1ER. TIEMPO: El socio incómodo al descubierto. Un equipo de TV Azteca ubicó en Suiza a Jorge Amílcar Olán, que en los últimos dos años se ha convertido en el gozne entre la tranquilidad de Andrés Manuel López Beltrán y la posibilidad de que se vaya a la cárcel. Andy, como se conoce al hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, conoció socialmente a Amílcar Olán hace años, a través de sus entonces parejas, y lo volvió el dinamo de negocios turbios, por decir lo menos, en todos los megaproyectos de su padre. Problemas internos por dinero, detonaron grabaciones que los dejaron expuestos como traficantes de influencias, presuntos actos de corrupción y enriquecimientos inexplicables de fortunas como las de Amílcar Olán, que de vender azulejos en Tabasco, se escapó de las llamas que lo estaban consumiendo en México a Suiza, con 3 mil millones de pesos en sus cuentas. Amílcar Olán es un personaje que no desaparece. Hay personajes que entran en la política por la puerta de atrás y terminan convirtiéndose en un problema que ya no puede esconderse debajo de la alfombra. Él es uno de ellos. No porque exista, hasta ahora, una sentencia que pruebe las acusaciones más graves que se han formulado en su contra. No la hay. Tampoco porque exista una orden de aprehensión vigente. El problema es otro. Se ha convertido en el hilo que conecta demasiadas historias que, en principio, deberían ser independientes: medicamentos, balasto, trenes, minas, combustibles, ligadas con empresas recién creadas, audios incriminadores, amigos de los hijos del expresidente, funcionarios. Inving Pineda, reportero de TV Azteca encontró a Amílcar Olán en un departamento de lujo en Lugano, la quinta ciudad más cara de Europa, en la región italiana de Suiza. Dijo en una entrevista de radio que su hallazgo había sido originado por una llamada anónima donde les dieron sus coordenadas. Héctor de Mauleón, uno de los columnistas de El Universal que ha investigado los malos pasos del llamado “clan” de los López Beltrán, afirmó que el desplazamiento del equipo de TV Azteca fue resultado de una filtración de un alto funcionario del Gobierno federal. Las dos versiones chocan, pero no es lo único extraño. Pineda tenía información clara sobre Amílcar Olán, probablemente con fotografías que lo mostraban después de hacerse una cirugía plástica que impedía su fácil reconocimiento, pero con la garantía de que se trataba de la misma persona del sujeto que se escondió por más de un año en Suiza. Declaró en la radio que él y su camarógrafo estuvieron haciendo guardia en el departamento para verlo y tratar de entrevistarlo, lo que intentaron sin éxito. Nunca explicó por qué si estaban de guardia, grabaron al mismo tiempo con una cámara de gran telefoto, algunos de sus movimientos dentro del departamento que ocupaba y, sobre todo, porqué tenía un micrófono direccional para captar las conversaciones a larga distancia. Estos no son equipos que normalmente tengan las televisoras, sino son especializados para otros fines. El objetivo, en cualquier caso, se logró: lo descubrieron, lo obligaron a buscar un nuevo refugio y a volver a alejarse del escrutinio público, temeroso, quizás, de lo que pueda sucederle a alguien que tiene tanta información comprometedora.
2DO. TIEMPO: La protección de los de arriba. El amigo que encontró el poder mucho tiempo antes de que el nombre de Jorge Amílcar Olán apareciera en investigaciones periodísticas, era un empresario de Tabasco dedicado, entre otras cosas, a la comercialización de materiales de construcción, cuya relación personal con Andrés y Gonzalo López Beltrán cambió la dimensión de sus negocios. Investigaciones de Latinus y Mexicanos Contra la Corrupción difundieron grabaciones en las que Amílcar Olán hablaba de su relación con Gonzalo y de negocios vinculados con el Tren Maya y otras obras ferroviarias. Un audio en el que alguien presume de tener influencia no demuestra por sí mismo que esa influencia haya existido, y mucho menos demuestra automáticamente la comisión de un delito. Pero cuando las conversaciones coinciden con contratos, proveedores, empresas y movimientos comerciales verificables, dejan de ser simplemente conversaciones privadas interesantes. Se convierten, o deberían convertirse, en líneas de investigación. Este negocio estaba en la piedra. Uno de los capítulos más llamativos es el del balasto, la piedra utilizada para las vías ferroviarias. De acuerdo con investigaciones periodísticas, empresas relacionadas con Amílcar Olán participaron como proveedoras de balasto para proyectos ferroviarios del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Una investigación publicada en enero de 2026 documentó, por ejemplo, un contrato de 47.6 millones de pesos para suministro destinado a la Línea K del Tren Interoceánico, que adquirió una dimensión todavía más delicada después de su des carrilamiento en diciembre de 2025, que dejó 14 personas muertas. En las grabaciones difundidas públicamente, habla de Gonzalo, el hijo del patriarca de Macuspana, como una persona con capacidad para intervenir en decisiones relacionadas con el negocio. Eso plantea una pregunta que no es política sino administrativa: ¿Quién decidió qué empresa podía vender, cuánto podía vender, a qué precio y bajo qué controles? Y ¿qué funcionarios participaron en esas decisiones? ¿Se cumplieron las especificaciones técnicas y contractuales? Esas preguntas son mucho más importantes que la discusión sobre si Amílcar Olán era amigo o no de los hijos del expresidente, porque la amistad no constituye un delito. Pero una amistad que coincida con contratos públicos, decisiones administrativas y beneficios económicos merece ser examinada con lupa. Pero eso no existe. La presidenta dice que no hay investigaciones, y las que existieron sobre el descarrilamiento, quedaron en responsabilidades de dos pobres maquinistas que cargaron con las culpas. Nada para arriba. Nada que llegara a Amílcar Olán. El gobierno se ve obligado a ponerle una muralla para que no se caiga y queden al descubierto los hijos de López Obrador, y de ahí, un probable árbol de co rrupción y tráfico de influencias que nadie quiere sacudir y que tape a aquel hombre que se decía el abanderado de la honestidad valiente.
3ER. TIEMPO: El fracaso del Estado mexicano. Como si el expediente ferroviario no fuera suficientemente complejo, apareció Portacelis Gas and Oil. Un grupo de investigación de N+ Focus vinculó este año a esta empresa con Jorge Amílcar Olán, y documentaron operaciones de importación de combustible. Mexicanos Contra la Corrupción abundó que Portacelis tuvo como proveedor a Ikon Midstream, una empresa investigada por autoridades estadounidenses y mexicanas por el contrabando fiscal, que llevó a otro dato relevante: Amílcar Olán había formado en Texas una empresa denominada Stone Basáltico LLC y posteriormente ésta se asoció con otra compañía para formar Basalt Group LLC, una estructura empresarial relacionada nuevamente con el negocio del balasto. Es decir, el personaje que originalmente apareció relacionado con medicamentos terminó apareciendo en investigaciones sobre ferrocarriles y posteriormente en operaciones relacionadas con combustibles. Eso no significa que todo sea parte de una misma operación criminal, pero sí significa que las autoridades tienen razones objetivas para revisar la totalidad de la estructura empresarial. La presidenta Claudia Sheinbaum dijo el 2 de septiembre, cuando le preguntaron sobre el caso en una mañanera, que se estaba investigando administrativa y penalmente por distintas autoridades, subrayando como mantra, que en su gobierno, “todo se investiga”. Pero hace unos días, cuando Tv Azteca reveló el paradero de Amílcar Olán, la presidenta lo exoneró de todo: no hay investigación abierta en su contra. Una investigación periodística jamás puede confundirse con una sentencia judicial, como a veces sucede en México. Pero una investigación periodística puede descubrir un patrón, encontrar documentos, obtener grabaciones, y hacer preguntas que las autoridades no habían hecho. La 4T ya lo había hecho. Cuando Estados Unidos le pidió al gobierno de Andrés Manuel López Obrador evidencias sobre la presunta relación del exsecretario de Seguridad, Genaro García Luna sobre el Cártel de Sinaloa, le envió un libro de Anabel Hernández y recortes periodísticos. El periodismo no puede sustituir al Ministerio Público ni a un juez. Tampoco puede obligar a la autoridad a actuar, que es lo que está sucediendo. Amílcar Olán, temiendo que lo fueran a capturar, buscó en una decena de juzgados en el país si había alguna orden de aprehensión en su contra, y resultó que no tenía ninguna. El juez sobreseyó el juicio el 28 de mayo. Una revisión adicional realizada la semana pasada, arrojó el mismo resultado. No todo se investiga en México. Amílcar Olán es una prueba de ello. Pero no es así en Estados Unidos. Los hijos de López Obrador fueron lo sficientemente descuidados en sus oscuros negocios. Andrés tenía una oficina en Houston y los investigadores estadounidenses tienen mapeadas llamadas telefónicas de los López y sus socios, como Amílcar Olán, desde Nueva York y Bel Air, en California, a Houston. El problema ya no es una fotografía. No es un audio. No es una columna. Es la acumulación de negocios bajo la sospecha de tráfico de influencias y corrupción. Cada vez será más difícil evitar una investigación. Ya no puede ser suficiente la vieja salida mexicana: que todos sepan, que nadie pruebe y que el expediente termine perdido en algún cajón. Ese sería el verdadero fracaso. No de Amílcar Olán. Del Estado mexicano.