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María Idalia Gómez, Jonathan Nácar y Marco Antonio Aguilar

Este ejército se creó hace poco más de una década. A los campos de entrenamiento fueron enviados jóvenes de entre 17 y 25 años, seleccionados por sus habilidades físicas y considerando su perfil psicológico. Debían mostrar destreza para el manejo de armas, disposición para recibir órdenes y lealtad a los objetivos que debían defender. A cambio, recibirían las mejores armas, vehículos, ascensos y un salario de por lo menos mil dólares.

Los informes que integran los expedientes de inteligencia muestran que los encargados de crear este grupo paramilitar fueron exmiembros de élite de las fuerzas armadas, pero no sólo de México, también de Estados Unidos y hasta Medio Oriente. Con el paso de los años se especializaron en dos grupos, un cuerpo de élite cuya misión fundamental era defender a los líderes del Cártel de Sinaloa y los encargados de la seguridad de las operaciones de la organización.

Este grupo de jóvenes de complexión delgada, vestidos en su mayoría de negro, con rifles de asalto para enfrentar ataques a gran escala y con metralletas y pistolas para el combate directo, siguiendo órdenes y bien entrenados, desplegaron el pasado jueves 17 de octubre un plan de contingencia. Se trató, aceptaron quienes conocieron de los hechos, de un despliegue estratégico practicado previamente y que a partir de movimientos tácticos tomaron el control de la línea de operaciones del Ejército y la Guardia Nacional.

Así, en menos de una hora, lograron tener el control en un radio de operaciones de por lo menos 51 kilómetros, suficiente para apoderarse de la ciudad de Culiacán, porque es allí donde se concentran las oficinas públicas, los cuerpos de seguridad y las vías medulares de conexión y acceso. 

Toda la operación duró cinco horas: toma de control, sometimiento, amenaza, negociación, extracción y huida. Así, el ejército irregular al servicio del cártel del Pacífico lograron hacer jaque mate al Estado, por un operativo mal planeado.

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Información recabada por ejecentral plantea que estos grupos armados se mantenían en alerta desde hace un mes, a partir de la insólita visita –el pasado 11 de septiembre– de 12 funcionarios de Estados Unidos, encabezados por la agencia antinarcóticos estadounidense (DEA por sus siglas en inglés) que acudieron para “conocer de cerca el tamaño y sofisticación” del que consideran uno de los principales enemigos para la seguridad de Estados Unidos. Dos semanas  antes de la llegada de los funcionarios estadounidenses, la Marina logró dar un golpe importante contra el Cártel, por lo menos cuatro laboratorios clandestinos para la producción de drogas sintéticas fueron asegurados en la sierra de Culiacán, según estimaciones de la agencia anti drogas, al menos uno de ellos podía procesar hasta tres toneladas semanales de metanfetaminas.

Se trató de una visita inédita en la relación de México-Estados Unidos, por la cantidad de funcionarios, su posición dentro del gobierno estadounidense, el que fueron llevados a la sierra sinaloense para conocer los laboratorios incautados al Cártel del Pacífico y, por las medidas extremas de seguridad que se les permitieron: agentes estadounidenses, teléfonos encriptados y un helicóptero Black Hawk del cuerpo de Marines estadounidense. Pero un dato más arrojan las notas publicadas en el país del norte, los laboratorios habrían sido localizados por la información proporcionada por la DEA.

Camino recorrido

La conformación de grupos paramilitares para fungir como brazos armados de los cárteles en México tiene su antecedente con la aparición de Los Zetas. Un grupo conformado en un inicio por desertores de unidades élite del Ejército, quienes se convirtieron en los sicarios bien entrenados del Cártel del Golfo, y que con la pelea por el territorio obligó a otros grupos criminales a construir sus propios ejércitos irregulares. 

Toda la operación duró cinco horas. Así, el ejército irregular al servicio del cártel del Pacífico logró hacer jaque mate al Estado mexicano.

En el caso del Cártel de Sinaloa, destacan dos grupos especializados que tomaron relevancia por su entrenamiento, y su nivel de letalidad con base en su capacidad de fuego y las propias conexiones, se trata de Los Ántrax y la Gente Nueva o Los Chapos, tropas también conformadas por militares y policías desertores de los cuales se han diversificado la mayoría de las células operativas que fungen como sicarios. 

En julio de 2013, cuando el entonces diputado federal, Ricardo Monreal Ávila, actual senador morenista, reveló que en el territorio habría un registro de al menos 200 mil personas entrenadas y capacitadas para operaciones de exterminio criminal, que formaban parte de grupos paramilitares al servicio de delincuentes, cuya operación desmenuzó en un libro bajo el título de “Los escuadrones de la muerte en México”.

La plaza bajo control

La movilización y el plan de contingencia que durante la tarde noche del jueves 17 de octubre articularon los comandos bajo el mando del Cártel del Pacífico, respondió a un plan preestablecido en el que los civiles armados definieron las directrices para sitiar y desestabilizar la ciudad capital de Sinaloa. El repliegue de las fuerzas de seguridad resultó inevitable. 

Fue alrededor de las 2:30 de la tarde (hora local de Culiacán) cuando trascendió la detención de Ovidio Guzmán López, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán. El punto de la captura se ubicaba en una casa dentro de un fraccionamiento contiguo al Malecón, un lugar al que vigilaban desde varios días atrás.

Prácticamente de manera simultánea comenzaron los incipientes reportes de balaceras por diversos puntos, principalmente en el área de Tres Ríos y en inmediaciones de la Fiscalía General del estado. 

Al filo de las tres de la tarde las cámaras de videovigilancia del Centro de Comando, Control, Comunicaciones, Computo e Inteligencia (C4) de la Policía Estatal captaron los primeros desplazamientos de vehículos con civiles armados para apoderarse de la ciudad, por medio de bloqueos, y el despojó y quema de vehículos en puntos estratégicos. 

ejecentral elaboró un mapa sobre los bloqueos, enfrentamientos, ataques directos y los desplazamientos de estos grupos criminales que, por lo menos durante cinco horas, mantuvieron paralizada la ciudad. Fue posible visualizar el uso de estrategia para bloquear los ingresos y egresos a la urbe, perturbar y cercenar sus principales vías de comunicación y generar el freno, aislamiento y finalmente parálisis de las autoridades. 

“Su intención fue paralizar y darle jaque mate al gobierno, por ellos (el cártel) planteó los escenarios posibles y al final de cuentas el perdedor resultaba el gobierno. Fue una jugada de ajedrez. No hubo necesidad de enfrentamientos porque el gobierno sabía que cualquiera que fuera la decisión iban a acabar perdiendo. Ellos sí tenían una estrategia, absolutamente”, sostuvo Alexei Chévez Silveti, consultor y especialista en seguridad y contraterrorismo.

Según el esquema, la toma de las casetas principales, las acciones de intimidación (disparos disuasivos y ataques directos) en contra de instalaciones estratégicas, de gobierno, así como en sitios con una importante aglomeración de personas habría terminado por agrupar un perímetro superior a los 51 kilómetros. Reactivos en persecución es como lograron inhibir y controlar la zona donde en menos de una hora se había informado sobre la detención del capo, uno de los objetivos prioritarios por las autoridades de Estados Unidos en busca de inhabilitar el también conocido como el Cártel del Pacífico. 

En entrevista con este periódico, Cristóbal Castañeda Camarillo, titular de la Secretaría de Seguridad Pública de Sinaloa, detalló que la mayor cantidad de bloqueos y de enfrentamientos se concentraron principalmente sobre la avenida Álvaro Obregón, lo que se conoce como el Malecón Nuevo, y la avenida Enrique Sánchez Alonso, que resulta una de las arterias más transitadas y donde se sitúa la afluencia conocida como los Tres Ríos. 

El funcionario estatal reconoció que la forma de operar de los grupos armados se diversificó y fueron “demasiado puntos” donde se suscitaron los enfrentamientos, y a cinco días de ocurridos los hechos señaló que la Fiscalía General de la República seguía con levantamiento de pruebas en donde ocurrieron los daños, y la ubicación de la totalidad de puntos como parte de la carpeta de investigación.

Le estrategia de este grupo criminal provocó que  las fuerzas de seguridad que “se mantenían circulando se topaban directamente con esas personas (los pistoleros del cártel) y eran agredidos, había un intercambio de disparos, o en los lugares donde hicieron los bloqueos (…) La problemática es que no sabíamos qué estaba pasando. En el día normal de una corporación ocurre una emergencia, se tiene el reporte de un enfrentamiento y se atiende, pero en este caso había versiones de gente armada, tuvimos 14 enfrentamientos, en algunos casos de manera simultánea, más la fuga del centro penitenciario, la toma los perímetros son muy amplios”, reconoció el titular de la SSP estatal.

Información de la DEA

El año pasado, tras plantear el Departamento de Justicia de Estados Unidos que el Cártel de Sinaloa (también llamado del Pacífico) representa una amenaza para la seguridad nacional de ese país se integraron equipos especiales como Fuerza de Tarea, con una visión trasnacional, para combatir a esta organización.

Entre los objetivos prioritarios se ubican también los cárteles del Golfo y Jalisco Nueva Generación; así como la Mara Salvatrucha (MS-13), y el grupo terrorista libanés Hezbollah. 

Para el caso del cártel de Sinaloa, cuyo liderazgo visible sigue estando a cargo de Ismael El Mayo Zambada, el subcomité quedó al mando del fiscal federal adjunto Matthew Sutton de la Oficina del Fiscal de los Estados Unidos para el distrito sur de California, quien ha procesado a varios capos del cártel.

Esta visión estadounidense sobre las amenazas a su seguridad cobró forma en septiembre pasado. Primero se formalizó la solicitud de extradición de los hijos de Guzmán Loera, Iván Archivaldo y Ovidio Guzmán, sobre una acusación que databa del 2018, pero que fue solicitada hasta ahora, porque la DEA contaba con información precisa sobre la ubicación de los hermanos Guzmán. 

Además, en los primeros días de septiembre la Marina anunció el aseguramiento de cuatro laboratorios utilizados para la elaboración de drogas sintéticas. Este hecho se reportó en el sitio Alabama Local News como un hallazgo de la DEA y bajo el resguardo de la propia agencia, en al menos uno de estos laboratorios.

›Para el 11 de septiembre llegó a la Ciudad de México una delegación de 12 funcionarios que se reunieron con el jefe de operaciones de la DEA y el director regional Terry Cole; así como con el fiscal general Alejandro Gertz Manero. Su viaje era para visitar “el hogar del Cártel de Sinaloa”.

Al siguiente día, la comitiva en la que también viajaban el fiscal general de Alabama, Steven Marshall, y los fiscales federales Jay Tow, Louis Franklin y Richard Moore; así como otras autoridades locales, quienes sobrevolaron seis laboratorios, cuatro de ellos incautados y aterrizaron en uno de ellos, en el que se producían hasta tres toneladas semanales de metanfetaminas.

El fiscal Jay E. Town, perteneciente al Comité Coordinador de Reducción de Delitos Violentos del Procurador General y a la Junta de Gobierno Nacional de Inteligencia contra las armas de fuego, reveló que la misión fue peligrosa, que se utilizaron aplicaciones encriptadas en los teléfonos para poder comunicarse. 

El laboratorio había permanecido dos semanas resguardado, para que las autoridades estadounidenses pudieran ver de primera mano la capacidad del cártel y quedaron sorprendidos. Así lo dijeron Nicholas Derzis, el jefe de la Policía de Hoover y graduado de la Academia Nacional del FBI; a Barry Matson, director ejecutivo de la Oficina de Servicios de la Fiscalía; a Robert Broussard, fiscal de Distrito y a Bryan Taylor, consejero general del gobernador de Alabama.

El comunicado del Departamento de Justicia de Estados Unidos explicó que la operación fue calificada como “encubierta” y sólo se hizo pública hasta que la delegación estuviera a salvo en Estados Unidos. 

“Fue peligroso. Tuvimos que usar aplicaciones encriptadas en nuestros teléfonos para comunicarnos, incluso porque sabíamos que los cárteles sabían que estábamos en la ciudad. La gente sabía que estábamos en la ciudad y sabían por qué estábamos allí y no les gustó”, dijo Town al periódico AL de Alabama el pasado 19 de septiembre. “Lo que vimos fue exactamente lo que pensamos que íbamos a ver, y más”. 

La narrativa presidencial

En los últimos cinco días, desde los ataques en Culiacán, López Obrador recargó su discurso y entrevistas en la palabra “vida” y en la frase “la paz y la seguridad son frutos de la justicia” 

maaguilar@ejecentral.com.mx

Desde el “jueves negro” de Culiacán, Sinaloa, la palabra más mencionada por el presidente Andrés Manuel López Obrador es “vida” (con 41 veces), lo que confirma que su principal argumento para contrarrestar la ola de opinión respecto al mal desempeño de las Fuerzas Armadas en el operativo para capturar a Ovidio Guzmán López, hijo del narcotraficante Joaquín El Chapo Guzmán, es que la vida de las personas vale más que la aprehensión del delincuente.

De igual forma, “la paz y la seguridad son frutos de la justicia” fue la frase más repetida por el mandatario (nueve veces), de acuerdo con un revisión que ejecentral realizó de las versiones estenográficas de las entrevistas y discursos pronunciados por el tabasqueño entre el 17 y el 22 de octubre.

“Violencia”, “decisión”, “Culiacán”, “paz”, “política”, “fuerza”, “gente”, “información”, “México”, “tranquilidad”, “humanos”, “importante”, “secretario”, “personas”, “país”, “estrategia”, “seguridad”, “justicia”, “defensa”, “Sinaloa”, “pueblo”, “riesgo” y “orden”, son los vocablos que el Presidente ha repetido en más de 10 ocasiones durante esta semana, de acuerdo a un análisis realizado con la herramienta digital NubeDePalabras.es. 

Frases como “el uso de la fuerza ha quedado relegado”, “lo más importante es la vida”, “la violencia no se puede combatir con más violencia”, “no se puede apagar el fuego con el fuego”, “debemos garantizar la paz y la seguridad”, “la decisión que tomó el gabinete de seguridad y yo avalé” son las que sobresalieron en los discursos de López Obrador, reveló la aplicación Textalyzer. 

Palabras y frases que ha hecho populares durante sus casi 11 meses de gobierno, en esta semana tuvieron poca presencia. “Transformación” y “opositores”, sólo fueron mencionados en dos ocasiones; mientras que “nada por la fuerza, todo por la razón y el derecho” y “se tornó difícil la situación”, las repitió en igual número de veces. 

El pasado jueves, en un operativo que ha sido calificado de fallido y en que, tras una corta detención de Ovidio Guzmán López, el presunto delincuente e hijo de Joaquín El Chapo Guzmán fue liberado para frenar los ataques, la fuga de reos, los bloqueos, enfrentamientos, secuestros y el caos que desató la detención. 

Extractos. Con la herramienta nubedepalabras.es se contabilizaron los vocablos del mandatario.

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