Diana Loyola

Me he topado muchas veces con textos sobre las 4 leyes espirituales de la India, causalmente cada que necesito un empujón para salir de situaciones que me atoran o que necesito trascender para crecer o evolucionar. Del mismo modo y bajo la misma tónica de causalidad, creo que quienes recorren estas líneas es porque también les va a ser útil recordar estas leyes que, como llaves, nos permiten abrir las puertas de la salud emocional.

La primera ley dice que “la persona que llega es la persona correcta”. Esto podría ser un gancho al hígado para todos aquellos que sufren la presencia de alguna persona en sus vidas. Pues bien, si nos ponemos a pensar qué es lo que nos molesta de esa persona, seguramente tenemos material para trabajar eso mismo en nosotros. Nos fastidia quien se queja de todo y nos la pasamos quejándonos de ello, por ejemplo. Todos jugamos dos roles, el de maestro y el de alumno, dependiendo de la circunstancia. Y siempre tenemos algo qué aprender o algo qué enseñar a todas aquellas personas que llegan o que ya están en nuestras vidas, sobre todo de aquellas que no nos son gratas.

La segunda ley dice que “todo lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido”. No podemos ir al pasado y cambiar, corregir o editar nada de lo acontecido, y lo que pasó es lo que debía pasar para que aprendiéramos algo, para continuar con nuestro proceso de evolución, para extender nuestra conciencia. A todos nos consta que lo que se resiste persiste, así que preguntémonos qué debíamos aprender y no nos detengamos en arrepentimientos o preguntas eternas de ¿qué hubiera sucedido si…?, no nos resistamos al aprendizaje. Por otra parte, nada de lo que hagamos con el corazón puede estar mal, así que seguir nuestra intuición y actuar de acuerdo a lo que nos dicta, nos da la certeza a priori de que lo que sucede es lo mejor que puede suceder.

La tercera ley dicta que “en cualquier momento que comience es el momento correcto”. Todo llega a nuestra vida en el momento que estamos listos para recibirlo, no antes, no después. Si pensamos que algo nos llega demasiado tarde, repensémoslo. Tal vez antes no lo hubiésemos valorado suficiente, no habríamos sabido aprovecharlo o cuidarlo. Consciente o inconscientemente todos generamos lo que nos llega, hagámonos responsables de esta capacidad creadora y a ¡hacer, hacer, hacer!. En general los comienzos que vivimos son el resultado de una serie de pasos previos que debemos atravesar para ser capaces de manejar lo que llega.

La cuarta y última ley espiritual hindú, dice que “cuando algo termina, termina”. Esto nos puede resultar devastador, como en el duelo que atravesamos por la pérdida de una relación, de un ser amado, de algo que nos enriquecía y no queríamos dejarlo ir… Es importante recorrer y aprender de las etapas dolorosas, lo que a posteriori nos fortalece y nos da la posibilidad de reinventarnos. Allende el cliché, la aceptación de que las cosas terminan, nos brinda una sensación de paz, el drama al que se aferra el ego cede y podemos mirar nuestro presente, apreciar lo bueno que hay en él y comenzar de nuevo a sumar en nuestras vidas.

Estas cuatro leyes espirituales han sido flotadores para muchas personas en circunstancias adversas, donde sentimos que nos ahogamos en emociones que nos afectan negativamente. Si las hacemos parte de nuestra vida y nuestras decisiones, podemos seguir mejor el flujo de la existencia, podemos aprender con mayor consciencia y sobre todo, podemos ser mejores versiones de nosotros mismos, vibrando en armonía con nuestra paz interior y con los demás.

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