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J. S Zolliker

Para muchos, estamos viviendo una pesadilla. Para el resto de nosotros, se trata solamente de una temporada muy compleja. La enfermedad de Covid-19 ha sido un reto brutal para la humanidad, pero en especial, para todas las personas que se dedican a la atención de pacientes. Hoy en día, el personal de primera línea y en especial el del sector salud público y privado, no sólo se enfrenta a un síndrome de “BurnOut” o agotamiento extremo por trabajar, por meses sin descanso; sino que además, muchos están enfermando por la nueva variante. 

Pero ahora, los pacientes están comenzando a llegar de forma masiva y no hay suficiente personal para atenderlos. Se comienza a formar una tormenta perfecta: posibilidad de saturación del sistema hospitalario y falta de personal capacitado para atender las camas disponibles.

Esto se veía venir y tuvimos casi dos meses para prepararnos, y con mucha logística, organización y algo de suerte, habría sido evitable en sus peores consecuencias, pero no se hizo nada al respecto, incluyendo campañas de concientización sobre el uso correcto de cubrebocas y ventilación adecuada, quizás por falta de presupuesto, quizás por falta de voluntad política, quizás por ambas. Pero lo peor, está aún por venir. O al menos, eso es lo que nos dicta nuestra experiencia, pues las secuelas de mediano y largo plazo del virus, son un tema aún desconocido y hasta por algunos, negado. 

Las secuelas de la enfermedad y el Covid prolongado (#LongCovid) son una realidad abrumadora que comienza a cobrarles factura a varios. En los casos más leves e inmediatos, por ejemplo, de quienes afortunadamente no requirieron de hospitalización, hay quienes presentan un cuadro de mialgias (dolor de cuerpo que puede llegar a ser severo) acompañadas de debilidad persistente, falta de aire o aliento al poco ejercicio físico, rápido agotamiento, taquicardias, insomnio, angustia y hasta problemas en la tiroides. 

Hace un año con casi cuatro meses, un grupo de profesionales de la salud y su servidor, nos dimos cuenta que, en varias de las personas que superaban la etapa aguda y de hospitalización de Covid-19, había gente que después de algunos meses, presentaban problemas, síntomas y dolencias relacionadas con padecimientos multisistémicos, incluyendo complicaciones inflamatorias en diversos órganos, como la tiroides o el páncreas, así como algunos casos de enfermedad neurológica (desde neblina mental hasta problemas motrices para amarrarse las agujetas de los zapatos), autoinmiune y que ciertamente, no tenían antes de padecer #COVID19.

En el mundo, por esas fechas también, comenzaron a publicarse estudios internacionales con todo el rigor científico como los de The Lancet y MedRxiv, donde se identificó que en muchos países, hasta el 80% de los pacientes sobrevivientes de Covid-19, presentaban hasta 50 efectos de largo plazo, adicionales a los que habían presentado hasta las 16 semanas posteriores a la infección inicial.

Ya desde principios del 2021, sabemos que las secuelas de Covid-19, no son exclusivas de quienes se contagiaron y presentaron cuadros sintomáticos, sino que también se presentan en personas que nunca se supieron infectadas (sólo hasta que les hacemos estudios de laboratorio, verificamos que cursaron asintomáticos), lo cual, pudiera involucrar en el mediano y largo plazo, a una muy buena parte de la población (con Ómicron, se estima que entre el 16% y el 30% pudieran ser asintomáticos).

Esto representa retos muy importantes, tanto en la salud personal como el ámbito publico, pues ni los ahorros ni los seguros privados o sociales, incluyen el tratamiento de las complicaciones o nuevas cronicidades que se puedan presentar con el tiempo. De estas, según nuestro caso y según nuestra experiencia, algunas de las principales secuelas y complicaciones que se pueden presentar después de 3 meses del cuadro agudo de Covid-19, son las siguientes (ordenadas de mayor a menor gravedad):

THS (Thrombosis, Stroke or Heart Attack): recientemente, se ha encontrado que algunas personas (especialmente jóvenes que no tienen antecedentes ni enfermedad coronaria), fallecen a los pocos  meses de haber contraído Covid-19, por una aparente relación con trombos (pueden ser por trombosis venosa profunda, trombos pulmonares, etc.) que al principio se observaban en las unidades de cuidados intensivos durante el cuadro agudo de la infección por un desorden de tipo sanguíneo coagulatorio y que ahora, se ha relacionado con el virus y que puede pasar desapercibido. Con un diagnóstico temprano, con tratamiento y seguimiento médico, las fatalidades son evitables. 

Daños vasculares, afectación renal y pancreática.

Daño neurológico, que incluye desde problemas de coordinación motriz (personas que no pueden ni hacerse el nudo de la corbata o de los zapatos, pasando por quienes pierden el equilibrio), hasta “neblina mental” y confusión en diversos grados (hay estudios que relacionan la presencia viral en el cerebro, con la probabilidad de que en largo plazo, se incrementen los casos de demencia senil, Alzheimer y Parkinson.

Inflamación multisistémica reincidente, sin traumatismos postcovid, hemos tratado a pacientes que desarrollan problemas incapacitantes en hernias de disco en columna, o problemas de hombro, por ejemplo; padecimientos reumáticos y autoinmunes (que incluyen fibromialgia y otros más severos).

Lesiones de vías respiratorias, reversibles y no reversibles como la fibrosis pulmonar).

Pérdida muy notable de condición física, incluso en deportistas de alto rendimiento y sin haber presentado síntomas.

Arritmias, principalmente taquicardias, y problemas eléctricos o daños en el músculo cardiaco.

A estos se suman: desórdenes tiroideos; agotamiento generalizado y fatiga; ansiedad, angustia y problemas de sueño; apnea y ronquidos que antes no se presentaban; dolor y pérdida de fuerza muscular de leve a muy severa, pero persistente en ambos casos; mareos; cambios en la temperatura corporal (fiebres reincidentes, escalofríos, hipotermia sin causas aparentes); caída de pelo y rotura de uñas; afectación en el ciclo menstrual; herpes zoster reincidente y afectaciones en la piel; dolor de garganta y/o tos persistente. 

Esta información es producto de estudios internacionales y de la propia experiencia, no incluye a la variante Ómicron, que a la fecha, desconocemos su impacto y secuelas (aunque suponemos serán menores en lesiones pulmonares por ejemplo, pues en el cuadro agudo de la infección, el virus parece no afectar a las células respiratorias), pero que al ser tan alta su tasa de contagio, puede representar cambios socioeconómicos diversos para las generaciones afectadas.

EL PANORAMA

Cuando no se da un seguimiento post cuadro agudo de Covid-19, en otros países, diversos estudios y protocolos de investigación han encontrado que después de 12 meses, la tasa de mortalidad en personas hospitalizadas por el virus con menos de 65 años de edad, tienen 233% más probabilidades de morir que quienes no se contagiaron y que cerca del 80% de tales muertes, no fueron por causas pulmonares.

Así que prevenir contagio es lo mejor. Si tal cosa no se pudo lograr, es importante hacerse un Chek-Up que contemple un protocolo para minimizar los riesgos ante las secuelas que se puedan presentar, pues entre más pronto se reciba atención para las secuelas, hemos observado que hay menos probabilidades de complicaciones graves o de que se vuelvan un tema crónico. 

Científicos en todo el mundo coinciden en que Ómicron no es ni un “covidcito” ni una gripita o un catarro. Ómicron, advierten, es el mismo SARS-CoV-2 en una de sus tantas variantes y en toda la historia de la humanidad hasta la fecha, no se tiene registro de una infección tan contagiosa como ésta. Independientemente de que, con esta variante, junto con esquemas de vacunación completos, las afecciones pulmonares y las hospitalizaciones no sean tan frecuentes, existe un alto riesgo de que personas con sistemas inmunes comprometidos y/o con esquemas de vacunación incompletos, saturen el sistema hospitalario, lo que supone riesgos gigantes de salud pública. Esto sin considerar siquiera, los efectos de mediano y largo plazo que las secuelas y el #LongCovid, puedan ocasionar a la población. 

ENTRESACADO:

Otros padecimientos provocados tras sufrir Covid-19: problemas en la visión (doble, borrosa, vista cansada, sequedad ocular, dolores del globo ocular); falta de aliento, incluso con mínima actividad física; adormecimiento de brazos y piernas, y parálisis facial.

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