La mediación de los cuidados: romper las trampas invisibles

20 de Febrero de 2026

La mediación de los cuidados: romper las trampas invisibles

Diana Gabriela Campos Pizarro

Diana Gabriela Campos Pizarro

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Foto: EjeCentral

El cuidado sigue siendo un asunto invisible y feminizado. Sin políticas públicas que lo reconozcan, las mujeres seguirán sacrificando su desarrollo personal y profesional.

Si un día las mujeres decidiéramos no cuidar, no cocinar, no acompañar, no mediar, el país entero se paralizaría. La economía, la escuela, la política y hasta la justicia dependen de un trabajo invisible que sostiene la vida: el cuidado. Y sin políticas públicas de cuidado que lo reconozcan, las mujeres seguirán pagando el costo más alto, sacrificando su desarrollo personal y profesional por sostener a las familias.

Cuando las mujeres trabajamos, cuidamos de la casa, damos clases, llevamos asuntos de litigio y además participamos en procesos de mediación, nos convertimos en mediadoras permanentes de tiempos y responsabilidades. Y cuando llegamos a la mediación jurídica —por ejemplo, en un divorcio— buscamos acuerdos que no destruyan la vida familiar: que los hijos e hijas mantengan su nivel de vida, sus actividades extracurriculares, sus vacaciones. Porque además de perder la familia, no deberían perder también la estabilidad económica.

Sin embargo, la realidad es otra. En las últimas semanas he intentado sin éxito ver al padre de familia que decidió dejar el hogar. Sí, sigue pagando colegiaturas y alimentos, pero lo hace directamente, sin entregar el dinero a la madre. Esa práctica, aparentemente correcta, invisibiliza la carga que ella asume: organizar, administrar y cuidar, mientras su propio desarrollo profesional se ve limitado.

El caso de una madre que renunció a un empleo bien remunerado, con más de diez años de antigüedad, muestra la trampa invisible del cuidado. Hoy, aunque logró insertarse de nuevo en el trabajo remunerado, su sueldo es apenas la cuarta parte de lo que percibe el padre. ¿Dónde estaría ella si no hubiera renunciado? ¿Qué salario tendría hoy? La respuesta es clara: el cuidado no reconocido perpetúa desigualdades estructurales que ninguna mediación puede resolver por sí sola.

Por ello, las políticas públicas de cuidado deberían ser parte primordial de la agenda de este gobierno. Tenemos a una mujer en la Presidencia, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo. No conozco los detalles de su vida familiar, pero estoy segura de que en algún momento contó con el apoyo de otras mujeres para el cuidado de su casa y de su hija. Ella sabe de los malabares infinitos que hacemos las mujeres para trabajar y atender la casa. Sabe de la informalidad y de los bajos sueldos que reciben las mujeres.

Por mi parte, agradezco a la Dra. Sonia Venegas Álvarez, directora de nuestra Facultad de Derecho de la UNAM, por atender mi petición de dar clases por las tardes, lo que me permite cuidar de mi familia. Y agradezco también a AÚNA Comunidad 2026 por la formación y los aprendizajes que nos brinda desde la conciencia y la educación.

Sí, las mujeres tenemos derecho a la educación, al trabajo digno y remunerado, a la autonomía. Pero sin políticas públicas de cuidado que acompañen estos derechos, seguirán siendo como vírgenes de altar: visibles, pero inalcanzables. Mientras tanto, mujeres de todas las condiciones seguirán sacrificando su desarrollo personal y profesional por la familia.

Diana Gabriela Campos Pizarro
Diana Gabriela Campos Pizarro
Mediadora Privada certificada y con fe pública por el Tribunal Superior de Justicia de la CDMX y profesora universitaria.