Morena perfeccionó un pragmatismo electoral donde la coherencia ideológica es ya una suerte de estorbo prescindible. La reciente de la coordinadora de la Defensa de la Transformación en Guerrero —el eufemismo oficial para definir las candidaturas virtuales a las gubernaturas de 2027— demuestra que el partido guinda prefiere operar como un Caballo de Troya, al abrir sus puertas a perfiles con historiales cuestionables y trayectorias abiertamente antagónicas a su movimiento.
Así como ha ocurrido con la integración de personajes como la expanista Ana Villagrán en el equipo de Clara Brugada en la CDMX, la familia Yunes en Veracruz o legisladores que eventualmente volvieron a enemistarse con la 4T, como Lilly Téllez, esta vez, bajo el argumento invariable de las encuestas y la competitividad territorial, la dirigencia entrególa plaza clave a una vieja operadora del pragmatismo perredista.
Y es que no es para menos, ya que la nominación de la senadora con licencia Beatriz Mojica Morga provocó un sismo entre la militancia fundadora porque su trayectoria sintetiza el transfuguismo de la política nacional: exdirigente nacional del PRD y candidata en 2018 por la alianza PAN-PRD-MC, la hoy abanderada guinda declaró en su momento en televisión nacional que jamás se uniría a Andrés Manuel López Obrador por no compartir “visiones autoritarias”. Aquellas palabras, que resurgen como un fantasma digital, no impidieron su metamorfosis ni su posterior cobijo bajo la sombra del clan de Félix Salgado Macedonio.
La designación no solo desconoció el malestar interno, sino que detonó la fractura inmediata con la alcaldesa con licencia de Acapulco, Abelina López, quien desconoció el proceso al denunciar irregularidades en los sondeos. Premia así el partido a una figura que no solo denostó al fundador de su movimiento, sino que en 2024 utilizó al INE para notificar a decenas de periodistas guerrerenses tras la publicación de una caricatura crítica. La lealtad al proyecto original fue desplazada por la conveniencia de grupo.
La claudicación de la pureza
Esta designación, sumada a otras elecciones que han sido altamente cuestionadas, confirma que Morena normaliza el adelanto de campañas y la cesión de sus siglas a los mismos grupos de poder que antes combatió. Al privilegiar a operadores con pasados contradictorios sobre perfiles con solidez ética, el partido arriesga su capital político frente a una militancia agraviada que ve cómo las candidaturas se entregan al mejor postor territorial.
La estrategia de abrir el caballo de madera para meter al adversario de ayer puede entregar victorias en el corto plazo, pero erosiona la identidad de un movimiento que prometió ser distinto. Morena llegará a 2027 con candidatos pragmáticos, pero con unas bases que empiezan a cansarse de la simulación.