sido jugadas de ajedrez, pero sobre tableros diferentes. Pasada la ola de reacciones por el nombramiento de Luis Videgaray al frente de la Cancillería, la forma como rápidamente se fue articulando la política interna y la externa a partir de su regreso al gabinete ratifica dos cosas: que Videgaray, como lo ha sido desde el día uno del gobierno de Enrique Peña Nieto, es el único secretario que nombró de manera autónoma a su equipo, sin injerencia presidencial, lo que nos lleva al segundo alegato, que su jefe en Los Pinos lo necesita más a él que viceversa, por una razón que ha quedado manifiesta, la necesidad del presidente de tener quien le haga el trabajo que él no puede ni quiere, y tener una especie de primer ministro que gobierne.

 

La renuncia de Videgaray como secretario de Hacienda por el desgaste político derivado de la visita de Donald Trump a Los Pinos, no provocó la acción que se esperaba de Peña Nieto al quedar roto el diseño original de operación política sustentada en dos pilares, Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, y Videgaray. Fuera este del gabinete, se rompió el equilibrio y Osorio Chong asumió un poder y control absoluto sobre el gobierno, ante la indisposición del presidente por, en las condiciones nuevas que se presentaban dentro de su equipo, cambiar el modelo de operación y asumir el control total del gobierno. Peña Nieto no lo hizo porque la Presidencia lo ha mostrado desidioso.

 

Esta característica no es algo que se vea fácilmente, al inundar de propaganda oficial los medios de comunicación y preparar de manera regular eventos escenográficos donde él es el centro de la atención. Sin embargo, la realidad es otra. Por ejemplo, no es afecto a convocar reuniones de gabinete, y pasan semanas sin que se realicen. Es usual que en ellas se excuse al poco tiempo de haber comenzado, pedirles a los secretarios que discutan y resuelvan para que le informen, y regresar cuatro o cinco horas después para ver lo que han hecho, lo que es un comportamiento absolutamente anómalo en comparación con sus predecesores. Le gustan también los fines de semana largos, que pueden comenzar los jueves al terminar una gira, donde en lugar de regresar a Los Pinos para continuar trabajando, toma un avión hacia el Pacífico para jugar golf desde el viernes, o le dedica las tardes a las larguísimas sobremesas y tertulias.

 

Al no cambiar sus debilidades y asumir plenamente el cargo de jefe del Ejecutivo, Osorio Chong tampoco ocupó el lugar de presidente adjunto o primer ministro cuando se fue Videgaray. El secretario de Gobernación, por lo que se vio a través de sus acciones, encontró la pista despejada para la sucesión presidencial –su equipo comenzó a comportarse consecuentemente-, y en lugar de meter las manos para quitarle presión al presidente, se cuidó. El episodio del gasolinazo es el mejor ejemplo. A finales de año no había nadie en Gobernación para atender las preocupaciones de los gobernadores y cuando iniciaron las protestas, Bucareli calló. Cuando alguien abrió la boca, fue el subsecretario de guardia, responsable de las cárceles, y nadie más. Hasta que el presidente reapareció, él también dio la cara, pero cuidando que ninguna declaración le atrajera crítica o lo colocara en el centro del debate público.

 

Un botón ilustrativo de cómo actúa el secretario lo dio Martha Anaya en su columna “Alhajero” el 11 de enero, donde transmitió su postura. “El presidente estaba informado de todo lo que sucedió –escribió Anaya-… Miguel Ángel Osorio Chong hablaba con él todos los días.  Y no sólo una vez, sino varias veces durante el día. Pero no sólo eso. Desde antes de que se tomara la decisión del aumento… desde el área política se advirtió lo que podría sobrevenir. ¿Qué pasó entonces? Pues que desde un principio se desestimaron las advertencias. No se tomaron en cuenta las opiniones desde la perspectiva política y social… ‘No quisieron ver, ni oír ninguna otra argumentación’, aducen. ‘Vaya, ni siquiera puede decirse que los tecnócratas se impusieron porque a Osorio ni lo consideraron’.”

 

Anaya ubicó el contexto de este mensaje en el quiebre del gabinete. Videgaray no tenía ni una semana de haberse reintegrado al equipo peñista y reinició la lucha pública. Osorio Chong no se sintió cómodo con el regreso de su antiguo amigo, por lo que dejó ver su lenguaje de cuerpo. Hace tiempo, de acuerdo con funcionarios en Los Pinos, había perdido la confianza del presidente, quien sin embargo parecía su rehén. El regreso de Videgaray es la recuperación de ese espacio perdido que Peña Nieto, extrañamente, no tomó, como jefe del Ejecutivo.

 

A su regreso, Videgaray movió sus alfiles. Sacó del sector hacendario al equipo compacto que necesitaba y movió las piezas para la prioridad por razones de tiempo ante el inicio incierto del gobierno de Donald Trump. Cambió al embajador de México en Washington e incorporó a su íntimo amigo –y doble compadre-, Gerónimo Gutiérrez, cuya experiencia en el campo de la relación bilateral y conocimiento amplio de comercio, desarrollo y seguridad, hizo que se recibiera bien en la sociedad política. Sus primeras acciones dieron certidumbre y volvieron a mover el péndulo en el gabinete. Videgaray reasumió el poder real dentro del gobierno peñista, casi seis meses después de que su gabinete, por omisión, se rompió y el presidente se pasmó.

 

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La mano dura de Trump

Raymundo Riva Palacio | Viernes 13 de enero, 2017

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

 

El presidente Enrique Peña Nieto dijo ante embajadores y cónsules mexicanos que “el mundo” estaba esperando la respuesta de México a Donald Trump, y su posición frente al próximo presidente de Estados Unidos. La revisión de la prensa extranjera refleja que no fue así. La visión etnocéntrica de su papel en el mundo no se corresponde con la realidad. Las preocupaciones están en otro lado, y la postura mexicana sobre los dichos de Trump es secundaria en su orden de prioridades. México no está en el eje de la atención global, aunque sí está muy presente en lo que será el próximo gabinete de Trump, quien a través de la construcción de un muro a lo largo del Río Bravo, ha definido la relación bilateral.

 

La línea conductora se ha podido ver esta semana en las audiencias en el Senado para la ratificación de varios secretarios de Estado. El miércoles, por ejemplo, le preguntaron los senadores al general John F. Kelly, nominado a secretario de Seguridad Territorial en el cuestionario previo a su audiencia: “Si es confirmado, ¿cuáles serían sus más altas prioridades?”. Kelly respondió: “Cerrar la frontera al movimiento ilegal de personas y cosas. Sin embargo, no podemos jugar a la defensiva. La seguridad de la frontera comienza mil 500 millas al sur del Río Grande (Bravo) en las junglas de América Latina y sube al istmo Centroamericano y a la frontera de México y Guatemala, y de ahí a todo lo largo de México”.

 

Kelly, que fue jefe del Comando Sur de Estados Unidos, que se ocupa de América Central y la parte norte de la región andina en América del Sur, pero que interactuó con las Fuerzas Armadas y los servicios de inteligencia mexicanos dentro del Comando Norte –bajo cuyo paraguas están México y Canadá-, agregó: “En mi opinión, la amenaza número uno a esta nación es que no tenemos control de nuestras fronteras. Sin control, cada una de las otras amenazas, drogas, emigrantes ilegales, contrabando y farmacéuticos, enfermedades, terroristas y otros en la lista, pueden entrar cuando quieran, y es lo que hacen”.

 

El testimonio de Kelly fue un día antes que el presidente Peña Nieto respondiera a Trump sobre el muro. Le habría ayudado a su equipo haberse dado cuenta de las afirmaciones del general, que por lo demás son públicas y se pueden acceder a través de la página del Comité de Seguridad Territorial del Senado, para poder elaborar una respuesta concreta y directa a las preocupaciones del equipo de Trump. Por ejemplo, a la pregunta de los senadores sobre cómo planeaba enfrentar los desafíos que señaló, el general respondió:

 

“El principal reto es nuestra frontera insegura. Las organizaciones trasnacionales criminales obtienen ganancias masivas de contrabandear gente, bienes, cosas, armas y dinero en efectivo hacia y desde Estados Unidos. Es una tendencia alarmante ver cómo han penetrado nuestra sociedad, mientras que las bandas suramericanas han emigrado hacia el norte y más y más están controlando la importación y distribución de bienes ilegales directamente en las ciudades, los vecindarios y los pueblos pequeños de Estados Unidos”.

 

La falta de información del presidente sobre el testimonio de Kelly le impidió empatar objetivos comunes –que habría sido oxigenante para la tóxica discusión con Trump-, e incurrir en respuestas a desafíos que no van a suceder, como la deportación masiva de mexicanos, para lo cual anticipó que buscará que este tipo de acciones se realicen en forma escalonada y coordinada. Kelly aclaro que no serán deportaciones del tipo que mencionó Peña Nieto un día después de su testimonio, sino que se enfocarán a criminales, que definió como aquellos que han cometido un delito en Estados Unidos o reincidentes al cruzar la frontera sin documentos. Redadas y deportaciones masivas, como teme Peña Nieto, no está en su plan. Algo que no termina de entenderse en México después de un año de discusión, es que la migración indocumentada es vista por Trump no como un tema único de relación bilateral, sino dentro del contexto de la seguridad nacional.

 

Kelly y los senadores ubicaron la migración dentro de estos parámetros, como parte del temor que tienen que a través de la frontera con México ingresen terroristas con armas biológicas. “¿Cómo ve las relaciones de Estados Unidos con México con respecto a la seguridad fronteriza? En particular, describa los pasos que ha tomado México para asegurar su frontera con Guatemala y cómo ha jugado el gobierno mexicano para frenar la migración de Centroamérica”, le preguntaron los senadores. “México ha tomado medidas para asegurar su frontera sur y hay ayudado a frenar la migración centroamericana. Desgraciadamente, no han sido suficientes”, dijo Kelly.

 

“Estados Unidos, México y los gobiernos de América Central deben colaborar para asegurar la seguridad colaborar transversalmente en diplomacia pública, comunicaciones estratégicas, alerta operativa, seguridad fronteriza y reforzamiento policial para disminuir la crisis. Ya estamos trabajando con los mexicanos, que junto con los guatemaltecos se coordinan con los Comandos del Norte y del Sur. Me abocaré a acelerar y expandir la cooperación”.

 

Ante las definiciones de Kelly, el presidente volvió a perder una oportunidad para probar que hay más puntos de coincidencia con el equipo de Trump que discrepancias. Peña Nieto no está viendo todo el espectro de lo que viene con Trump y reaccionando a sus estertores sin analizar las cosas. Su equipo no le ayuda, como el no haber registrado las audiencias para reformular su discurso. Peña Nieto no puede mostrar la debilidad que exuda ante Trump, pero menos aún verse ignorante de lo que está sucediendo en Washington.

 

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Trump pondrá a bailar a Peña

Raymundo Riva Palacio | Jueves 12 de enero, 2017

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

Donald Trump se burló del presidente Enrique Peña y de México. El gobierno es nice, su gente es nice. Son tan buenos, que pagarán por el muro que va a buscar se construya tan pronto como arranque su gobierno dentro de ocho días. Son tan buenos los mexicanos, que tendrán que aguantar que las empresas que fabrican cualquier producto o componente exportado a Estados Unidos aprovechando las ventajas del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, pague un impuesto fronterizo por hacerlo, con lo que tendrá en sus manos la decisión de manufacturar lo que quieran en este país, pero les costará más. Trump, condescendiente y paternalista, anticipa que el presidente Peña Nieto y a quien le pongan enfrente para negociar lo que sea, bailará a su ritmo.

 

No es culpa de ellos, el gobierno de Peña Nieto o México, dijo Trump, pero pagarán por lo que los políticos en Estados Unidos no impidieron: que las ventajas fiscales que se dieron en México para las empresas que se benefician del TLCAN, sigan aprovechándose de esos incentivos. Trump no había dado una conferencia de prensa desde hace siete meses y este miércoles, en su torre en la Quinta Avenida en Nueva York, habló con la prensa durante 76 minutos, y al final, el presidente electo fue exactamente el mismo que el candidato a la Presidencia, altanero, beligerante y soez. Su discurso sobre México no ha cambiado, sino se ha endurecido. Sólo Peña Nieto y su canciller Luis Videgaray, piensan lo contrario.

 

La gran idea estratégica de hablar con Trump para tomar un atajo en caso que el republicano fuera electo presidente, porque de esa manera podrían explicarle directamente la complejidad de las relaciones bilaterales y modificaría el tono de su discurso, ha vuelto a probarse equivocada. Trump no iba a cambiar su forma de ser y actuar por el hecho de ser invitado con honores presidenciales –sin salva de honor y ceremonia de los himnos- en Los Pinos, porque no está formado como político, sino como un empresario pragmático que va acomodando sus fichas en función de sus intereses. Un político requiere mostrar certidumbre en sus interacciones y no ser una bala perdida impredecible.

 

Pensar, como lo hicieron Peña Nieto y Videgaray, que organizó la visita en agosto, que podían confiar en Trump, fue ingenuo. Cuatro horas después de despedirse de Peña Nieto en Los Pinos, Trump insistió que México pagaría por el muro. Lo reiteró belicosamente este miércoles. Recordar el pasado es para evitar que vuelvan a cometer errores en el presente. Sin embargo, la negación en el equipo compacto del presidente es absoluta.

 

Después de la avalancha de opinión pública negativa por la invitación, un secretario de Estado muy cercano a Videgaray justificó que después de la visita, Trump sí había cambiado su discurso. No quería ver la realidad. No es seguro que todavía perciban que van a lidiar con un presidente que no oculta el desprecio por quienes ve débiles o inferiores, que es la forma como se refiere a Peña Nieto. Sin concesiones y directo. Qué pensará el canciller que recién declaró que Trump es un hombre muy amable que siempre ha negociado, con lo que sugirió que cuando arranquen las pláticas bilaterales formales, las cosas no serán como se ven fuera del grupo en el poder.

 

Para México, Trump es un torbellino. Durante su conferencia de prensa, el mercado de cambios se volvió loco. El dólar llegó a 22.31 pesos y se estabilizó en ventanilla en 22.20, con lo cual fue la peor moneda en comportamiento después de la lira turca y el peso colombiano. En el mercado de futuros de Chicago, la cotización del dólar la ubicaron en 23.21 pesos. La turbulencia se debe a la incertidumbre sobre qué va a pasar una vez que asuma la jefatura de la Casa Blanca. En la víspera, Videgaray dijo que no habría forma, por razones de “dignidad y soberanía nacional”, que México pagaría por el muro. Un día después, Trump respondió sin dirigirse al canciller al asegurar onomatopéyicamente, que el financiamiento mexicano al muro estaba fuera de duda, y además reiteró lo que piensa hacer para que más empresas empiecen a empacar sus cosas en México y se instalen en Estados Unidos.

 

La disonancia de los discursos es notable, sin que se escuchara en la parte mexicana la sonoridad de Trump. El presidente Peña Nieto tuvo la oportunidad de responder durante el discurso del cierre de la reunión anual de embajadores y cónsules mexicanos, donde reiteró que México no pagará el muro, pero no elaboró cómo va a impedir que el nuevo jefe de la Casa Blanca imponga un impuesto fronterizo. Lugares comunes y posiciones principistas de una política exterior que perdió esa fuerza cuando decidió ser parte de la alianza norteamericana, fue la respuesta de Peña Nieto a los gritos con acciones claras que planteó el estadunidense horas antes. Ante las amenazas de Trump a las empresas que invierten en México, mediante el amago de impuestos especiales –que irán de 12 a 35%-, Peña Nieto dijo que se defenderán las inversiones, sin abandonar el terreno de la ambigüedad.

 

No es con buenas intenciones como va a enfrentar a Trump con éxito. Tampoco es con enunciados y generalidades. Construir una buena relación con Estados Unidos es lo mismo que busca Trump. El cómo es la diferencia. Peña Nieto no mostró ninguna arma política ni diplomática. Trump cargó sus cañones. La defensa mexicana no augura un buen año.

 

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Tomas de decisión

Raymundo Riva Palacio | Miércoles 11 de enero, 2017

AYUDA DE MEMORIA | Escribe Raymundo Riva Palacio

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1ER. TIEMPO: La noche del 23 de marzo de 1994. A la hora del crespúsculo Mario Aburto le disparó dos tiros a Luis Donaldo Colosio, el candidato del PRI a la Presidencia. El atentado en Lomas Taurinas, en Tijuana, fue conocido casi inmediatamente en todos lados. Los periodistas que cubrían esa etapa de su campaña presidencial reportaban a sus redacciones informaciones alarmantes sobre lo que trascendía del hospital: Colosio no sobreviviría, y si fuera así el caso, su cerebro quedaría irreversiblemente dañado. En la Ciudad de México, el presidente Carlos Salinas, quien durante casi 15 años construyó y diseñó la carrera política de Colosio, convocó a su primer equipo a Los Pinos. Mientras tenían la confirmación sobre el estado de salud del candidato, comenzó a trabajar en dos frentes, el político, que él atendería directamente, y el económico, que vería el secretario de Hacienda, Pedro Aspe. Desde 1928, cuando asesinaron a Álvaro Obregón, no se vivía un momento de esa naturaleza, por lo que no había experiencia en su manejo. Salinas despachó como sus ojos y oídos a un íntimo de Colosio, el gobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones, para que recogiera la información de manera directa y le reportara inmediatamente. Despachó a su procurador general, Diego Valadés para que atrajera la investigación. Empezó entonces la operación nocturna cuyo objetivo era evitar una desestabilización y una crisis económica. Todos los sistemas de seguridad del país fueron puestos en alerta y se abrieron líneas de comunicación con puntos estratégicos, como la Embajada de México en Washington, para mantener informado al Departamento de Estado. Aspe, que había acordado con Salinas que al día siguiente no abrirían los mercados para evitar que la incertidumbre provocara pánico y se generara fuga de capitales y una devaluación, se comunicó con el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Lloyd Bentsen, para informarle lo que estaban haciendo y pedirle que hiciera una declaración de respaldo a México, con lo cual mandaría un mensaje a los mercados internacionales. Así lo hizo Bentsen. Los mercados no abrieron. Se contuvo la fuga de capitales y el tipo de cambio. Las campañas pararon y la clase política guardó luto. Desde la confirmación de la muerte de Colosio lo que urgía era quién lo sustituía. Salinas exploró opciones y habló con los líderes de la oposición para ver si aceptaban una modificación constitucional y permitían que Aspe fuera candidato. Se decidió por el director de Pemex, Francisco Rojas, pero su asesor, José Córdoba, lo persuadió para que fuera el coordinador de la campaña de Colosio, Ernesto Zedillo. La crisis se evitó. El duelo vendría después.

 

2O. TIEMPO: El error de diciembre. A menos de un mes del cambio de gobierno, Luis Téllez, emisario del presidente electo Ernesto Zedillo, le transmitió al presidente la petición que devaluara. Que fuera su gobierno el que pagara el costo de la crisis de los Tesobonos que venía —al no haber suficientes fondos para cubrirlos—, y no el nuevo gobierno. Salinas se lo planteó a Pedro Aspe, el secretario de Hacienda, quien no sólo dijo que no, sino que amenazó con renunciar si se decidía devaluar. Aspe le pidió a Zedillo mantenerlo un año en Hacienda para manejar la crisis de los Tesobonos, y le extendió una carta de renuncia posfechada como garantía de su palabra. Zedillo le ofreció Comunicaciones y Transportes en cambio, pero la rechazó. El secretario de Hacienda sería Jaime Serra Puche, quien se encontró con la crisis de los Tesobonos, como sabían, el 19 de diciembre de 1994. Serra Puche llamó a los banqueros a su oficina para decirles que al día siguiente se subiría la tasa de cambio fija en 15%, con lo cual el dólar se vendería en cuatro pesos en lugar de 3.40. Algunos banqueros en la reunión, con información privilegiada, fueron a los bancos a ordenar la protección de sus posiciones en dólares, con lo que desde la madrugada del 20 comenzó la fuga de capitales. Como no podían mantener esa tasa, se dejó flotar libre al peso, con lo que la cotización llegó a 7.20 pesos por dólar. Zedillo despidió a Serra Puche, y nombró como sustituto a Guillermo Ortiz. El gobierno de Estados Unidos entró a un primer rescate de Zedillo comprando pesos en el mercado para frenar la devaluación, mientras el presidente Bill Clinton recibía del Congreso el rechazo a un paquete financiero de emergencia. Frente a esto, Zedillo envió a Ortiz y a Téllez, su jefe de Oficina, para hablar con el Tesoro y la Casa Blanca. Téllez les dijo que no era un tema sólo económico, sino de seguridad nacional. Ortiz le dijo al nuevo secretario del Tesoro, Robert Rubin, que si no los respaldaban financieramente para darles el espacio para hacer las correcciones, tendrían que suspender el pago de su deuda, con lo cual se crearía una nueva crisis financiera internacional. Para que no tuviera dudas, Ortiz le mostró el decreto de moratoria que tenía listo Zedillo. Clinton tomó entonces una acción ejecutiva para un paquete de rescate de 50 mil millones de dólares. No hubo crisis financiera mundial, y de una caída de más de 6% en el PIB en 1995, terminó el sexenio con el mejor crecimiento de los últimos 17 años.

 

3ER. TIEMPO. El gasolinazo. Desde hace más de un año se anunció que a partir de 2018 se liberaría el precio de las gasolinas. Antes de enviar el presupuesto para 2017, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, le anticipó a los diputados priistas que pedirían adelantar para el 1 de enero de 2017 esa acción. Así sucedió y en el Congreso todos los partidos, salvo Morena, votaron por ello. Desde mediados de diciembre el presidente Enrique Peña Nieto sabía que el gasolinazo iba a ser impopular, pero decía que era indispensable. En la última semana de diciembre, el gobierno cerró sus puertas para irse de vacaciones. El único que pareció haberse quedado a administrar el gasolinazo fue el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, quien trató de explicar la medida cuando el aumento a los combustibles desató una protesta por todo el país. Organizada y espontánea, la indignación nacional creció y afectó el aparato productivo, generando cientos de millones de pesos en pérdidas para el comercio, que se vio afectado por los saqueos que acompañan siempre a una molestia social porque les golpearon el bolsillo. Con toda la violencia en las calles, el responsable de la seguridad interna, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, siguió de vacaciones, aunque un vocero le dijo a un periodista que seguía muy de cerca los eventos. El Presidente también se quedó vacacionando y regresó a la escena pública hasta el miércoles, para anunciar dos ajustes en su gabinete. Cuando finalmente se refirió directamente al gasolinazo, en el mensaje de Reyes, le echó la culpa al gobierno de Felipe Calderón y al alza de los precios de petróleo. Después enfiló contra grupos políticos que dijo buscaban sacar partido y contra sus aliados del Pacto por México. Repartió culpas por todos lados, salvo a su gobierno, y preguntó a los mexicanos qué hubieran hecho de haber sido ellos los responsables de tomar esa decisión. En la segunda semana de protestas presentó un plan para fortalecer la economía y la de las familias, preparado al vapor en cuatro días y sin haberlo consensuado con quien lo suscribirían. El resultado fue que algunos de quienes debían firmar, lo rechazaron. La crisis avanzó.