Brasil en la encrucijada: el impacto para México

6 de Octubre de 2026

Brasil en la encrucijada: el impacto para México

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Omar Hurtado

Como estaba previsto, el pasado 4 de octubre se celebraron elecciones generales en Brasil para definir los cargos federales y estatales, destacando por su trascendencia las presidenciales. Tal como apuntaban las tendencias, los comicios requerirán de una segunda vuelta el próximo 25 de octubre. Ninguno de los dos principales aspirantes a la silla presidencial —Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), y Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL)— logró alcanzar el umbral mínimo del 50% más uno de los sufragios.

Con el 99.9% del voto escrutado oficial, Bolsonaro contaba con el 47.03% de la votación y Lula da Silva con el 45.16%. En esta jornada, la ciudadanía renovó las gobernaciones, un tercio del Senado (54 de los 81 escaños) y la totalidad de la Cámara de Diputados federal y estatal, donde las fuerzas de derecha obtuvieron avances sustanciales.

Para México, Estados Unidos y la región, estos resultados adquieren un profundo peso geopolítico debido a las visiones ideológicas y de política exterior tan contrapuestas que encarnan ambos candidatos. Particularmente para el gobierno mexicano, el desenlace del 25 de octubre será decisivo en la definición y conducción de su relación bilateral.

Bajo la óptica de la relación histórica, un triunfo de Lula da Silva consolidaría los vínculos estratégicos con México, entendiéndose ambos gobiernos como socios ideológicos regionales. Ambos países han promovido una importante cooperación técnica e industrial, reflejada en alianzas entre las estatales Pemex y Petrobras, así como en los trabajos de la Comisión Binacional México-Brasil. Con Lula en el poder, la apuesta se orienta a coordinar posturas comunes en ámbitos globales y regionales —como el G20 y la CELAC— en defensa de la soberanía latinoamericana.

Por el contrario, ante una victoria de Flávio Bolsonaro, el diagrama diplomático tomará un rumbo opuesto. Para el líder del PL, México representa un país distante por su signo político e ideológico, además de un competidor directo en comercio e inversiones internacionales. Si se consolida el triunfo de la oposición brasileña, México experimentará un aislamiento aún más agudo en el Cono Sur, un terreno crecientemente dominado por gobiernos de corte conservador.

Esta divergencia es crítica en dos temas esenciales para México y la región: el narcotráfico y la seguridad. La plataforma de Bolsonaro ve con escepticismo las estrategias de seguridad de la izquierda latinoamericana, prefiriendo alinearse con políticas de “mano dura” y el soporte de las agencias estadounidenses. El candidato del PL buscaría estrechar lazos con el denominado “Escudo de las Américas” (también conocido como la Coalición Contra los Cárteles de las Américas), una alianza de seguridad e inteligencia militar lanzada por Donald Trump que congrega a 14 naciones de la región: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Trinidad y Tobago.

México y Brasil, las dos economías más grandes de la región, quedaron originalmente fuera de esta coalición continental por incompatibilidad ideológica y falta de afinidad con Washington. Además, el candidato del PL mantiene un abierto rechazo político a los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela.

En este escenario, el repliegue diplomático ha dejado de ser una opción viable para el gobierno mexicano. Los resultados de las urnas en Brasil no reconfigurarán una balanza regional fuertemente inclinada hacia la derecha continental y la influencia de Washington. Por el contrario, un triunfo de Bolsonaro terminará por consolidar el aislamiento de México, evidenciando con crudeza las carencias actuales de nuestra propia diplomacia. Ante esta realidad, el país requerirá con urgencia desplegar un pragmatismo astuto y audaz para blindar sus intereses nacionales, sin importar qué proyecto ideológico termine gobernando desde Brasilia. Por lo pronto, como siempre digo y se dice en el béisbol: esto no se acaba hasta que se acaba.