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Redacción ejecentral
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Foto Especial

Bet-biraí Nieto Morales / Enviada

Estación Laguna Seca, SLP.- Rubí no tuvo fiesta de XV años. Más bien políticos, patrocinadores y medios de comunicación se apoderaron de su festejo y la joven fue sólo el pretexto, sólo fue una invitada de lujo que destacó.

Doce horas duró la fiesta y la quinceañera no convivió con los 40 mil autoinvitados, casi todo lo vio desde un camión que le sirvió de camerino. Aunque tampoco fue muy necesaria su presencia en el huateque, porque cada quien armó su fiesta escuchando a los grupos, viendo la carrera de caballos, comiendo, bailando o bebiendo. Rubí fue secundaria.

Mientras, las diferentes marcas, nacionales e internacionales, que patrocinaron parte de la fiesta, controlaban todo lo que se movía alrededor de Rubí. A qué hora se levantaba y se sentaba, a qué familiares dejaban sentar a su alrededor, a qué hora bailaba el vals y dónde, la hora de la comida y con quién debía comer, y hasta qué chistes debía escuchar.

rubi2Los policías estatales y los agentes de Protección Civil tampoco la dejaron respirar, argumentando razones de su seguridad. Y los medios de comunicación abrumaron a la familia muy pronto. Antes de la misa, el padre de la quinceañera, Crecencio, estalló contra los reporteros gráficos que les impedían el paso al arremolinarse para tomar imágenes de la adolescente.

Y algunos políticos, especialmente los que tienen alguna aspiración para el próximo año, aportaron lo suyo a la fiesta, con tal de que su foto o su nombre apareciera. El gobernador de San Luis Potosí, Juan Manuel Carreras, que llegó en helicóptero a darle el abrazo a Rubí, fue el que autorizó la presencia de agentes de seguridad, los cuerpos de emergencia y facilidades para el traslado de invitados.

El secretario electoral del PRD del Estado de México, Octavio Martínez, apoyó con un camión para que sus vecinos de Ecatepec, pudieran llegar al festejo, y el presidente municipal de San Blas, Hilario Ramírez, conocido como Layín, que aspira a ser gobernador de Nayarit y que es el mismo que confesó robar “poquito” como funcionario, se apareció con un carro de regalo para la quinceañera.

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Foto | Cuartoscuro

El 26 de diciembre, hombres y mujeres comunes, y la quinceañera de un pueblo llamado La Joya en San Luis Potosí, con sus 40 casas, sus chivas, sin internet ni teléfono, se desbordó y fueron convertidos en tendencia en las redes sociales. Y por 12 horas fueron una suerte de muñecos que sonreían para la cámara de los medios y de los curiosos que llegaron al municipio de Villa de Guadalupe, donde se hizo la misa y la comida, y al de Charcas, en donde se acomodó el baile y la chiva.

“Esto de Rubí no es normal, yo vengo por el desmadre, pero a quién se le ocurre invitar a tanta gente a una comunidad tan pobre”, dijo Thea Medina, estudiante de San Luis Potosí.

Fue un día de mexican curious, soltó sonriente un periodista alemán enviado para los XV de Rubí.

Después de la presentación de la Banda Jerez de Marco Flores y la atropellada incursión de Layín, Rubí fue confinada en una guarida de una sola entrada y durante toda la noche sólo saldría bajo el resguardo de policías judiciales encargados por el gobernador del estado.

rubi3Instalado al lado de uno de dos escenarios, permaneció un autobús en rojo y amarillo, rotulado con letras gigantes, blancas, delimitadas en negro en el que se podía leer Los Inseparables Indomables de Cedral, que sirvió como camerino improvisado para que la quinceañera se cambiara de vestuario en tres ocasiones, apoyada por Anaelda García, su madre, quien vistió un azul rey con pedrería, chaquira y canutillo plateado.

La joven salía del encierro del camión en tanto se lo indicaran los empleados de la empresa organizadora de eventos sociales, D´ Fiesta, de Matamoros, Tamaulipas, que también patrocinó el festejo.

Allí dispusieron de 40 sillas, colocaron cervezas y algunos alimentos, pero el sitio especial fue una plataforma de madera de 30 por 50 metros para la gente que acompañaría de forma más cercana a la quinceañera.

Abajo estaban los parientes y amistades que no obtuvieron la pulsera de tela negra, distintivo que les permitía el acceso al entarimado, pero sí un lugar entre 50 sillas en las partes delantera, trasera y derecha del escenario, donde instalaron una fuente de donas, patrocinadas por una empresa estadunidense. Ni todos los parientes, ni todos los amigos tuvieron el privilegio de alcanzar el pase al lugar.

A las siete de la noche debutó Rubí con su vals, y más tarde bailó un ritmo moderno. Ese fue su momento estelar. No hizo más, poco se le vio fuera del camión. Minutos después de la media noche se fue de la fiesta a bordo de una  camioneta blanca Cadillac Escalade. Pocos se dieron cuenta y de todas formas no importó, porque el huateque continuó.

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