Secuestros de alto impacto

Raymundo Riva Palacio | Martes 31 de mayo, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

De la nada, el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, dijo ante representantes para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea, que México ya no confrontaba al crimen, sino que estaban generando “entornos de armonía en el mediano y largo plazo, a partir de un tejido social fuerte y oportunidades efectivas para el desarrollo individual y colectivo”, como la solución a la inseguridad. Sus palabras se colapsaron rápidamente al mostrar el domingo lo hueco y fallida que es la estrategia contra la delincuencia que dirige Osorio Chong, con el secuestro del futbolista Alan Pulido en Tamaulipas que desató una reacción nacional e internacional, porque es una de las estrellas del club Olympiakos de Grecia, y volvió a poner en entredicho al Gobierno mexicano.

 

Las palabras de Osorio Chong son preocupantes, pero la realidad neutraliza los temores. Preocupa porque en las condiciones de violencia que arrastra México desde hace años, la estrategia que dijo ante los europeos sólo podría tener éxito si de por medio hubiera un pacto con los criminales. Para su fortuna –aunque políticamente es su infortunio-, es tal el desastre de la política de seguridad pública, que no se puede plantear objetivamente que el Gobierno Federal haya pactado con criminales. El secuestro de Pulido pulverizó las palabras del Secretario de Gobernación y enfatizó cómo la seguridad en México se ha deteriorado durante el Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto.
El discurso oficial dice que las cosas van por buen camino, pero la información pública indica lo contrario. Lo que le pasó a Pulido es ejemplo de la desarticulación de la política de seguridad gubernamental. Tamaulipas es una de las entidades donde más vigilancia federal hay, y el Ejército coordina las acciones en el Estado. De manera coyuntural, a una semana de las elecciones, la presencia federal había sido reforzada. En las últimas semanas también se habían incrementado las denuncias de la intervención del Cártel del Golfo en el proceso electoral, pero aún así, ante los ojos de todos, metafóricamente hablando, se cometió este secuestro de alto impacto y lo trasladaron a una casa de seguridad en el centro de Ciudad Victoria.
De acuerdo con las informaciones preliminares del secuestro, el automóvil de Pulido, donde viajaba su novia, fue interceptado por varias camionetas pasada la medianoche del sábado, después de salir de una fiesta en un rancho. A ella la liberaron rápidamente, lo que sugiere que sabían quién era su víctima, y se sentían tan cómodos entre las lagunas de la vigilancia federal, que podían moverse en convoyes. Los refuerzos federales y estatales no sirvieron de mucho para impedir el crimen contra alguien tan prominente ante la opinión pública. Una vez más, como ha sido a lo largo del sexenio, la retórica fue aplastada y las acciones tuvieron que ser reactivas y a contra corriente.
 
Un inverosímil descuido del único vigilante de Pulido durante su breve cautiverio, le permitió al futbolista marcar el 066 de emergencia –increíble también que sus secuestradores no lo despojaran de su celular-, que permitió ubicarlo atrás del edificio de Tránsito en Ciudad Victoria y rescatarlo. Si la versión es cierta, fue un golpe de suerte y no, como dijo el comisionado de la Policía Federal, Enrique Galindo, resultado del esfuerzo coordinado entre las fuerzas de seguridad. Lo valioso de la mentira de Galindo es que muestra a plenitud las trampas del discurso gubernamental. Las afirmaciones del Secretario de Gobernación son el claro ejemplo de que la forma como esta administración aborda y pretende controlar el tema de la inseguridad es a golpe de declaraciones y propaganda. Todo es positivo aunque sea negativo; todo es resultado del trabajo coordinado aunque sea producto del azar. 
 
Las palabras triunfalistas que repiten, no se sostienen ante la realidad. Los resultados de la Tercera Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental que dio a conocer el INEGI la semana pasada, revelan que la principal preocupación de los mexicanos es su seguridad, o la falta de ella en el país. Aunque la encuesta refleja percepciones, estas no se incuban sin la existencia de los factores objetivos que llevan a construirlas, como el hecho de cuántas personas en su entorno o conocidas, han sido víctimas de un delito.
 
En las informaciones sobre el secuestro de Pulido difundidas en el mundo se registraron las críticas de ONG’s mexicanas sobre los datos del gobierno peñista. Los últimos que los contradicen los dio la presidenta de Alto al Secuestro, Isabel Miranda de Wallace, quien dijo que este tipo de delito ha ido al alza: sólo entre marzo y abril de este año, se elevó en 19%. Según la señora Wallace, en los tres primeros años del sexenio se registraron 6 mil 983 secuestros, a un promedio de seis por día. El sol no lo ve el Presidente porque se lo tapa el dedo de Osorio Chong. Pero restarle responsabilidad a Peña Nieto sería reduccionista. 
 
Si el Presidente insiste en pretender que la inseguridad en México no es un problema mayor para su gobierno, o fue convencido por su propia propaganda, o la realidad no es lo que lo rodea. Cuando dice que los mexicanos no comprenden lo que ha hecho su gobierno, tiene razón. Millones de mexicanos, medidos en los crecientes porcentajes de desaprobación a su gestión, piensan que su gobierno es incompetente. El secuestro de Pulido es el último botón de muestra.
 
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La corrupción de los cínicos

Raymundo Riva Palacio | Lunes 30 de mayo, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

Finalmente, justo en el límite del plazo constitucional para analizar la Ley Anticorrupción, las comisiones unidas del Congreso iniciarán este lunes el proyecto de dictamen de 827 páginas mediante el cual, que por lo que anticipó la prensa este domingo, será una versión edulcorada. Un poquito se avanza, mucho permanece en la opacidad; no hay voluntad política de los políticos para ser transparentes, y prefieren que la transparencia sea discrecional. La corrupción es un problema creciente en la molestia de los mexicanos contra sus gobernantes, y a quienes se acusa –justa o injustamente- de ser los más corruptos, los políticos, siguen edificando barreras para que no pueda ser combatida con eficacia plena y blindando a quienes, dentro de su clase, mantienen y gustan de esa práctica putrefacta. No es porque sean insensibles al grito de las calles, sino porque son parte del mismo sistema de complicidades. Así las cosas no avanzarán.

 

Decir que se comportan cínicamente no es un juicio de valor, sino una descripción. Conocen con detalle la percepción de los mexicanos sobre la corrupción y lo que piensan de la clase política. Una tarjeta informativa en el Senado elaborada el 28 de abril pasado, les dio a todos sus miembros el panorama general del fenómeno que “es un lastre por los enormes costos económicos, políticos y sociales que ocasiona en los países que la padecen con mayor agudeza”. Torcidos hasta en los detalles menores, toda la información y las valoraciones fueron extraídas sin citar la fuente original, del reporte “México: Anatomía de la Corrupción”, publicado hace un año por el Instituto Mexicano para la Competitividad y el Centro de Investigación y Docencia Económica.

 

No han cambiado los datos. Las senadoras y los senadores, saben que las inversiones caen hasta en 5% en los países con mayor corrupción y que consume el 2% del Producto Interno Bruto, porque, entre otros factores, el 14% del ingreso promedio en cada hogar mexicano, tiene que destinarse a pagos extraoficiales, como eufemísticamente llaman a la corrupción. La transferencia de estos pagos irregulares para poder seguir funcionando en un país disfuncional, explica el porqué, de acuerdo con la empresa chilena Latinobarómetro, sólo el 19% de los mexicanos están satisfechos de vivir en un sistema democrático. Por supuesto que hay razones de desprecio por la democracia, dado que quienes deberían de haber construido las instituciones en las que se apoya esta nueva forma de organización social, han incumplido con la responsabilidad.

 

Paradójicamente frente a la percepción popular, la mayoría de las instituciones democráticas de primera y segunda generación se construyeron durante los gobiernos de Carlos Salinas y Ernesto Zedillo: reformas políticas que fundaron órganos electorales, independientes y ciudadanos que abrieron la puerta a la alternancia electoral, la reforma al Poder Judicial, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, o la autonomía del Banco de México. Los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón avanzaron poco, con la reforma al Servicio Civil de Carrera y la Transparencia, mientras que en el de Enrique Peña Nieto, una de las principales características, que definirá su gobierno, es el de la opacidad y la corrupción.

 

La semana pasada el INEGI dio a conocer los resultados de la Tercera Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental, en donde la corrupción avanzó sobre el desempleo y la pobreza en el nivel de preocupaciones de los mexicanos, y se colocó en segundo lugar, detrás de la inseguridad –aunque hay vasos comunicantes entre ambos fenómenos: existe una correlación positiva entre corrupción y niveles de violencia, reflejados por el reporte del INEGI, donde los entrevistados achacaron a la seguridad pública como la principal experiencia que vivieron por cohecho. De acuerdo con la encuesta nacional, 60 millones de mexicanos consideran a la corrupción como el segundo problema que más les preocupa; casi 40 millones tuvieron incidentes relacionados con la corrupción, y alrededor de 15 millones fueron víctimas de un acto corrupto.

 

Como estableció el estudio sobre la anatomía corrupta de los mexicanos, el fenómeno no es patrimonio de la clase política. El 44% de las empresas reconoce que paga sobornos –México está en un infame segundo lugar entre los países corruptos por esta razón, sólo después de Rusia-, y que el 75% se utiliza para agilizar trámites y obtener licencias y permisos, lo que lleva a un problema estructural que estimula ese fenómeno: el exceso de trámites y la burocracia gubernamental. Sin embargo, la percepción ciudadana, que si bien reconoce actos de corrupción entre la sociedad, ubica a la clase política como la verdaderamente corrupta: 91% de los partidos políticos apestan; el 83% de los legisladores también. El 87% piensa que los funcionarios públicos son corruptos y el 90% de ministros, jueces y magistrados, también. Sobre la policía, nueve de cada 10 mexicanos los ven corruptos, aunque no tanto como los partidos.

 

Pese a toda esta información que tiene la clase política, la Ley Anticorrupción no apostará a la transparencia ni se ve urgido por iniciar un proceso de sanación política y moral. Ese no es su tema, sino seguir en las prácticas endogámicas que los tienen, vistas todas las evidencias, en desprestigio total. Si hay alguien que diga que las cosas no son así y que tampoco es insensible al grito de las calles, que demuestren lo contrario. Este lunes tiene la oportunidad.

 

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La desmemoria del Presidente

Raymundo Riva Palacio | Viernes 27 de mayo, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

¿Qué tiene el presidente Enrique Peña Nieto? ¿Le falla la memoria? ¿Miente? ¿Nunca terminó de comprender hasta dónde lo llevaría la forma como su equipo lo secuestró y lo hizo perder contacto con la realidad? Estas preguntas tienen su origen en lo que afirmó el lunes en una entrevista con La Jornada al hablar del Caso Ayotzinapa. “Nunca he logrado entender una cosa: cuándo pasó el gobierno a ser señalado, si lo único que quiso fue atraer un asunto ocurrido en una entidad, Guerrero”, dijo Peña Nieto. “El gobierno intervino para esclarecer y apoyar la investigación de qué había ocurrido, dónde estaban, cuál había sido el paradero de los jóvenes desaparecidos”. Las respuestas son claras desde el principio; su reacción es inaceptable. Una selección de textos publicados en este espacio, permiten argumentar que Peña Nieto no entendió ni entenderá que su inacción irresponsable en los primeros días es la causa de ello. Veamos:

 

1.- En la columna “La crisis de Peña Nieto”, del 13 de octubre de 2014, se apuntó: “El Presidente atraviesa por la peor crisis política de su vida pública con los actos de barbarie en Iguala, donde existía un gobierno articulado con la delincuencia organizada, que reprimió a normalistas en una noche donde murieron seis personas y se llevaron con rumbo desconocido a muchos más que aún no aparecen. Fue una violación a los derechos humanos, avalada, por su inacción, por el gobernador de Guerrero, Ángel Heladio Aguirre, que infectó políticamente al Presidente por haber intentado, erróneamente, encapsular el agravio en el estado. El mal diagnóstico en Los Pinos, lo proyectó en los últimos días como un líder sin ideas claras, dubitativo, contradictorio…

 

“El proceder de Peña Nieto se inscribe en la lógica de arranque de gobierno, donde se inocularon del discurso los temas de seguridad y violencia. Aplicar la misma receta a los actos en Iguala, fue una ingenuidad. Iguala era un escándalo el 27 de septiembre, pero escondieron al Presidente hasta el día 30, cuando en lugar de enfatizar su preocupación, se lavó las manos”.

 

2.- El 27 de octubre, en “El sexenio en 27 días”, se señaló: “La primera valoración sobre lo sucedido en Iguala fue reduccionista al soslayar que policías municipales habían atacado a decenas de normalistas de Ayotzinapa, y desaparecido a 43, en coordinación con criminales. El yerro de juicio se puede presumir fue de la asesoría política en la Presidencia tripartita con la que opera Peña Nieto, del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el jefe de Oficina, Aurelio Nuño, que lo hizo declarar que esos hechos eran responsabilidad de los guerrerenses…

 

“El segundo error de valoración fue no entender que la desaparición forzada de personas, sin importar que fueran normalistas o criminales, significa una violación de derechos humanos que puede llevar a la constitución de un crimen de lesa humanidad. Al documentarse que habían participado policías, era cuestión de horas en que se movilizaran organizaciones defensoras de los derechos humanos en el mundo. La paralización del gobierno peñista en este tema detonó la crítica internacional. La difusión en la prensa extranjera de cómo actuaron gobiernos y policías como criminales, cuestionó la eficacia de la estrategia de seguridad del gobierno federal, y puso en entredicho el Estado de Derecho”.

 

3.- El 10 de diciembre, dos meses y medio después del crimen, se publicó  “Ayotzinapa: la tormenta del Príncipe”, donde se observó: “En el equipo íntimo del Presidente piensan que la crisis social, política y económica por la que atraviesan, es una tormenta perfecta, que no deja de ser tormenta y que, por lo tanto, pasará. Aurelio Nuño, jefe de la Oficina de la Presidencia, confirmó al diario El País esa lógica y aseguró que la opinión pública no les modificará el rumbo escogido. ‘Vamos a tener paciencia en este ciclo nuevo de reformas’, dijo. ‘No vamos a ceder aunque la plaza pública pida sangre y espectáculo, ni a saciar el gusto de los articulistas. Serán las instituciones las que nos saquen de la crisis, no las bravuconadas’.

 

“Habló el Príncipe que le susurra al oído al Presidente y que es el arquitecto de su aislamiento. Pero la plaza pública no pide sangre ni espectáculo, como descalifica; exige que el gobierno gobierne y que asuma sus responsabilidades, a las que claudicó durante casi dos semanas tras la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa porque el diagnóstico que presentaron al Presidente era equivocado. Por la boca de Nuño se anticipan las acciones del Presidente. No habrá cambios, está claro… Las palabras de Nuño sugieren que en Los Pinos siguen sin darse cuenta que no se han dado cuenta”.

 

Iguala, se subrayó el 13 de octubre, aniquiló en 27 días el modelo de gestión de la gobernación del presidente Peña Nieto, enmarcado por aquellas palabras cuando dijo que era un tema que tenían que resolver exclusivamente los guerrerenses. En esos primeros días en Los Pinos, los colaboradores del Presidente estaban cegados en su endogamia. Llamaban “criminales” a los normalistas y afirmaban que la salida de Aguirre no solucionaría nada. La información que daban al Presidente estaba fragmentada y era escasa; lo tenían desinformado. Era patente el poco alcance de su equipo, y lo fallido de la gestión vertical, cerrada y encapsulada, que llevó a pagar a Peña Nieto altos costos políticos en el medio plazo e históricos en el largo. Si el Presidente aún no lo sabe, que revise aquellos días de 2014.

 

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Nalgadas para Aurelio

Raymundo Riva Palacio | Jueves 26 de mayo, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

En una monarquía, como evoca la restauración del PRI de la era de Enrique Peña Nieto, el sucesor del Presidente tendrá que ser Aurelio Nuño, su Secretario de Educación. En una monarquía priista, el Presidente no hereda a su hermano –Carlos Salinas pasó por encima de Manuel Camacho, y José López Portillo sobre Javier García Paniagua, en los casos más claros de los últimos 40 años-, sino a su hijo. Nuño, es adoptado porque incursionó en la política como asesor del Diputado Enrique Jackson hace más de una década, y recibió del actual Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, su impulso definitivo. Inteligente, Nuño voló por méritos propios, y después de observarlo durante tres años, Peña Nieto decidió que era tiempo que saliera a la arena pública, desde donde construye su candidatura. El joven Aurelio, no por razones biológicas sino por falta de kilómetros recorridos en la política, ha mostrado en la Secretaría de Educación lo mejor que ha enseñado ser: peleonero, intolerante y violento.

 

Uno de los momentos epopéyicos de su talante lo cuentan empresarios, cuando en sus tiempos de Jefe de la Oficina del Presidente, al cerrarle las puertas del despacho de Peña Nieto a quienes durante varias administraciones interactuaban regularmente con el titular del Ejecutivo, les dijo que las cosas habían cambiado en el nuevo Gobierno y que tendrían que verse las caras con él. Al protestar, a uno de ellos, según los empresarios, lo amenazó con meterlo en la cárcel. De esas anécdotas de la Presidencia peñista se escribirán algunos libros, donde seguramente se hablará de la dependencia intelectual que –además de la que tiene hace tiempo con Videgaray-, tiene de Nuño.

 

El Presidente nunca mostró alerta, mucho menos aún preocupación con lo que había hecho su delfín en el sexenio hasta esta semana, cuando al celebrar el 80 Aniversario del Politécnico, dijo que la Reforma Educativa no buscaba castigar a los profesores, sino para generar incentivos y mejorar la calidad de la educación para niños y jóvenes. “La reforma no está diseñada y vale la pena aquí subrayarlo, para sancionar a las maestras o maestros”, dijo Peña Nieto. “Está dirigida y orientada a generar incentivos para que nuestros docentes se preparen y estén en una permanente capacitación, que les ponga en mejor condición de poder inculcar una mejor educación a la niñez de nuestro país”.

 

Sutil pero claramente, el Presidente frenó la verborrea de peleador de barrio en lo que se ha convertido Nuño frente a los maestros disidentes, y sus incontables declaraciones donde los mensajes son de amenaza y represión. Los medios han retomado la retórica del Secretario, de que son una minoría, que no representan a nadie, que son unos cuántos los que lastiman a muchos. Está embalado. Después del mensaje del Presidente, no se contuvo. Afirmó que la Coordinadora, donde está la disidencia magisterial, no representa a nadie por lo cual no tiene ningún sentido hablar con ellos. La respuesta ya no fue del Presidente, sino del Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien dijo el miércoles que el Gobierno actuará con “mano firme”, que no significa “mano dura”, en las protestas que se efectúen contra la Reforma Educativa, ya que ésta “no afecta los derechos de los maestros”. La mano de Nuño es firme –la Reforma Educativa así lo requiere-, pero es muy dura.

 

El joven Aurelio tiene que entender que encabeza una de las secretarías más sensibles y de mayor potencial de agitación política. Su comportamiento ha sido incendiario. Lo hizo con la comunidad politécnica, donde el zigzagueo de sus posiciones recuerda a Penélope, que destruía por la noche lo que construía durante el día, y recurrió a la propaganda –que tanto usó en Los Pinos- para estigmatizar en una minoría de revoltosos el destino de miles de politécnicos. Lo ratificó ante la disidencia magisterial, donde no sólo ha aplicado la ley en la sanción de los maestros faltistas, lo que es correcto y procedente. Le sale su vena déspota, en la forma como frasea sus convicciones, intimidante y hostil. Tiene garrote pero nunca zanahoria. El saldo no puede ser positivo.

 

El conflicto en el Politécnico no ha cesado, y la confrontación con la disidencia magisterial no sólo se mantiene, sino que existe el riesgo objetivo de que la sistemática descalificación a la Coordinadora empiece a generar respaldos de los otros miembros del Sindicato de los maestros como una expresión de espíritu de cuerpo ante una actitud sistemática amenazante. Esta posibilidad es la que parece haber advertido el Presidente Peña Nieto en su discurso de esta semana, que ha sido desoído por su delfín. La educación es un tema sensible y explosivo que puede desbordarse fácilmente. Hay síntomas de conflicto en 16 universidades estatales, agravados por el déficit de 227 mil millones de pesos de las instituciones públicas de nivel superior, que no ha atendido la Secretaría de Hacienda. Al contrario: empeorará. Esta semana se anunció que habrá más recortes en el presupuesto del próximo año.

 

El Secretario Nuño tiene la sensibilidad de un paquidermo cuando de política y mano derecha se trata. Las llamadas de atención del Presidente y el Secretario de Gobernación no debiera ignorarlas y atender las alertas de que el entorno político no es favorable al gobierno, y que después del 5 de junio comienza en pleno la sucesión presidencial, donde el campo bajo su responsabilidad, puede ser el caldo de cultivo para potenciar el disgusto.
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Traiciones en Veracruz

Raymundo Riva Palacio | Miércoles 25 de mayo, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

¿Quién ganará la elección para Gobernador en Veracruz? Si hoy fuera la votación, de acuerdo con la encuesta en las manos de los dirigentes del PRI, la victoria sería para el candidato de la coalición PAN-PRD, Miguel Ángel Yunes. El candidato priista, Héctor Yunes, daría una fuerte pelea en las urnas, pero no le alcanzaría para derrotar a su primo hermano. El candidato de Morena, Cuitláhuac García, quedaría lejos de los punteros. Pero no se sabe, sin embargo, qué pasará dentro de dos domingos cuando sea la votación, porque se siguen peleando los candidatos en las cañerías, aunque los traidores dentro del PRI siguen sumando esfuerzos para llevar a Yunes, el azul, al Gobierno veracruzano. La desintegración de la institucionalidad priista no se había visto con tal claridad desde que los gobernadores del norte y centro del país boicotearon la campaña presidencial de Roberto Madrazo en 2006. La reedición de esta lucha, evoca aquellos años.

 

 

En Veracruz se juegan muchas cosas que tienen que ver con la sucesión presidencial en 2018. El Estado es el tercero con mayor peso electoral -después del Estado de México y la Ciudad de México-, y nunca ha sido gobernado por otro partido que no sea el PRI. Empero, en las elecciones presidenciales de 2012 el candidato Enrique Peña Nieto fue derrotado por la panista Josefina Vázquez Mota, y es donde su aprobación como Presidente, así como la de Javier Duarte como Gobernador, se encuentra en el peor nivel entre las 12 entidades donde se disputan gubernaturas. Una derrota del PRI dejaría a su abanderado presidencial con sólo una entidad, el Estado de México, de las que cuentan como los campos de batalla electoral, bajo un gobierno priista. La paradoja es cómo, en estas condiciones, hay priistas que están trabajando a favor del candidato del PAN, y que las traiciones se sepan al más alto nivel del Gobierno sin que se corrijan o haya consecuencias.

 

 

La persona que está demostrado encabeza la campaña priista contra su candidato, Héctor Yunes, es la diputada local Marisela Tovar Lorenzo, que está operando con los petroleros de Poza Rica en el norte del estado, para movilizar el voto a favor del panista Yunes. De acuerdo con personas que conocen de las operaciones de los priistas traidores, de manera muy cuidadosa se han infiltrado en organizaciones de su partido y asistido a reuniones y mítines a favor del candidato para reclutar conversos. Tovar Lorenzo, quien es de Papantla, forma parte del corredor del norte veracruzano donde el panista Yunes quiere revertir los respaldos electorales para su primo priista. ¿Hasta dónde los petroleros del norte de Veracruz están actuando con la aprobación de los líderes del sindicato? En el sur, donde Yunes el panista tiene menos apoyos, los petroleros están con Morena.

 

 

Nadie sabe para quién trabaja en Veracruz. Tovar Lorenzo, de acuerdo con veracruzanos conocedores, está operando contra el PRI en apoyo de Donaciano Cobos, que está enfrentando al enemigo de su familia, Basilio Picazo, por una diputación local. Lo irónico es que Cobos, que contiende por el Partido Alternativa Veracruzana, apoya estatalmente al priista Yunes. Los caminos que se cruzan son amplios. Otra persona que opera a favor del panista Yunes es Enrique Ampudia Melo, nacido en Hidalgo y con vieja relación con el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong y con el ex Procurador General, Jesús Murillo Karam. Ampudia Melo fue Subsecretario de Gobierno en la administración de Duarte, y más adelante su Secretario Particular. Extraña vinculación por los antecedentes. Tomó mucho poder durante los 80’s, cuando en el gobierno de Patricio Chirinos, el ex priista Miguel Ángel Yunes, su responsable de seguridad, creó un sistema de inteligencia política en la entidad, que usaba para espiar a sus adversarios, y le dio la responsabilidad a Ampudia Melo. Como griego dentro del Caballo de Troya, se vinculó hace poco a la campaña del priista Yunes, pero de acuerdo con la prensa local, fue marginado.

 

 

El corredor del norte veracruzano tiene dos soportes financieros. Uno es Tantoyuca, el municipio donde el PAN registra el mayor número de votantes de todo el país, donde el cacique es el tres veces alcalde y diputado local, Joaquín Guzmán Avilés, cuyo sobrino Jesús, es el actual Presidente Municipal. El otro es Manuel Muñoz Ganem, ex Director Administrativo del ISSSTE cuando el panista Yunes era su cabeza, y quien es considerado como su principal prestanombres. Muñoz Ganem, junto con su viejo amigo, es sujeto de una investigación de la PGR por lavado de dinero. Las articulaciones se complementan con Ricardo García Guzmán, Contralor General en el Gobierno de Duarte, cuyo hijo, promovido por el panista Yunes a funcionario del ISSSTE y diputado local, es actualmente alcalde priista en Pánuco.

 

 

Las traiciones priistas al candidato priista no son sólo coyunturales. Forman parte de esa degradación del tejido político en Veracruz, acentuado por la debacle del Gobierno de Duarte, y por la convicción en algunas oficinas del Gobierno Federal, que perder el Estado es menos costoso, pensando en 2018, que dejar que el líder del partido, Manlio Fabio Beltrones, rescate la gubernatura para el PRI. No parece casual que el estratega de opinión pública y mercadología de Miguel Ángel Yunes sea Hugo Scherer, un muy experimentado operador político que trabaja de manera regular con el Secretario de Gobernación.

 

 

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Veracruz en llamas

Raymundo Riva Palacio | Martes 24 de mayo, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

 

Si hay una elección en llamas este 5 de junio, esta es Veracruz. Todo quema ahí. Este fin de semana dos ataques armados dejaron un saldo de seis muertos y 10 heridos en Xalapa y Orizaba, y la oposición acusó al Gobernador Javier Duarte de un presunto desvío de recursos públicos. Esto es sólo el colofón de acusaciones y difamaciones de pederastia y corrupción, que han pintado la campaña electoral para Gobernador en amarillo escándalo. Pero esto es sólo lo que se ve. Lo que no se ve es más violento porque habla de una ruptura dentro del PRI, en los más altos niveles donde la gubernatura no es el fin de un proceso, sino la antesala de lo que vendrá delante.

 
No comenzó así la campaña. En el principio, el Gobernador Duarte habló con el jefe de Morena, Andrés Manuel López Obrador, a quien ofreció apoyo a cambio de nada. Una elección entre tres, era la racional, favorecería al candidato del PRI. En ese entonces Duarte pensaba que el abanderado tricolor sería quién él deseaba, Alberto Silva, a quien promovió como Secretario de Desarrollo Social. Si ayudaba al candidato de Morena, Cuitláhuac García –como lo había hecho cuando contendió el año pasado por una diputación por Xalapa en contra de una priista adversaria de él-, le quitaría votos al candidato del PAN, respaldado por el PRD, Miguel Ángel Yunes. Pero las cosas cambiaron rápidamente.
 
El candidato del PRI a la gubernatura no fue Silva, sino el senador Héctor Yunes. Duarte no tuvo posibilidad alguna de operar por su candidato. Pudo, en pago a los recursos que inyectó a la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto, evitar el desafuero en diciembre pasado pese al costo que significaba su presencia en las posibilidades electorales del PRI. Una elección entre tres, sería la solución. Para el Gobernador, la contienda entre los primos Yunes se convirtió en una amenaza a su libertad. Al arrancar sus campañas, ambos se comprometieron a revisar las cuentas de Duarte y dejaron entrever que podrían encarcelarlo. Una victoria del priista no le garantizaría inmunidad: si no le podían probar corrupción, el hoyo fiscal que tiene en Veracruz sería motivo suficiente para emprender un litigio en su contra. Veracruz es el único Estado donde los más altos niveles en la Secretaría de Hacienda dicen que “está quebrado”, por el mal manejo financiero del Gobernador.
 
Lo que ha sucedido en las últimas semanas de la campaña habla de varios niveles de competencia. Veracruz es el tercer Estado en peso electoral del país y nunca ha estado en otras manos que no sean las priistas. Para el 5 de junio es la elección más importante de todas y lo que se juega ahí lleva directamente a la sucesión presidencial en 2018. Duarte, que comenzó su gobierno en el establo político del Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, lo terminará en el del Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien compite por la candidatura del PRI con su colega de gabinete y con el presidente del partido, Manlio Fabio Beltrones. 
Duarte ha estado operando en estas últimas semanas en contra de los primos Yunes y a favor de García, el candidato de Morena. Ha sido tan obvio su apoyo, que se ha convertido en uno de los temas que se han venido mencionando en las columnas políticas de la prensa en la Ciudad de México. A esos esfuerzos se han sumado diputados y petroleros priistas vinculados al Secretario de Gobernación. ¿Qué tanto tienen el aval de Osorio Chong? No hay una prueba directa que los una, salvo las propias indiscreciones de los operadores priistas, particularmente en el norte de Veracruz, de que tienen el respaldo del hidalguense. La derrota del PRI en esa elección sería una derrota clara de Beltrones, y elevaría los costos para el candidato de Videgaray, que optó por no impulsar a su candidato, el senador José Yunes, para esta gubernatura corta, y llevarlo en la boleta del 2018.
La forma como están jugando los priistas en las sombras, están siendo sumamente rudas al plantearse la lucha intramuros en términos de objetivos personales por encima de los generales para el PRI y el Presidente Enrique Peña Nieto. A cerca de un año y medio para que se decida la sucesión presidencial dentro del PRI, los pre candidatos tricolores están viendo el árbol pero no el bosque, si se pudiera utilizar esta metáfora que raya en el lugar común.
Veracruz es el ejemplo. Uno de los estados de mayor crecimiento de Morena es ahí, en buena parte por el conocimiento de varios de sus líderes de la entidad, como Rocío Nahle, la coordinadora parlamentaria del partido, quien le ha asegurado a López Obrador, inclusive mucho antes de comenzar este proceso por la gubernatura, que Veracruz sería de ellos. La forma como está operando Duarte y las huestes de Osorio Chong podrían acortar el tiempo para la concreción de esa promesa. Sería a costa del PRI, y en beneficio de López Obrador. Este es el árbol. El bosque es que si Veracruz se va para Morena, López Obrador tendría dos entidades en la bolsa para 2018, porque no se ve quién podrá despojarlo de la Ciudad de México, y lo colocará en la antesala de Los Pinos. No será lo que buscaban, pero será lo que logren.
 
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La revolución de Chivas TV

Raymundo Riva Palacio | Lunes 23 de mayo, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

Las Chivas de Guadalajara no sólo es un campeonísimo equipo de futbol. Es una institución que fue fundamental en el fortalecimiento de la identidad nacional. A la sombra de la religión, la lengua, la bandera y el himno, las Chivas jugaron un rol en la cimentación del tejido social en los 50’s y los 60’s con la decisión de que el equipo fuera integrado únicamente por mexicanos. Esa declaración de principios nunca fue estudiada en términos políticos o sociológicos, pero esa determinación marcó a varias generaciones de mexicanos por la audacia con la que ahora, ese equipo inició una revolución deportiva, social y empresarial.
 
La semana pasada Televisa anunció que las Chivas no habían renovado el contrato de derechos de televisión con lo cual se rompía una vieja relación. El contrato, extraoficialmente, era de 25 millones de dólares anuales para el equipo. Las Chivas son un manjar para televisoras y anunciantes, por lo que el fin del contrato era ansiado por otras empresas como buitres. El dueño de las Chivas, Jorge Vergara, confirmó la cancelación del contrato, pero no se mudó de canal. “Lo que viene va a ser espectacular para el aficionado”, anticipó la semana pasada, al anunciar que tendrían una nueva plataforma para sus fans.
 
El sábado pasado lo definió en YouTube. A través de un video, el “Rebaño Sagrado”, Vergara esbozó su revolución. Sus juegos serán transmitidos a través de Chivas TV, un canal de televisión en línea, dentro de una nueva plataforma digital, que incluirá reality shows, entrevistas y otros contenidos que podrán ser vistos bajo demanda. Muchos equipos en diferentes deportes, profesionales y universitarios, tienen plataformas similares, pero mantienen la televisión abierta o la de paga como su salida principal. Vergara no seguirá ese camino sino el que están haciendo desde hace no mucho algunas de las corporaciones globales: crear su propia plataforma de contenidos e ir directamente a los consumidores.
 
En efecto, Vergara está cambiando el eje de las Chivas, de ser un equipo de futbol, a ser un producto de mercadotecnia. Vergara tomó el camino que dibujó uno de los grandes innovadores del último cuarto de siglo, Roberto Goizueta, presidente de Coca-Cola de 1980 hasta su muerte en 1997, quien redefinió el mercado al introducir en la empresa, cuyas ventas venían declinando, la filosofía “piensa global, actúa local”. La clave era encontrar la correcta mezcla entre un mercado local sin perder la marca global. 
 
En un artículo publicado en Harvard Business Review en marzo de 2013, se definió esta estrategia como “glocal”, donde empresas como Coca-Cola o Johnny Walker, dos estudios de caso exitosos que revisaron, lograron transformarse y reposicionarse en el mercado de consumidores a través del diseño de estrategias confeccionadas para cada mercado, mediante sistemas de administración de contenidos estratificados, disponibles y accesibles en todo el mundo. Johnny Walker depende aún de los viejos medios; Coca-Cola no. Chivas TV pretende seguir por este último camino, sin intermediarios, llegando horizontalmente a sus fans y proveyendo una base atractiva para sus anunciantes. Vergara lo anticipó en el video: si la audiencia en televisión abierta, por donde pasaban sus partidos, ha caído 18% mientras que el número de dispositivos móviles se incrementó 32%; si el 50% de los 32 millones de televisores en México cuentan con plataformas que permiten conectar a internet, y si de 122 millones de mexicanos 47 tienen acceso a internet y las nuevas tecnologías, ¿por qué –no lo dijo así- insistir en la televisión? Su mercado potencial, adelantó, sería de 52 millones de personas en México.
 
En la revista del Instituto Johan Cruyff de noviembre pasado se publicó un artículo, “El Atleta como un Producto de Mercadotecnia en la Social Media”, donde habla de la transformación en la forma como se correlaciona la sociedad a través de las redes sociales, cuya velocidad de cambio ha afectado todos los sectores de la comunicación. “Necesitamos poner atención de cómo el mundo digital está cambiando las técnicas de mercado”, señaló. Por ejemplo, ya no se necesita ir a una tienda para comprar los zapatos que usa Cristiano Ronaldo, sino adquirirlos en línea. Por un tuit del astro del Real Madrid, una empresa llega a pagarle 260 mil dólares. Aún así, los costos son menores que en televisión, en función del alcance (más de 42 millones de seguidores) y resultados.
 
Las marcas y los equipos están comenzando a apreciar el potencial que tienen sus negocios, mientras que las televisoras, para enfrentar una diáspora, transmiten en streaming eventos deportivos. Estadios como los del Liverpool y del Manchester City ofrecen a los fans Wi-Fi para interactuar durante los partidos y mejorar incluso sus asientos dentro de las mismas instalaciones. El Barcelona, el equipo más avanzado en social media, trabaja para potenciar su negocio a través de anuncios y patrocinios de sus playeras. El año pasado, la Fundación Qatar, que sufraga al equipo, obtuvo 61 millones de impresiones en la red a nivel global, algo que no hubiera alcanzado, por el costo, por otra vía.
 
Vergara se montó sobre las tendencias en el mundo de forma radical, al abandonar los medios convencionales. Su apuesta es alta y enfrentará resistencias y presiones en la industria y el mercado. Pero es correcta y tendrá éxito sin duda, frente a la fragmentación del mercado, la complejidad de la mercadotecnia post-moderna y lo heterogéneo de la sociedad, si aguanta el vendaval que se le viene.
 
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La democracia incomprendida

Raymundo Riva Palacio | Viernes 20 de mayo, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

La muerte de don Luis H. Álvarez causó gran duelo entre la clase política. No fueron pocos los que lo ubicaron como uno de los arquitectos de la democracia mexicana, que a través de una larga lucha en las calles, ayudó a crear la conciencia para que millones de mexicanos, una generación después de haber iniciado su carrera política en Chihuahua en 1956, comenzara a rebelarse en 1988 contra el poder establecido. Cecilia Romero, que fue secretaria general del PAN en esos años de resquebrajamiento del viejo sistema autoritario, dijo que hablar de él como un demócrata podría parecer algo común. Tiene razón. Para 46 millones de mexicanos que en ese paradigmático año no habían nacido ni tienen memoria alguna de lo que era aquél régimen cerrado, la democracia se da por sentado.

 
Pero el camino no fue fácil. Las elecciones de 1988, apunta la memoria del Instituto Nacional Electoral, fueron muy controvertidas y se adujo fraude electoral en favor del candidato del PRI, Carlos Salinas, y en perjuicio del candidato del Frente Democrático Nacional, Cuauhtémoc Cárdenas. Los mexicanos se plantearon la rebelión. Aquella noche electoral del 6 de julio, la protesta callejera estuvo a punto de terminar en matanza. Frente a las puertas de Palacio Nacional, todos los candidatos opositores querían que Cárdenas tomara por la fuerza el poder, pero el candidato de la izquierda aguantó la presión y disolvió la protesta. No sabía que detrás de las puertas estaba una barrera de soldados que tenían órdenes de disparar contra quien las cruzara.
 
Matar era el recurso de esa noche controvertida electoralmente. Eran los últimos estertores de un régimen en agonía, que no ha terminado de desmantelarse. Casi nueve millones de jóvenes de la generación post ‘88 votaron por primera vez en 2006, cuando ya se había dado la primera transición en el poder con el final del imperio de 70 años del PRI, se habían iniciado las reformas político-electorales de primera generación democrática, el PRI había perdido la mayoría en el Congreso, habían llegado sus opositores a gubernaturas y se habían creado órganos electorales, un nuevo Poder Judicial, la Ley de Transparencia, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y había una prensa más libre acompañada de una sociedad exigente y contestataria.
 
Este México no fue en el que creció don Luis H. Álvarez ni el de millones de mexicanos que enfrentaron y combatieron el autoritarismo. Álvarez fue candidato a la Presidencia en 1958, y perdió ante Adolfo López Mateos que obtuvo el 91% del voto, un porcentaje que sólo se ve en dictaduras. Álvarez nunca tuvo espacio en los medios, y su equipo de campaña fue hostigado, atacado y en algunas etapas, hasta hospedaje le negaban en los hoteles. Eran años de represión ferrocarrileros y asesinatos de líderes cañeros. El gobierno de Gustavo Díaz Ordaz no fue menos duro. Reprimió a médicos y estudiantes, mientras cerraba las posibilidades de libertad que empujó a unos a la guerrilla, aplastada en una guerra sucia de la que aún se viven las consecuencias.
 
Las pocas voces que ejercieron su derecho a la libertad fueron reprimidas y perseguidas. Los más beligerantes torturados y asesinados. No fueron pocos los líderes de la oposición, como Álvarez, que fueron encarcelados por el solo hecho de oponerse al PRI. Tras las elecciones de 1986 en Chihuahua, donde el gobierno de Miguel de la Madrid operó un fraude electoral, Álvarez optó por la protesta moral: una huelga de hambre de 41 días que estuvo a punto de matarlo. México era una olla sin válvulas de presión.
 
La prensa, en su gran mayoría, estaba maniatada. En las redacciones, los reporteros escondían lo importante, para que los visores censores no eliminaran lo relevante de las noticias. Secretarios de Gobernación tan respetados como Jesús Reyes Heroles, amenazaban con ejercer “toda la fuerza del Estado” cuando se desafiaba al Gobierno, o como Manuel Bartlett, quien no dudaba en intimidar a quien ejercía la libertad. Las elecciones eran fraudulentas y violentas. El naciente PRD vio como  más de 500 de sus militantes murieron durante el Gobierno de Carlos Salinas, y cómo los grupos paramilitares respaldados por el PRI en Chiapas, asesinaron a 45 personas, la mayoría mujeres y niños, en Acteal, durante el Gobierno de Ernesto Zedillo.
 
No es un lugar común recordar con respeto y agradecimiento a los demócratas. El México de hoy no podría haber existido sin la lucha contra los autócratas y los déspotas ilustrados para que no siguieran sometiendo a los mexicanos. La democracia no es sólo la schumpetariana que se refiere a lo electoral; es un sistema de organización social. La nuestra es inmadura, imperfecta y con despilfarros como hubo en los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón, y  regresiones como en el de Enrique Peña Nieto. Pero no estamos peor que antes. La democracia para millones de mexicanos es algo con lo que nacieron y la respiran de manera natural. Por eso quizás la desprecian, como revela el último  informe de Latinobarómetro, donde de 18 países en la región, México es el penúltimo de mayor retroceso en la consolidación democrática, y último en satisfacción con la democracia. 
 
El desconocimiento de lo que se vivió no puede traducirse en la soberbia del ignorante. La democracia tiene que cuidarse para ampliarse. Rechazarla es apoyar a los autócratas que aún viven entre nosotros, y facilitarles la restauración de ese régimen autoritario que se pensaba muerto y que aún patalea.
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Gubernaturas en riesgo

Raymundo Riva Palacio | Jueves 19 de mayo, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

El pulso del electorado solía tomarse mediante encuestas, hasta que los políticos mexicanos le tomaron la medida a las encuestas. El dirigente de uno de los principales partidos recordó recientemente que en el proceso de selección de candidato en uno de los 12 estados que se juegan la gubernatura en tres semanas, cada aspirante llegó con su medición donde iba arriba de los demás, y con grabaciones tóxicas de sus adversarios. La anécdota, ilustra el proceso en curso, pero sobretodo define las elecciones más sucias y violentas que se han vivido hasta la fecha. ¿Cómo saber cómo van las campañas? Si usted no está metido en los cuartos de guerra donde se diseñan las guerras electorales, algunas sugerencias no sobran.

 

1.- Lo primero es no creer las encuestas publicadas en la prensa, salvo aquellas que tengan el aval de los medios que las difunden. Desde las elecciones federales de 2015, la venta de encuestas a la medida con la garantía que sería publicada en un medio, es una práctica recurrente. Se han perdido los escrúpulos frente al sonido del dinero. Uno de ellos no tuvo prurito en publicar la encuesta de una campaña donde el candidato que la pagó tenía una cómoda ventaja, y días después, publicar otra encuesta pagada por la campaña contraria, donde era su candidato quien encabezaba las preferencias. En un caso extremo, cuando uno de los brokers no pudo cumplir con el ofrecimiento de publicación, le respondió a quien le pagó (en un chat al que se tuvo acceso): “No te apures. Te la compenso con otra encuesta que quieras”.

 

2.- Lo segundo es ver cuánta información que no es de fácil acceso público, comienza a diseminarse en la prensa. Esto es lo que llaman algunos candidatos como guerra sucia, que si bien es un recurso que utilizan los partidos contra sus oponentes en forma amplia y profesional –desde la campaña presidencial de Vicente Fox se crearon equipos que buscaban los trapos sucios de los candidatos, para cuando se presentara la oportunidad utilizarlas y dañar al adversario-, suele mezclarse y confundirse con trabajos periodísticos auténticos que buscan explorar el récord y los antecedentes de candidatas y candidatos. Hay momentos donde no es posible discernir cuál tiene una fuente interesada, y cuál es producto de un trabajo de investigación. En cualquier caso, quien es cuestionado en esos trabajos, suele resultar dañado electoralmente en diferente medida.
3.- Lo tercero lo da la frecuencia y la intensidad con la que fluyen esos materiales en los medios de comunicación. Por ejemplo, en las dos últimas semanas ha estado bajo fuego político y mediático el candidato del PAN a la gubernatura de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, por imputaciones de presuntos nexos con el crimen organizado. El domingo pasado un periódico de distribución nacional difundió una encuesta de Tamaulipas –la primera pública-, donde el candidato del PRI, Baltazar Hinojosa, aventajaba a García Cabeza de Vaca por ocho puntos. Pero si alguien quería saber quién había hecho la encuesta, no pudo encontrar quien había sido el responsable, ni tampoco el periódico la asumía como suya. Al día siguiente, podría uno pensar por las presiones recibidas, el mismo periódico publicó la encuesta de una empresa reconocida donde señalaba que la contienda en Tamaulipas estaba en un empate técnico. Obviamente, las dos encuestas sobre los mismos candidatos, fueron utilizadas como herramientas de golpeteo electoral.

 

4.- La feria de encuestas, enviadas a la prensa desde los equipos de campaña para su difusión –aunque en ocasiones se envían fragmentos de los estudios realizados con el propósito de manipular periodistas y alterar la fotografía tomada-, se acompaña por la difusión de grabaciones ilegalmente obtenidas que suelen salir bajo el sello de “Anonymous”, que según la biblioteca Wikipedia, “es un seudónimo utilizado mundialmente por diferentes grupos e individuos para realizar en su nombre acciones o publicaciones individuales o concertadas”, de protesta a favor de la libertad de expresión o contra abusos. “Anonymous” se ha metido de lleno a las campañas en México, aunque de acuerdo con expertos que han estudiado su comportamiento, la cuenta mexicana es un clon, y no la original. Esas grabaciones, sin embargo, han tenido la puerta abierta en los medios, como fue evidente desde que llovieron los ataques a Jorge Luis Preciado, el candidato del PAN que perdió las elecciones de Colima. 

 

5.- Así como la intensidad de materiales negativos contra un candidato o candidata revelan la complejidad de una contienda, la difusión de los materiales videograbados elevan los grados en el termómetro político. En los últimos días han aparecido grabaciones sobre la presunta corrupción y pederastia del candidato del PAN a la gubernatura de Veracruz, Miguel Ángel Yunes, así como documentación explosiva en contra de Jorge Castillo, operador político y financiero del Gobernador de Oaxaca, Gabino Cué, que sugiere también actos de corrupción.

 

Si la premisa de esta hipótesis para ubicar las contiendas más competidas se da por el grado de violencia magnificada en los medios, se puede argumentar que los candidatos del PRI en Oaxaca, Tamaulipas y Veracruz están sufriendo para doblegar a sus oponentes, y que esta vía de lucha es la única que se encontró para hacerlos competitivos. No se asuste. Son los tiempos que vivimos. La última sugerencia que se podría hacer, empero, es que no apueste por nadie, porque todo se embrolló de manera tan inmunda, que el próximo 5 de junio cualquier cosa puede pasar.

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El CISEN, sin cabeza

Raymundo Riva Palacio | Miércoles 18 de mayo, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva Palacio

Desde hace casi un año, el órgano de inteligencia del Estado Mexicano, el CISEN, se encuentra prácticamente descabezado. No es porque carezca de dirección, sino porque su jefe, Eugenio Imaz, ha sostenido una larga y feroz batalla contra el cáncer, que buena parte de este tiempo lo ha tenido en tratamiento en Houston o convaleciente en México. En un Gobierno donde la responsabilidad es la salvaguarda de los intereses nacionales, Imaz habría sido relevado hace tiempo de su cargo. No ha sido así, ni por las justificadas razones de salud, ni por la incompetencia que esa agencia, bajo su mando, ha demostrado. La razón de su forzada permanencia está directamente asociada a los intereses políticos y personales de su jefe, el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Perder a Imaz, un incondicional suyo, debilitaría el uso que le ha dado al CISEN este sexenio.

 

El CISEN, que surgió de las ruinas del espionaje político y la corrupción de la vieja Dirección Federal de Seguridad en el Gobierno de Miguel de la Madrid, se fue construyendo como un aparato de inteligencia al servicio del Estado. Tuvo vaivenes, presupuestales por un lado, y de calidad de algunos de sus directores. En el Gobierno de Felipe Calderón, la inexperiencia de su primer director, Guillermo Valdés, provocó que el poderoso Secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, formado en ese organismo, creara su propio centro de inteligencia con recursos de la Iniciativa Mérida. Ubicado dentro de Plataforma México, Osorio Chong lo visitó en octubre de 2012 y observó los 600 equipos para intercepción telefónica.

 

Con el inicio del Gobierno del Presidente Enrique Peña, también arrancó el desmantelamiento de Plataforma México, capitaneado por el primer Comisionado Nacional de Seguridad, Manuel Mondragón, quien dependía directamente de Osorio Chong. Los 600 aparatos para escuchar teléfonos y las herramientas de inteligencia criminal dentro de la extinta Secretaría de Seguridad Pública, fueron tomados por el CISEN, que cambió su orientación, a decir de los resultados y la información disponible, para enfocarse en el espionaje político. Imaz, que ha estado cerca de Osorio Chong desde que era Gobernador en Hidalgo, concretó ese cambio fundamental.

 

La pérdida de capacidad para combatir el crimen propició varias catástrofes. La más notoria fue la segunda fuga de Joaquín El Chapo Guzmán, que estaba bajo su vigilancia directa y personalizada. Una de inconmensurable irresponsabilidad por el daño que le hará a Peña Nieto en tribunales internacionales cuando deje la Presidencia, fue haber avalado que la política de combate a los criminales en Michoacán se hiciera de la mano del Cártel Jalisco Nueva Generación. Otra que causó un daño internacional irreparable al gobierno peñista, fue no haber actuado en contra del Batallón 27º de Infantería en Iguala -donde desaparecieron los 43 normalistas de Ayotzinapa-, en la primavera de 2014, pese a tener conocimiento de la mala reputación de varios de sus elementos.

 

En cambio, se incrementó de manera sobresaliente el espionaje no sólo en contra de actores políticos, económicos, sociales y periodistas, sino sobre Secretarios de Estado. Varios miembros del gabinete han tenido acceso a transcripciones de las escuchas telefónicas que hace el CISEN de ellos, lo que revela que dentro del aparato de inteligencia civil y del gobierno peñista, existen tensiones tan fuertes dentro del organismo, que está fluyendo la información de sus ilegalidades. Llevar el CISEN a ocuparse más del espionaje político que de los asuntos de Estado, a decir por los resultados públicos, ubica a Osorio Chong en la lógica del Secretario de Gobernación Luis Echeverría, que en los 60’s utilizó los recursos ilegales y legítimos del gobierno para asegurar la candidatura presidencial en 1970, que en pensar en la seguridad interna y externa de México.

 

Es decir, la utilización del aparato de inteligencia con fines políticos, permite un juego perverso para quien tiene el control de él. Puede crear conflictos y desactivarlos; puede generar desestabilización y presentarse como el solucionador de los problemas. Puede utilizar el espionaje telefónico para intimidar, hostigar o desacreditar. Puede lograr que un político, como Echeverría con el Presidente Gustavo Díaz Ordaz, se vuelva en el candidato inevitable para la sucesión presidencial, aunque lleve al país, como en 1968, a una crisis política profunda por haber detonado una crisis estudiantil que terminó en la matanza de Tlatelolco. En aquellos años, el descrédito de la crisis política la asumió Díaz Ordaz. Hoy, sólo como referencia, el descrédito de los errores políticos y de seguridad los absorbe Peña Nieto.

 

La insistencia de mantener a Imaz en el cargo subraya la necesidad de mantener ocupado esa trinchera. Osorio Chong no ha permitido que nadie ponga un pie en esa estructura de seguridad, salvo Renato Sales, el comisionado nacional de Seguridad, quien llegó por otra vía, y ha sido recientemente por gobernadores incondicionales al secretario. Imaz es intocable. Osorio Chong no permitió que lo interrogaran por la fuga de Guzmán, ni le ha importado que durante meses, las reuniones que encabeza el CISEN, no las haya presidido Imaz. Pero el director del CISEN sigue mal de salud. En diciembre tuvo su peor momento y le costó semanas restablecerse en su casa y volver al trabajo, aunque de manera esporádica. Hoy ha vuelto a recaer y está buscando recuperarse una vez más en su casa. El CISEN no puede seguir acéfalo, en términos reales, por una necesidad política de un secretario que quiere ser Presidente. Ni el Presidente, permitirlo.

 

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

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México corrupto

Raymundo Riva Palacio | Martes 17 de mayo, 2016

ESTRICTAMENTE PERSONAL | La columna de Raymundo Riva palacio

 

Las primeras historias de horror sobre la corrupción en el Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto comenzaron a circular en la primavera de 2013. Varios empresarios mostraban asombro porque la exigencia abierta de “comisiones” para citas con altos funcionarios o licitaciones, que llegaban a ser hasta de 40%. Dos Secretarios de Estado a quienes se les preguntó en ese entonces si habían escuchado esos comentarios, dijeron que nadie, en absoluto, les había dicho nada. Tres años después, las cosas han cambiado significativamente:

 
*Varios funcionarios, en violación de la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos, que en su artículo 47, fracción XIII, los obliga a excusarse de intervenir en cualquier forma en la atención, tramitación o resolución de asuntos en los que tenga interés personal, familiar o de negocios, incluyendo aquellos de los que pueda resultar algún beneficio para él, su cónyuge o parientes consanguíneos hasta el cuarto grado, participen de negocios importantes a cargo del erario, lo han tolerado. Tanto, que a manera de ejemplo un conocedor político priista ironizó sobre un Secretario de Estado: “Salieron muy buenos sus hermanos para el negocio”.
*Hay funcionarios que adquirieron propiedades con tasas de interés por debajo de la tasa del mercado, lo que es delito. Uno muy cercano al entorno presidencial está terminando de construir una casa en zona de las Lomas de Chapultepec, con un valor de mercado superior a los 55 millones de pesos. Otro, hasta hace poco miembro del gabinete, se acaba de mudar a un departamento en Polanco donde las propiedades superan los 40 millones de pesos. Tres ex funcionarios del gabinete utilizaban los helicópteros de las dependencias que encabezaban como vehículos para transportarse en recorridos particulares o para ir a comer a sus casas.
 
*Un subsecretario fue congelado por los indicios de que varias de las gestiones en que ha intervenido carecieron de la transparencia esperada, pero no han podido tomar acción legal porque no existen pruebas que permitan establecer un presunto delito. En Pemex ya comenzaron los primeros ajustes por prácticas presuntamente corruptas, y siguen apareciendo indicios de que las irregularidades y las ilegalidades topaban en las más altas oficinas de la empresa. Funcionarios en otras áreas a quienes se les han descubierto abusos que suponen beneficios económicos, sólo han sufrido reprimendas, sin mayores consecuencias.
 
La corrupción es un fenómeno inherente de los mexicanos. Pero a diferencia de otros tiempos, el fenómeno está teniendo externalidades en la política y la vida pública. Hasta las elecciones presidenciales de 2012, si bien la corrupción fue un tema que voló sobre los candidatos, no fue tan significativo en términos electorales como en las elecciones de 2015, las federales y para el Gobierno de Nuevo León. Los cambios en los intereses y frustraciones del electorado, han llevado a varias empresas de opinión pública a incorporar la corrupción como una de sus tres variables básicas en los cuestionarios (además de la economía y la seguridad). El tema genera irritación nacional y preocupación internacional.
 
En la reciente Cumbre Anti-Corrupción en Londres, el primer ministro inglés, David Cameron, presentó un documento de políticas públicas donde refirió que una de cada cuatro personas en el mundo tiene que pagar sobornos para acceder a servicios públicos, mientras que en México, una familia gasta el 14% de su ingreso para obtener esos servicios a los que por ley, tiene derecho. México fue una de las naciones a las que más se refirieron diferentes ponentes, al ser considerada rica en recursos naturales, con una economía sólida y que, sin embargo, se encuentra en el grupo de las naciones con serios problemas en temas de corrupción.
 
El respetado politólogo Francis Fukuyama, quien hizo una presentación en la Cumbre, dijo que la corrupción es el tema que definirá el Siglo XXI, y que aunque una mayoría de las naciones del mundo aceptan la legitimidad de la democracia y cuando menos pretenden tener elecciones competidas, lo que realmente distingue un sistema político de otro es el grado en que las élites gobernantes buscan usar su poder en servicio del interés público o simplemente para enriquecerse ellos mismos, sus familias o sus amigos. Este es un problema que pudiera encontrar ejemplos en México.
 
La corrupción no es un tema que tenga la más alta prioridad ni para el gobierno ni para la clase política. La realidad en México es descorazonadora. La ventana llena de luz se dio con la promesa presidencial de caminar hacia una Ley Anti Corrupción y un fiscal especializado en combatirla, se ha ido cerrando, no sólo por la ausencia de fuertes andamiajes legales, sino por la complicidad de las élites. Hace un mes se reveló que el diputado de Nueva Alianza, Bernardo Quezada, junto con su esposa y familiares compraron propiedades entre 2004 y 2008 por más de 10 millones de dólares a través de créditos a miembros del magisterio. En un día, se informó, adquirieron seis departamentos mediante un pago en efectivo de ocho millones de dólares. Él lo negó, pero no aportó pruebas que desmintieran los documentos acusatorios. ¿Qué sucedió después? Absolutamente nada. El silencio de la clase política fue equivalente a la complicidad. Y luego se dicen incomprendidos cuando los acusan de corruptos.
 
P.D. En la columna “A Peña le urge un perro”, publicada este lunes, se identificó incorrectamente al primer ministro del Reino Unido como James Cameron, cuando el nombre correcto es David Cameron.
 
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