Hannia Novell

Sangre, muerte, pueblos fantasmas, altos niveles de consumo de drogas entre adolescentes y millonarias pérdidas comerciales provocadas por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el Cártel del Pacífico y cuatro organizaciones criminales más, así como 80 células delictivas que se disputan el territorio de los 32 estados del país. 

El número de levantones, ejecuciones, narcofosas y encajuelados, entre otras expresiones del horror del narco es irrelevante frente al dolor de las familias que perdieron a un hijo y vieron cómo se consumía en el vicio de la cocaína. A un padre que cayó con una bala en la sien por negarse a pagar derecho de piso; a una sobrina secuestrada en un restaurante sólo porque le gustó como novia al sicario de la zona; a un grupo de amigos de la prepa porque viajaron de noche por alguna carretera y algún halcón los confundió con el bando contrario. Todos los sueños se rompieron.

Sólo queda la furia y la impotencia porque a partir del 30 de enero, el presidente Andrés Manuel López Obrador declaró que oficialmente se acabó la guerra contra el narcotráfico, porque su gobierno está en busca de encontrar la paz. Terminó la guerra que el entonces presidente Felipe Calderón inició el 11 de diciembre de 2006.

“No se han detenido a capos porque no es esa nuestra función principal. La función principal del gobierno es garantizar la seguridad pública, ya no es la estrategia de los operativos para detener a capos. Lo que buscamos es que haya seguridad, que podamos disminuir el número de homicidios diarios”, manifestó el primer mandatario.

El líder de la 4T añadió que en gobiernos anteriores se perdió mucho tiempo en eso, “y no se resolvió nada”. ¿López Obrador ignora que el pasado 9 de enero, los militares hallaron 21 personas ejecutadas por el narco, como resultado de la disputa entre los carteles del Golfo y del Noreste? ¿Evade la participación de sicarios del Cártel Jalisco Nueva Generación en el sanguinario asesinato de siete personas en Cancún registrada el 20 de enero? ¿Omite la narcomanta que le dedicaron en la refinería de Salamanca, junto con un falso artefacto explosivo?

No. No hay ignorancia ni evasión de la realidad. Conoce el mapa delictivo del país desde antes de asumir el poder. Sólo hay que recordar que desde la campaña, el entonces candidato definió con toda claridad su amnistía para los narcotraficantes. Hoy, como jefe del Estado mexicano pronuncia un discurso consistente con su promesa de campaña.

Ahora es el turno de las organizaciones del crimen organizado: Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel del Pacífico, de La Familia Michoacana, Los Rojos y Guerreros Unidos, del Nuevo Imperio, Tláhuac, Sureste, así como los grupos de La Unión Tepito, la banda de Los Mazos y Los Sapos, del Cártel de Tepito, Los Granados y Los Tequileros, del Cártel Nueva Plaza, El Buchanas, así como el Cártel Santa Rosa de Lima.

El nuevo son que toca la 4T los obliga a establecer alianzas y compromisos entre ellos para luego intentar pactar con el gobierno. Como en los viejos tiempos del PRI, los narcos y sus familias no serán perseguidos, vivirán en paz.

Total. Lo que importa es bajar el número de homicidios, robos y secuestros. Que el espectáculo siga con la cultura de los narcocorridos y las series de sicarios como protagonistas, como un modelo aspiracional para la juventud mexicana. El cuerpo intoxicado por la droga. Los sueños envenenados con el mal. El fin de la guerra contra el narco y su amnistía: ¿darán paz al país?

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