Maria Idalia Gomez

Si hay algo que distingue a los militares es que cumplen su juramento de lealtad y asumen que deben velar por las instituciones del Estado, pero eso no impidió que en el último mes, después de la detención del general Salvador Cienfuegos en Estados Unidos, comenzaron las presiones desde el Ejército para el presidente Andrés Manuel López Obrador. 

No fueron abiertas, guardaron las formas pero no cesaron, por el contrario, aumentaron y se ampliaron. Fue a tal punto la exigencia que el mandatario corría el riesgo de perder el apoyo real de un amplio sector militar, una condición que golpeaba directamente uno de los pilares de su gobierno.

Hoy, los militares están festejando y lo asumen como una victoria del Ejército, reconocen que López Obrador endureció su postura y comprendió la situación, pero no es su triunfo, ni al canciller Marcelo Ebrard ni al fiscal Alejandro Gertz Manero, sino producto de la presión que ejercieron.

Para los integrantes de la Secretaría de la Defensa, especialmente los mandos que integran un cuerpo muy nutrido, desde elementos, que van mayores, tenientes y generales, la captura de Cienfuegos no sólo era un ataque directo al Ejército por su carácter de exsecretario, sino por su trayectoria y el reconocimiento que tiene. Era para ellos impensable permitir su humillación colocándole el uniforme de la prisión y exhibirlo en un juicio. Habría afectado, en los hechos, las relaciones entre los ejércitos de ambos países y con otras agencias de seguridad.

En alguna charla con el general en retiro Paulino Jiménez Hidalgo, me contaba que, como titular de la Defensa, Cienfuegos era querido porque “visitaba a sus amigos y tropa en el hospital”; se le considera un excelente Secretario, “duro, drástico y muy entendedor de los problemas en las operaciones de restauración del orden”.

“Conozco a Cienfuegos desde cadete y me contagió su dedicación y honradez, dedicación y profesionalismo, y sobre todo como defendió a sus soldados”, mencionó.

Esa es la imagen que tienen de él internamente, pero hay un dato más, en este momento es muy común escuchar dentro del Ejército que el general Cienfuegos tuvo “mano dura” frente a las intromisiones de los americanos en el territorio mexicano, particularmente de la DEA, que se había acostumbrado en el gobierno de Felipe Calderón a tener permiso de pasearse por varias dependencias, la Procuraduría y la Secretaría de Seguridad especialmente, y participar en operativos y hasta interrogatorios.

Para los militares es prácticamente una venganza de la DEA, aseguran, las acusaciones que existían contra Cienfuegos en Estados Unidos, ahora será tarea de la Fiscalía General de la República decantarlas y determinar si hay un caso o no.

Por lo pronto su liberación quita al presidente López Obrador una gran presión y prácticamente una amenaza para el buen manejo del gobierno, y frena cualquier efecto colateral en la relación en materia de seguridad entre ambos países.

La segunda parte de la historia llegará con lo que haga la Fiscalía mexicana con este caso, archivarlo, consignarlo, enviarlo al ámbito militar o dejarlo morir con el tiempo. Pero ese será ya el costo que deberá pagar o no, esa dependencia. 

Compartir