Amílcar Olán, señalado como operador financiero de Andy López Beltrán, apareció en Lugano, Suiza, han pasado años de investigaciones sobre los negocios que construyó durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. Lo encontró el periodista Irving Pineda, de Azteca Noticias, después de varios días de seguimiento.
Lo que Pineda encontró fue un hombre que parecía decidido a no ser encontrado.
Olán vive con su familia en una residencia de tres pisos, ubicada en una de las zonas más exclusivas de Lugano, con alberca, jardín y vista al lago. Pero, según el seguimiento de Azteca, esos lujos prácticamente no los disfruta. Las cortinas permanecen cerradas durante el día, las luces se encienden por la noche y la única persona que sale regularmente es la empleada doméstica. Olán permanece dentro, pasa largos periodos revisando su teléfono y hablando constantemente por celular.
El empresario también cambió su apariencia física y, de acuerdo con el reportaje, hasta retiró su nombre completo del buzón de correos. Cuando finalmente Irving se acercó y le pidió unos minutos para entrevistarlo, Olán evitó responder, intentó regresar a su casa y terminó enfrentándose al equipo.
¿Por qué un empresario que no tiene una orden de aprehensión conocida viviría de esta manera?
La pregunta obliga a revisar quién es y cómo llegó hasta aquí.
Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, Olán pasó de ser un empresario prácticamente desconocido a participar en negocios millonarios y a mantener una relación cercana con los hijos del expresidente. Su nombre apareció en contratos de medicamentos, infraestructura y, especialmente, en el suministro de balasto para el Tren Maya y el Tren Interoceánico.
Investigaciones periodísticas de Latinus difundieron conversaciones en las que Olán habla de esos negocios. En una de ellas afirma haber obtenido 250 millones de pesos de utilidad en seis meses. También se documentó una operación por 500 mil metros cúbicos de balasto valuada en 193 millones de pesos, mientras el transporte podía representar alrededor de 2 mil millones.
En otra conversación se habla de presuntos pagos para evitar revisiones de calidad del material y se menciona la posibilidad de un descarrilamiento. Meses después, el Tren Interoceánico sufrió un accidente que dejó 14 muertos. Por eso se vuelve relevante revisar los negocios y controles alrededor de esas obras.
A esto se suman investigaciones sobre operaciones de combustible y presuntas irregularidades fiscales relacionadas con empresas de su entorno.
Despues de todo esto, nadie sabía en donde se encontraba Amilcar.
Y lo que Irving Pineda encontró llama mucho la atención.
Esto es lo que queda cuando se acaba un sexenio, un hombre que durante el gobierno de López Obrador estuvo cerca de los círculos más influyentes, hizo negocios millonarios y llegó a sentirse intocable, hoy vive fuera de México tratando de pasar inadvertido.
Tal vez así terminan quienes confundieron la protección política con impunidad. Quienes creyeron que juntarse con los Obrador los colocaba por encima de cualquier consecuencia. Pero los gobiernos cambian, las alianzas se rompen y las fortunas construidas al amparo de una administración quedan expuestas cuando esa administración termina.
Amílcar Olán tuvo la oportunidad de responder a los señalamientos y explicar su versión, pero decidió no hacerlo. Podrá cambiar de país, de apariencia o de domicilio, pero no puede borrar lo que las investigaciones periodísticas y los documentos públicos han dejado registrado.