En México, hay 1.8 millones de personas sin trabajo. Los jóvenes que logran completar su educación superior, se enfrentan a un panorama donde 41.8 millones de personas no pueden comprar la canasta básica solamente con su sueldo, de acuerdo con cifras de México ¿cómo vamos?
Del total de defunciones el año pasado, 89.8% fueron ocasionadas por enfermedades, según datos del INEGI, siendo los padecimientos del corazón la primera causa de muerte. Durante su Segundo Informe de Gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum destacó una reducción del 51% en el promedio diario de homicidios dolosos, pero apenas en 2025 las agresiones representaron la sexta causa de muerte entre los hombres mexicanos, con 24 mil 506 defunciones registradas.
En medio de todo esto, no sorprende que la gente esté ávida de buenas noticias y experiencias positivas. En Estados Unidos ya inventaron una tendencia y la llaman Hopecore, un movimiento que empezó en redes sociales como TikTok e Instagram pero que, según los enterados, ya se trasladó al cine.
La tendencia consiste en generar contenidos que muestran valores como la bondad, la belleza y la esperanza, a manera de respuesta frente al contenido pesimista de otra tendencia conocida como Corecore. En el cine, se traduce sencillamente como películas que rescatan esos mismos valores, enfocándose en historias de resiliencia, la calidez de las relaciones humanas y la belleza de la vida incluso en los momentos difíciles.
¿Se han encontrado como público, sentados en una sala de cine, preguntándose por qué están viendo una película tan cursi donde nada tiene sentido? Yo sí. Últimamente, varias veces. Quizá esa película era un ejemplo de Hopecore y no lo sabían. Lo que yo me pregunto es qué tan válido será que el arte sufra de esa manera en pos de que el público se sienta feliz.
Un éxito de taquilla como Project Hail Mary se ha convertido en estandarte de esta tendencia en Hollywood, o al menos eso opinan los entusiastas del movimiento. En verdad que no tengo nada en contra de las películas con mensaje optimista pero, en lo personal, no encuentro suficientes elementos para reconocer esta tendencia como algo auténtico, más allá de -como dije antes- tramas que rayan en lo absurdo por ese afán de hablar de lo positivo, sí o sí, en los contextos más forzados.
Otros títulos recientes que se pueden adherir a esta tendencia son Las ovejas detectives, Criaturas luminosas, Michael, Hechizo de amor, Spider-Man: Un nuevo día o El final de la calle Oak. Estirando un poco más, también incluiría documentales como El príncipe de Nanawa y Kylie, cuya duración de más de 3 horas cada uno ponen a prueba el optimismo de cualquiera.
Pero, insisto, no veo la diferencia entre una película Hopecore y una simple película feelgood, como se les llamaba hasta ahora. Lo más irónico es que El día de la revelación, la última producción de Steven Spielberg, un realizador que muchos de estos nuevos directores imitan y a quien se podría considerar como uno de los grandes impulsores del cine feelgood, fue repudiada casi unánimemente aún cuando es otro gran ejemplo de lo absurdo que puede ser el Hopecore como tendencia.