Brasil le da la espalda a Lula

7 de Octubre de 2026

Brasil le da la espalda a Lula

Brenda Peña

Brasil acaba de enviar una señal política que trasciende sus fronteras.

Lula da Silva perdió la primera vuelta.

No es una derrota definitiva, porque todavía habrá segunda vuelta. Pero sí es una derrota política. El presidente brasileño llegó a esta elección buscando la reelección y terminó por detrás de Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. De acuerdo con el Tribunal Superior Electoral, con 99.99% de las urnas contabilizadas, Flávio obtuvo 47.03% de los votos válidos. Lula consiguió 45.16% . La diferencia fue de más de 2.2 millones de votos.

El resultado desmonta la idea de que Lula llegaría a esta elección con una ventaja suficiente para controlar la contienda. No ocurrió. La izquierda brasileña quedó por debajo de la derecha en la primera vuelta y ahora está obligada a disputar una elección que esperaba tener bajo mayor control.

La derrota adquiere todavía mayor dimensión si se observa el contexto regional. América Latina está girando hacia la derecha. International IDEA identifica de manera explícita un desplazamiento ideológico hacia ese espectro político y señala los recientes triunfos de fuerzas de derecha en Bolivia, Honduras, Chile, Colombia y Perú. El organismo también apunta que la insatisfacción con los gobiernos en turno y la pérdida de fuerza del centro están modificando el escenario político regional.

Brasil se incorpora ahora a esa tendencia.

Y aquí aparece la verdadera dimensión del revés de Lula. Durante años, el líder del Partido de los Trabajadores representó una de las figuras más importantes de la izquierda latinoamericana. Su regreso a la Presidencia en 2023, después de haber gobernado entre 2003 y 2010, fue interpretado como el regreso de una izquierda capaz de contener el avance de la derecha. Hoy, esa certeza se ha desvanecido.

Lula tiene 80 años y busca un cuarto mandato presidencial. Frente a él está Flávio Bolsonaro, de 45 años, senador y candidato del Partido Liberal. El contraste generacional también plantea una discusión sobre renovación, liderazgo y futuro político.

Pero sería un error reducir esta elección únicamente a una confrontación entre dos apellidos. Lo que muestran las urnas es algo más profundo, la derecha brasileña tiene una base electoral enorme y está demostrando que puede movilizarla.

Más de 56 millones de brasileños votaron por Flávio Bolsonaro en la primera vuelta. Ese número no puede explicarse solamente por el apellido Bolsonaro. Representa una fuerza electoral capaz de convertir el descontento, la polarización y la demanda de cambio en votos.

La segunda vuelta será una batalla entre dos proyectos políticos claramente enfrentados. Lula intentará recuperar a los electores que no quieren el regreso del bolsonarismo; Flávio Bolsonaro buscará convertir su ventaja inicial en una mayoría.

Pero algo ya cambió. Lula dejó de ser el candidato inevitable y la derecha dejó de ser únicamente una fuerza de oposición.

La última palabra la tendrán los brasileños el 25 de octubre. Sin embargo, el mensaje de esta primera vuelta es contundente, la izquierda perdió terreno, la derecha movilizó a millones y Brasil se convirtió en uno de los escenarios más importantes del giro político que está viviendo América Latina.