Oscar Moha

La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) cuenta con poco más de mil cien trabajadores a nivel nacional y sólo 26 capacitadores que tratan de atender las miles de quejas y denuncias de las Organizaciones de la Sociedad Civil, Colectivos de activistas y cada asunto personal que llegan de todas partes de la República. 

No hace falta que los expertos digan que vivimos un estado crítico en materia de violación de garantías individuales y colectivas para constatar que cualquier ciudadano en cualquier parte del territorio nacional está expuesto a ser violentado: el incremento de periodistas asesinados, el aumento de feminicidios, la corrupción en tribunales y juzgados, el hacinamiento en todos los reclusorios del país, la colusión de servidores públicos con bandas delincuenciales y otros temas que se contemplan bajo la óptica moral-religiosa de millones de mexicanos como la despenalización del aborto, el reconocimiento de los matrimonios igualitarios, los derechos de la comunidad LGBT, la eutanasia, la donación de órganos están dentro del reclamo nacional. 

Desde su creación, en 1990, este organismo -que debe ser autónomo- ha tenido 7 titulares de los cuales  sólo una ha sido mujer: Mireille Roccatti, quien ocupó el cargo poco más de dos años. Varias servidoras públicas han demostrado en los dos últimos sexenios su entereza por la protección de la vida y sus derechos derivados, especialmente con los grupos en situación de vulnerabilidad. En la CNDH hace falta valor femenino que certifique a la población la existencia de libertad en esta 4T para hacer frente a toda esa problemática, sin necesidad de que el Presidente de la República apruebe o busque la coyuntura política para el actuar de la Comisión. 

La Maestra Elizabeth Lara Rodríguez ha ganado simpatías a nivel nacional por su trabajo con migrantes y otros grupos en regiones donde el fenómeno migratorio se incrementa gravemente. También es la apuesta y propuesta de colectivos y Organizaciones de la Sociedad Civil de presencia nacional, pues conocen el trabajo defensor que ella desarrolla desde hace décadas. 

De llegar a la CNDH, Lara Rodríguez no formaría parte del grupo que gobierna México, ni mucho menos despacharía desde una oficina que hiciera contrapeso a los hombres y mujeres del poder, ni dedicada a justificar las violaciones, ni a tomar decisiones mediáticas para bien de la imagen del grupo en el poder. A decir de quienes la apoyan, deberá cumplir con la encomienda ciudadana de promover, difundir y hacer respetar los derechos de todos los mexicanos desde la autonomía que ese cargo merece. 

En reuniones con líderes sociales, Ministros de Culto, presidentes de Asociaciones Civiles y Religiosas, Elizabeth Lara ha detallado sus tareas como defensora de las víctimas de abusos de servidores públicos, y el reclamo justo del pago de los daños que han causado a los perjudicados y sus familiares. “Es una exigencia nacional disminuir el poder político, la corrupción y la impunidad para contar con un Ombudsperson que rinda cuentas al pueblo y no a un Gobierno”, comentó en una junta donde le manifestaron su apoyo denominaciones históricas y Asociaciones Religiosas que también llevan a cabo un trabajo de protección en zonas donde el crimen organizado tiene también redes y bases.

Grupos de representatividad nacional como la Alianza de Comunicadores Cristianos que aglutina más de 50 estaciones de radio comunitarias en la República Mexicana; el Parlamento Nacional Evangélico Latinoamericano, que incluye Iglesias Históricas y Grupos Neopentecostales; la Confraternidad Nacional Evangélica de México; y al menos una centena de Asociaciones Civiles y colectivos reconocen lo expresado por la activista que aspira a ser Presidenta de la CNDH: “la defensa de los derechos va en serio y va en equipo”. Como oaxaqueña sabe del trabajo de las matronas, de los grupos que ayudan a migrantes, de los indígenas expulsados de sus pueblos por distintas causas incluyendo la intolerancia religiosa, reconoce las necesidades de los que perdieron todo en los pasados sismos, valora el trabajo de los docentes y atiende los reclamos de indígenas que dan la vida por sus bosques y les ha expresado solidaridad porque sabe empatizar. 

Tampoco es la favorita de ninguno de los grupos parlamentarios y aunque tiene hostilidades políticas, con todos ha sabido dialogar. Su profesión de abogada le ha dado el expertise para la solución de conflictos a través del diálogo y la conciliación. Serán los senadores quienes elijan si la CNDH debe incluir dentro de su catálogo de ofrecimientos a la población el valor femenino que los mexicanos demandan, o dar continuidad a la cultura machista que todavía alientan miembros de alcurnia partidista donde la misoginia llega a extremos noroñescos.

PALABRA DE HONOR: Sugerencia para quienes investigan las causas por las que colapsó el helicóptero donde viajaban la gobernadora de Puebla, Martha Erika Alonso, su esposo Rafael Moreno Valle y otras dos personas en diciembre pasado: llamen al Padre Alejandro Solalinde y al pastor Arturo Farela Gutiérrez para que coadyuven, porque el móvil del asunto lo acaba de revelar el actual mandatario poblano, Luis Miguel Barbosa. Según él, fue “Dios quien los castigo” por haberle robado la elección. Es decir, el móvil ya está explicado, faltaría saber el modus operandi del Todopoderoso para cerrar el caso.

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