Agua: el reto invisible que define nuestro futuro

20 de Marzo de 2026

Agua: el reto invisible que define nuestro futuro

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Miriam Saldaña

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EjeCentral

En la Ciudad de México, el agua se ha convertido en uno de los desafíos ambientales más importantes de nuestro tiempo. Uno de los indicadores más alarmantes es el del agua no contabilizada (ANC), que supera el 50% del total del agua producida en la ciudad. Esto significa que más de la mitad del agua potable se pierde en el sistema antes de llegar a los hogares.

De acuerdo con información oficial de la SEGIAGUA, estas pérdidas se deben principalmente a fugas en la red hidráulica, muchas de ellas subterráneas, lo que dificulta su detección y reparación. La magnitud del problema se entiende mejor al observar el volumen de agua que se maneja diariamente. Según datos de la SEDEMA, la Ciudad de México recibe y produce aproximadamente 60 metros cúbicos por segundo de agua, de los cuales una proporción considerable se desperdicia debido a ineficiencias estructurales. Esta situación tiene consecuencias directas en el medio ambiente.

La disponibilidad de agua en la ciudad es de apenas 74.3 metros cúbicos por habitante al año, una cifra que, conforme a estándares internacionales retomados por la SEDEMA, coloca a la capital en un nivel de estrés hídrico extremo. Este panorama se agrava debido a la sobreexplotación de los acuíferos, que constituyen una de las principales fuentes de abastecimiento. Aunado a ello, el acceso al agua sigue siendo desigual.

Datos oficiales de la SEGIAGUA señalan que más de 50 mil viviendas en la ciudad no cuentan con acceso directo al agua entubada, lo que obliga a miles de familias a depender de pipas y sistemas alternativos de almacenamiento. En este contexto, el saneamiento es una pieza clave. La gestión integral del agua no solo implica el suministro, sino también el drenaje, tratamiento y disposición de aguas residuales.

De acuerdo con la SEDEMA, si bien la ciudad cuenta con infraestructura para el tratamiento de agua, el reto sigue siendo ampliar su capacidad y mejorar su eficiencia para garantizar que una mayor proporción del agua utilizada pueda reincorporarse de manera segura al entorno. Aquí es donde el reúso del agua cobra especial relevancia. La SEDEMA ha señalado que el aprovechamiento de agua residual tratada y agua pluvial es una de las principales estrategias para reducir la presión sobre las fuentes de abastecimiento.

Actualmente, el reúso se destina principalmente al riego de áreas verdes, limpieza urbana e industria; sin embargo, su potencial es mucho mayor. El fortalecimiento del reúso permitiría disminuir significativamente la demanda de agua potable. Cada litro reutilizado representa un alivio para los acuíferos y reduce la dependencia de sistemas externos como el Cutzamala. Asimismo, acciones como la sectorización de redes, la detección de fugas y la rehabilitación de infraestructura impulsadas por la SEGIAGUA han demostrado que es posible avanzar hacia una mayor eficiencia hídrica.

Hoy, la Ciudad de México enfrenta una realidad ineludible: más del 50% del agua se pierde, la disponibilidad es limitada y la demanda continúa creciendo. El reto no es menor, pero la ruta está clara: reducir el agua no contabilizada, fortalecer el saneamiento y apostar decididamente por el reúso. Porque el agua que no vemos, la que se fuga, la que no se trata, la que no se reutiliza, es también la que estamos perdiendo como ciudad.