Hannia Novell

El Aeropuerto Internacional “Benito Juárez” de la Ciudad de México (AICM) ya no da para más. Desde 2013 cuenta con una declaración de saturación que lo tiene ahogado y al borde del colapso. En horas pico, registra 68 operaciones por hora; esto es, una cada 52 segundos, lo que pone en riesgo la seguridad de los pasajeros y del personal.

Ese diagnóstico es contundente y no tiene vuelta de hoja. ¿Qué hacer ante ese escenario? Simple: buscar opciones. Esto se tiene bien sabido desde el sexenio de Vicente Fox, quien el 22 de octubre de 2001 anunció la construcción de una nueva terminal en la zona de Texcoco. Todos sabemos lo que ocurrió: con machetes, los ejidatarios frustraron el proyecto.

Durante su primer Informe de Gobierno, el presidente Enrique Peña Nieto anunció la posible construcción de un nuevo aeropuerto en Tizayuca, Hidalgo. No obstante, se descartó en julio de 2014 cuando los exámenes de aeronáutica revelaron que afectaría la operación de la base aérea de Santa Lucía.

Se optó nuevamente por Texcoco. El Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) tiene hoy un avance en su construcción de 20%, pero en general el proyecto tiene metas cumplidas de hasta 31.5 por ciento si se toma en cuenta el diseño del mismo y las licitaciones.

Pero a la futura administración que encabezará Andrés Manuel López Obrador no le gusta la idea, así que propuso una consulta que se aplicará entre el 25 y 28 de este mes. Revisemos los argumentos.

Por ejemplo, es autofinanciable. El 70 por ciento de sus recursos están ya fondeados con recursos privados. Buena parte de esa inversión se obtuvo a través de la colocación de bonos que tienen como garantía los ingresos por la Tarifa de Uso Aeroportuario (TUA), que se cobra a las personas que compran un boleto de avión. El resto del dinero viene directamente de inversionistas privados.

La cercanía con la Ciudad de México —está a sólo cinco kilómetros del aeropuerto actual— es una ventaja adicional. Además, detonará el desarrollo de la región, pues se construirán nuevas avenidas y nuevos sistemas de transporte en Texcoco, Ecatepec, Atenco y las delegaciones del oriente de la Ciudad de México.

Por otro lado, MITRE, institución sin fines de lucro del Tecnológico de Massachusetts (MIT) concluyó que la Base Militar de Santa Lucía y el AICM no pueden operar simultáneamente porque usan las mismas rutas para despegar y aterrizar en el Valle de México.

Para evitar que los aviones puedan chocar, los despegues y aterrizajes de los dos aeropuertos se tendrían que espaciar de una forma en la que habría más retrasos, lo que no resolvería el problema de saturación del AICM.

Se ha dicho que el NAIM enfrentaría inundaciones severas y permanentes. Sólo hay que tomar en cuenta que el actual aeropuerto y la nueva terminal están separados únicamente por cinco kilómetros, lo que significa que se trata del mismo tipo de terreno. Con tecnología avanzada, la obra tiene ya una cimentación especial que ha transformado el terreno de Texcoco en tierra firme, perfectamente capaz de soportar y dar estabilidad a una obra de esta magnitud.

En cuanto a los daños al medio ambiente, es importante apuntar que el exlago de Texcoco es una zona ambientalmente degradada con un suelo de alta salinidad que sólo permite el crecimiento del pino salado y que fue depósito de los escombros del sismo de 1985. El nuevo proyecto generará más áreas verdes, la recuperación y saneamiento de los cuerpos de agua.

Así pues, hay razones de sobra para que la obra continúe, se concluya y el NAIM pueda finalmente despegar.

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