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Jorge Díaz Elizondo

En esto, el orden de los factores sí altera el producto y creo que así nos la pasaremos, con el “hubiera” atorado en la garganta

Con tristeza vemos que el anuncio presidencial de la semana pasada no prendió como se esperaba; en realidad, el decálogo presentado por Peña Nieto tiene buena intenciones, refritos y medidas a largo plazo. No es que no sean deseables las medidas que pretenden remediar nuestros problemas, aunque sean copiadas o recicladas de otras iniciativas; pero la sociedad demanda inmediatez, algo que nos diga que hay determinación para erradicar la corrupción e impunidad. En este punto, los mexicanos queremos ver castigos ejemplares.

Peor es nada dirían algunos; sin embargo, considero justo que se critiquen estas medidas y se exija más, algo más.

Pero lo que se siente aún peor de todo lo que nos ha envuelto en los últimos y terribles meses, es el frustrante sentimiento de la imposibilidad de convertir en realidad el “hubiera”.

¿Sabe por qué le digo eso? Porque la lectura que hoy nos dice Peña Nieto que hace sobre la situación que impera en el país, es prácticamente la misma que pudo haber hecho cuando tomó las riendas de México y por ahí debió haber empezado, en lugar de hacer como que no la veía. La nación no es muy diferente en términos de ausencia del estado de derecho, ineptitud de autoridades, corrupción e impunidad a los últimos 50 años. Las condiciones ya estaban dadas para estos cambios y entonces la historia sí “hubiera” sido distinta.

Se fue al paso 2 antes de realizar el paso 1 y ahora quiere empezar por el principio.

En esto, el orden de los factores sí altera el producto. Lo que se pudo evitar será una sombra que inevitablemente lo acompañará durante toda su gestión y lo que se perseguía con las reformas quizás no sea ni la mitad de lo esperado, de haber comenzado por lo más importante: dar a los mexicanos seguridad y garantías para erradicar la impunidad y corrupción, mismas que ya manchan las reformas por haberlo hecho al revés.

Y creo que así nos la pasaremos, con el “hubiera” atorado en la garganta. Si a esta lectura de atrás para adelante del plan presidencial le agregamos los factores externos (petróleo), que pegan directo a la economía, lo que parecía el ingreso indiscutible de México a las grandes ligas, parece el eterno destino del “ya merito, por muy poco se nos fue la victoria”.

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