Hannia Novell

Cada vez cobra mayor fuerza la versión de que Donald Trump usa y/o hasta financia la caravana migrante centroamericana con miras a las elecciones legislativas del próximo 6 de noviembre.

Ante la posibilidad de que los republicanos pierdan el control del Senado y de la Cámara de Representantes, el presidente de Estados Unidos habría creado y/o fomentado este conflicto para responsabilizar a los demócratas de no aprobar leyes más duras para impedir ese flujo, así como el presupuesto para construir el muro fronterizo.

Las versiones son tan variables como escandalosas. Hay quienes aseguran que Trump habría ofrecido dinero para que los miles de migrantes dejaran Honduras e iniciaran el camino hacia México en su intento por llegar a la Unión Americana.

Una vez en la frontera, el mandatario usaría los medios que le son fieles para avivar el escándalo mediático y garantizar el voto de ese sector de ultraderecha que enarbola un discurso xenófobo. “Los demócratas —diría—, son los únicos responsables de esta invasión de criminales que viene a invadirnos”.

Los republicanos —añadiría—, son los únicos que tienen la convicción de defender a la nación de esos “invasores”.

Cualquiera en su sano juicio diría que esa idea raya en la locura. Sí, el problema es que hablamos de Trump. Para abonar a esa teoría de la conspiración, el pasado lunes 22 de este mes, el magnate “lamentó” que los esfuerzos del gobierno mexicano fueran insuficientes para detener el avance de la caravana.

En su cuenta de Twitter, escribió: “Lamentablemente parece que la policía y el Ejército mexicanos no pueden detener la caravana que se dirige a la frontera sur de los Estados Unidos. Se mezclan criminales y desconocidos del Medio Oriente. He alertado a la Patrulla Fronteriza y al Ejército de que se trata de una emergencia nacional. ¡Deben cambiar las leyes!”

En otro tuit, culpó a los demócratas del avance de la caravana por “no darnos los votos para cambiar nuestras patéticas leyes de inmigración!”

Pero además, la jugada era de doble banda. El mandatario amagó con recortar de forma sustancial la ayuda económica a Guatemala, Honduras y El Salvador debido a que “no fueron capaces de hacer el trabajo para evitar que las personas salieran de su país y vinieran ilegalmente a Estados Unidos”.

La amenaza también incluyó a México con la posibilidad de que enviaría al Ejército a sellar la frontera común en caso de que las autoridades de nuestro país no frenaran la “arremetida” de esos inmigrantes, algunos de ellos “criminales”.

Para abonar más a la especulación, se ha identificado a Bartolo Fuentes como el organizador de esta oleada masiva de migrantes invasores. La cancillería hondureña denunció que “durante varios años ha promovido movimientos migratorios irregulares, bajo engaño y falsas promesas para los connacionales” y que antes de ésta, en marzo promovió una similar.

De hecho, fue detenido en Guatemala y expulsado a Honduras. Fuentes calificó de “absurdas” esas acusaciones y que estaría bajo las órdenes del mismísimo Trump. Acusó a su gobierno de  buscar “chivos expiatorios” para no reconocer que en Honduras se vive una “tragedia humana terrible”, y que cientos de hondureños han muerto al tratar de huir de la pobreza, la violencia y la falta de oportunidades en el país.

Ciertas o no tales versiones, hay que aceptar que a Trump le está saliendo la jugada al usar este tema con fines electorales a fin de garantizar el control del Congreso y al mismo tiempo volver a su política de golpeteo contra nuestro país y Centroamérica. El 6 de noviembre veremos qué tan efectiva fue la estrategia.

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