Hannia Novell

El sistema de salud en México sufre una crisis alarmante debido a los recortes presupuestales que ordenó el presidente Andrés Manuel López Obrador para hacer realidad la austeridad republicana que debe imperar en el servicio público.

Desde hace décadas, derechohabientes del IMSS y del ISSSTE así como pacientes de los centros de salud han dado testimonio de crueles historias de dolor y muerte porque en las instituciones médicas frecuentemente faltan medicinas, equipo y personal.

Pero si el sistema de salud estaba ya en terapia intensiva, hoy la muerte lo acecha. Los recortes presupuestales —que el gobierno presume como ahorros— superan 65 mil millones de pesos y el sector salud fue el más afectado.

Hacienda congeló más de 794 millones de pesos del presupuesto asignado a 26 institutos, hospitales y centros de alta especialidad. Además, ordenó reducir 30% los gastos operativos y a la mitad los relativos a servicios personales.

Canalla austeridad. Por ahorrar unos millones, no sólo es prácticamente imposible programar cirugías, surtir las recetas de medicamentos o contar con el material necesario para realizar procedimientos quirúrgicos. Ahora, la reducción presupuestal ha puesto en riesgo la vida, la supervivencia de millones de mexicanos.

Sólo para ejemplificar la insensibilidad oficial, basta recordar la misiva que un grupo de médicos del prestigiado Instituto Nacional de Cancerología enviaron a Carlos Urzúa, el titular de Hacienda y artífice de los recortes en el sector salud.

En la carta -firmada por los doctores Lucely del Carmen Cetina, Dolores Gallardo, Óscar Arrieta y Juan Bargallo-, se destaca que tres mil 500 mujeres con cáncer de mama, cervicouterino, ovario, endometrio o de pulmón serán afectadas: 550 pacientes dejarán de recibir atención integral para detectar el cáncer de pulmón no asociado al tabaquismo y otras 300 mujeres ya no recibirán un tratamiento específico.

Además, 400 mujeres del programa de atención e investigación de cáncer de ovario también quedarán fuera de un tratamiento integral; mientras que otras 200 mujeres con cáncer de endometrio quedarán excluidas de cualquier tratamiento. El resultado es previsible: la muerte de las mujeres sin atención en un periodo de tres a seis meses.

Mientras el sistema de salud está al punto del colapso, el béisbol —el deporte favorito del primer mandatario—, tendrá un presupuesto de 350 millones de pesos; es decir, el 44% de los recursos que le recortaron al sector salud se trasladará a la promoción del juego de la base por bola.

Pablo Lezama, jefe de Cirugía Oncológica del Hospital Infantil de México, denunció en redes sociales que debido a la disminución del gasto destinado al sector salud, fueron obligados a reducir la capacidad operativa del nosocomio en un 40 por ciento.

Los servicios integrales de anestesia y los procedimientos quirúrgicos también fueron reducidos un 50 por ciento. ¿Qué le espera al resto de niños y adolescentes sin atención? ¿La muerte?

En las últimas horas, se hicieron algunas rectificaciones. En el Hospital Infantil reconocieron que les fueron “reintegrados los 700 millones de pesos del segundo recorte, pero aún no tienen información sobre los mil 600 millones del recorte original”.

Ya se liberaron algunos recursos para los hospitales, pero la inconformidad crece entre derechohabientes, médicos, enfermeras y personal sindicalizado.

La vida y la salud de millones de mexicanos no es un juego, pero la 4T aplica sin piedad la necesidad de ahorros cual dogma, igual que el neoliberalismo con las privatizaciones. Y así todos los mexicanos somos víctimas de una austeridad canalla que es capaz de matar.

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