La crisis de los 50
Así llega Enrique Peña Nieto a la mitad de un siglo
Por Juan Carlos Rodríguez
Con una popularidad en sus niveles más bajos y al frente de un partido político que el mes pasado obtuvo la cosecha de votos más pobre de su historia.
Con un segundo matrimonio que ha durado cinco años y siete meses, y como padre de seis chicos: cuatro mayores de edad, una adolescente y una niña de 10 años.
Con ingresos anuales por 3.1 millones de pesos y un patrimonio que ronda los 28.3 millones. Con mil 328 días como Presidente y otros 862 que le restan para completar su mandato.
Con una condición que le permite correr 10 kilómetros en menos de una hora y con una disculpa pública por el escándalo desatado tras la compra de la “Casa Blanca”. Así llega el presidente Enrique Peña Nieto a los 50 años de edad.
Nacido en Atlacomulco, Estado de México, el 20 de julio de 1966, Peña Nieto forma parte del grupo de los seis presidentes de la República posteriores a la Constitución de 1917 que les ha tocado celebrar su medio centenario estando aún en funciones, como fue el caso de Felipe Calderón, Miguel de la Madrid, Luis Echeverría, Miguel Alemán y Plutarco Elías Calles.
Las canas ya son inocultables, los hijos están en la universidad o han comenzado su vida productiva, las visitas al médico son más frecuentes y la textura de la piel delata que sólo faltan 15 años para la jubilación.
De acuerdo con los psicólogos, los cincuentas es el tiempo en que los hombres suelen hacer una evaluación de lo hecho hasta el momento y vienen las preguntas ¿Es útil mi vida? ¿Estoy satisfecho con mi existencia? ¿Y mañana qué sigue? Algunos transitan la crisis de los cincuentas con buena actitud, pero no pocos caen en la depresión.
“La juventud fue un factor fundamental para el triunfo de Peña Nieto en las elecciones de 2012; sin embargo, hoy la imagen de funcionario jovial no le está ayudando, tiene una aceptación que ronda el 28 por ciento”, dice Rubén Aguilar Valenzuela,quien recientemente publicó el libro La comunicación presidencial en México. “No está logrando empatía con los jóvenes ni con la sociedad en general. Los 50 años podrían ser un buen pretexto para cambiar de estrategia”, agrega el analista político, quien se desempeñó como vocero durante la presidencia de Vicente Fox.
“Para los hombres del poder, la edad se mide en sexenios, no en años. En ese sentido hay expresidencias muy largas y dolorosas”, señala por su parte José Elías Romero Apis, autor del libro El jefe de la banda, donde repasa las vivencias de los presidentes de la República durante y después de haber ocupado el máximo cargo político en México.
Mostrar el músculo
Hasta antes del 28 de junio pasado, en los tres años y medio años que lleva al frente del Poder Ejecutivo federal, el presidente Peña sólo se había dejado ver en shorts, playera y tenis en tres ocasiones. Y sólo dentro del territorio nacional.
La primera fue el 13 de julio de 2013, durante la Tercera Carrera Molino del Rey, organizada por el Estado Mayor Presidencial. La segunda, el 22 de marzo de 2014, en la cuarta edición de la carrera; y la tercera, el 15 de agosto de 2015, durante la quinta edición de la competencia, misma que había causado expectación, pues habían transcurrido menos de dos meses desde que el mandatario había sido sometido a una intervención quirúrgica para extraerle la vesícula biliar.
Pero algo pasó el último martes de junio, pues el mandatario inició la jornada de trabajo de su segundo día de visita con una carrera por las calles de Canadá, en compañía del primer ministro Justin Trudeau.
Vestidos con short y playera, ambos mandatarios corrieron en el puente Alexandra Bridge, que une las provincias de Ontario y Quebec.
Manuel González Oscoy, investigador de la Facultad de Psicología de la UNAM, refiere que los 50 años de edad vienen acompañados del inicio de un deterioro de las capacidades físicas, por lo que “es tiempo de valorar nuestro estado de salud; nuestra calidad de vida dependerá de nuestros hábitos y de la atención médica que nos procuremos”.
Afirma que las competencias en las que participó el presidente Peña -la más reciente tuvo lugar el sábado pasado, durante la Sexta Carrera Molino del Rey- son muestras de que quiere que se le vea como un hombre con vitalidad.
González Oscoy sostiene que es muy probable que ya desde ahora el presidente Peña se plantee expectativas para cuando termine su gestión. “Seguramente se preguntará qué hacer en los próximos 10, 20 o 30 años de su vida. Es problable que visualice un empleo fuera del país o algún posgrado, como hicieron sus antecesores”.
El especialista afirma que, dado el aumento en la esperanza de vida, la percepción de la gente sobre la vejez o la juventud ha cambiado. “Por ejemplo, Hillary Clinton está a punto de cumplir 69 años y la gente no duda que pueda gobernar Estados Unidos; es casi la misma edad que tenía Ronald Reagan cuando ganó la presidencia, pero a él sí se le veía como un anciano”.
González Oscoy recuerda que Adolfo Ruiz Cortines tiene la fama de ser el más anciano de los presidentes contemporáneos; sin embargo, sólo tenía 63 años cuando llegó a la Presidencia de la República, es decir, los mismos que hoy tiene Andrés Manuel López Obrador, actual puntero en las preferencias electorales.
Retrospectiva
“Cuando un verdadero político repasa su vida hacia atrás se sorprende de lo que ha tenido y de lo que ha sostenido. Percibe la dimensión de sus facultades y el uso que le ha podido dar a sus posibilidades. Ello encierra un gozo indescriptible”, explica el catedrático, abogado y exconsejero jurídico de la Presidencia, José Elías Romero Apis.
Al analizar el paso de los años en los presidentes de la República, Romero Apis afirma que “adentro de la investidura de Presidente vive un hombre que cumple muchas de sus promesas y que se olvida de muchas otras. Que alivia y que lastima.
“Los líderes gozan como casi ningún otro individuo. Pero pagan un severo precio, porque los líderes sufren casi como ningún otro individuo”, reflexiona el autor, quien ha sido colaborador de cinco presidentes de la República.
Al preguntarle cómo ve al presidente Peña al cumplir 50 años, Romero Apis responde:
“Lo veo entero. Pero la edad de los hombres del poder no se mide en años, sino en sexenios”.
Y respecto a sí ve a mandatario tejiendo su futuro, el abogado asevera que “aún no hay suficientes elementos para emitir un juicio, pero recuerda que ha habido expresidencias muy largas. La pérdida del poder puede ser dolorosa y hay quienes viven con este sufrimiento durante muchos sexenios”.
Respecto de los presidentes que han tenido los festejos más alegres de su cincuentenario, Romero Apis cita a Adolfo López Mateos, quien se encontraba en plena campaña y le faltaban siete meses para asumir el poder; a Lázaro Cárdenas, quien había dejado la Presidencia cinco años antes y se desempeñaba como secretario de Guerra de Ávila Camacho; y a Emilio Portes Gil, quien después de dejar la Presidencia, a la edad de 40 años, ocupó varios cargos públicos, entre ellos líder del PRI, secretario de Gobernación, procurador y canciller.
›En contraste, uno de los cumpleaños más tristes es el de Carlos Salinas de Gortari, quien en 1998 “llegó a los 50 años en medio de una crisis existencial, distanciado del país, con el hermano encarcelado, exiliado en Irlanda y traicionado”.
Otra celebración trágica, de acuerdo con el abogado, político y catedrático, es la de Miguel de la Madrid, pues el día de su cumpleaños 50 (12 de diciembre de 1984) apenas habían pasado dos semanas de las explosiones en San Juan Ixhuatepec, Estado de México, lo que provocó la muerte a más de 500 personas.
Quienes llegaron al medio centenario mientras lamían sus heridas son Felipe Calderón y Ernesto Zedillo. El primero los cumplió el 18 de agosto de 2012, 13 días antes de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación avalara el triunfo de Peña Nieto en las urnas, lo que representaría el regreso del PRI a Los Pinos; y el segundo los cumplió el 27 de diciembre de 2001, autoexiliado en EU y resintiendo todavía las críticas por haber entregado un año antes el poder a Fox.
¿Golpe de timón?
El analista político Rubén Aguilar estima que siempre es tiempo para rectificar el camino y hacer cambios para mejorar, por ello “pienso que los 50 años del presidente Peña Nieto son un buen pretexto para modificar la estrategia de comunicación, pues las encuestas revelan que más de 70 por ciento de los mexicanos reprueba el desempeño del mandatario”.
Sin embargo, no ve voluntad en Los Pinos. “La comunicación del Presidente no es adecuada, no está funcionando, pues no han podido erradicar la idea de corrupción y frivolidad que tiene la gente respecto al Presidente y la gente que lo rodea”.
Aguilar dice que los asesores de Peña Nieto no lo dejan debatir, no lo dejan que vaya al radio o a la televisión a las entrevistas; lo tienen sobreprotegido y no se han movido de su discurso original.
“Yo pienso que deben salirse de lo políticamente correcto y dejar a un lado ese estilo rancio, ese comportamiento solemne y propio. Pero es una cultura muy arraigada en el Grupo Atlacomulco y en el Grupo Hidalgo”, lamenta.