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Bet Birai Nieto

Junio fue uno de los meses más convulsos en Japón. En Tokio, 23 mil personas entre ellos estudiantes Zengakuren (abreviatura de zen nihon gakusei jichikai sō rengōFederación Japonesa de Asociaciones Estudiantiles), obreros pacifistas —incluyendo estadounidenses—, se manifestaron contra Estados Unidos por su guerra contra Vietnam y, todavía,  por el Tratado de Seguridad entre ambas naciones.

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CONTEXTO. A mediados de 1968 y hasta comienzos de 1969, el “movimiento Zenkyōtō”, se extendió a cientos de universidades de Japón.

El calor de la protesta se encendió cuando cara a cara, los diferentes grupos de Zengakuren estrellaron sus puños contra sus símiles y rivales, lo que resultó en 250 heridos entre policías y estudiantes, además de 54 detenidos por obstruir el tráfico.

El evento coincidió con la conmemoración de un acto trágico: la muerte del estudiante de la Universidad de Feaomkio Michiko-kamb, que perdió la vida en un enfrentamiento con la policía tras la protesta contra el Anpo, en 1960.

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Normalidad.
La información de las agencias noticiosas replicaban el cese de huelgas en algunas fábricas que aún mostraban resistencia a regresar a las actividades, pese a los acuerdos con el gobienro de Charles de Gaulle.

Aunque el Tratado de Seguridad entre Japón y Estados Unidos también llevaba ocho años, las exigencias de los estudiantes persistían y demandaban no sólo la revisión de ese pacto antes de que llegara 1970, sino su anulación.

A esto también le sumaban la petición del retorno a Japón de las islas Fyukyu, también administradas por Estados Unidos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Para el domingo 16 de junio, el repudio hacia la presencia de Estados Unidos en Japón se intensificó en una manifestación convocada afuera de la base aérea estadounidense de Itakuze, en la isla de Kyushu. Ese día se habían sumado 52 personas detenidas en un enfrentamiento entre 700 pacifistas, en su mayoría estudiantes, y 800 policías.

Al otro lado del mundo, en Uruguay se vivían momentos de tensión. Desde el jueves 13 de junio, el presidente Jorge Pacheco Areco había decretado la imposición de Medidas Prontas de Seguridad, que no eran más que acciones de emergencia que le daban al Poder Ejecutivo la facultad de suspender “transitoriamente” ciertas garantías constitucionales ante casos graves e imprevistos de ataque exterior o también conmoción interior. Este evento sería conocido como el inicio del Pachequismo, un estilo de gobierno con tintes dictatoriales que astutamente nunca rompió la constitucionalidad de Uruguay, la dictadura que no osa decir su nombre, como era conocida.

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PARO EN la UNAM.
El 20 de junio, siete mil 600 maestros de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) emplazaron a una huelga en demanda de aumento salarial, en la prensa se consignó la intromisión de grupos “extrauniversitarios” en el conflicto.

De nuevo brotaban las protestas contra el decreto y de nuevo los protagonistas de los enfrentamientos eran los mismos que en otros países: estudiantes y policías. El sábado 15 de junio, al menos 40 personas fueron detenidas en todo el país, a raíz de las violentas refriegas y para el 17 de junio se cumplían 48 horas de paro laboral por parte de dos organizaciones gremiales que pedían incluir mejoras salariales en el próximo presupuesto. Esta medida afectaba directamente a los ministerios de Ganadería y Agricultura, Obras Públicas, Hacienda, Salud, Transportes, Comunicaciones y Turismo, entre otras.

Era la víspera a la visita del multimillonario expresidente de Estados Unidos, Nelson Rockefeller, y las actividades en los bancos también fueron afectadas y las escuelas secundarias, como consecuencia de un paro sindical que llevaba 24 horas en reclamo por la designación del director general de esa rama de la enseñanza.

Pero Pacheco Areco no se quedaría de manos cruzadas y decretó la prohibición de cualquier manifestación en el centro de Montevideo, sólo permitiéndolas en las explanadas universitarias, municipales o en el Palacio Legislativo.

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Aseo. Desde el 3 de mayo, el Teatro Odeón en París fue escenario de discusiones entre la clase trabajadora y los universitarios, pero con su desocupación, el 14 de junio, se ordenó su limpieza inmediata.

Esto no sería ni de cerca la peor acción del presidente uruguayo contra las libertades de sus gobernados, pues ese mismo día ordenó la clausura del diario independiente de izquierda La Extra. En señal de protesta, los sindicatos de prensa decretaron un paro de 24 horas, por lo que los diarios no serían editados sino hasta el siguiente viernes, ya que el jueves no se publicarían por corresponder al día de descanso mensual de los vendedores.  El Mayo Francés era un referente en Uruguay, que vivía particularmente en sus niveles medios e intelectuales mirando hacia Francia.

De regreso a Francia, en París los días de protestas parecían haberse evaporado como si mayo se hubiera tratado de un gran chubasco. Junio representaba poco la vuelta a la normalidad y para restablecerla, el viernes 14 de junio, mil policías ingresaron al Teatro Odeón —el símbolo de la revolución cultural ocupado desde el 15 de mayo—, para expulsar a 208 jóvenes en resistencia, de ellos 76 de ellos fueron sacados por la fuerza “por intransigentes”.

Para el domingo 16, en medio de una fina lluvia y de una serie de enfrentamientos entre estudiantes y la policía antidisturbios la Sorbona despedía a sus últimos revolucionarios que dejaron como constancia de su paso, la bandera roja que ondeaba en lo alto de la universidad.

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