Eran las ocho de la mañana del jueves pasado. Parecía una mañana normal en la Secundaria Número 13 en Torreón, Coahuila. Pero no era una mañana normal.
Durante el primer cambio de clases, a eso de las ocho, los estudiantes escucharon varios estruendos. Parecía que algo había explotado. Escucharon gritos. Escucharon a alguien gritar: “Primer aviso, vamos por todas las mujeres”. Y entonces todos empezaron a correr. Se soltó el caos. Los alumnos se encerraron en los salones. Esperaron en silencio.
Afuera, dos jóvenes de 18 años, hermanos y ex estudiantes de esa secundaria los dos, estaban yendo por la escuela pasillo por pasillo atacando a machetazos a quien se encontraran. Los dos traían ropa negra y los rostros cubiertos y estaban lanzando petardos. En un pasillo los atacantes se encontraron a la subdirectora Nery Edith Narváez y la mataron. Y poco después, vecinos de la zona que habían escuchado el escándalo entraron al lugar y sometieron a los atacantes. El saldo final fue de cuatro personas heridas y una muerta, la subdirectora.
Horas después, el Fiscal de Coahuila dijo que los dos hermanos vienen de una familia disfuncional y que podrían haberse inspirado en ataques cometidos en otros países.
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Ahora muchos se han apurado a señalar que recientemente ha habido casos preocupantes de violencia en las escuelas.
El año pasado en Oaxaca un estudiante mató a una de sus maestras a balazos porque le dio una mala calificación. En Michoacán, un adolescente subió videos a sus redes sociales en los que aparecía posando con un rifle de asalto en su recámara. Horas después fue a la escuela, desató un tiroteo y acabó matando a dos de sus maestras a balazos.
Solo en la última semana hubo registros de ataques con cuchillos en escuelas de Chiapas y Querétaro. También hubo una amenaza en los baños de una preparatoria de la capital.
Muchos medios han estado diciendo que este tipo de casos van en aumento en el país. Pero la realidad es que no tenemos evidencia verificable que sostenga que, en efecto, este tipo de casos están ocurriendo con mayor frecuencia en México. Es posible que sí, que cada vez haya más casos así. Es posible que no y que más bien simplemente ahora sí nos enteramos.
Pero en la Secundaria de Torreón sí hay dos pistas que tenemos que seguir.
La primera. Al entrar, los atacantes gritaron: “Primer aviso, vamos por todas las mujeres”. Esto de inmediato ha hecho pensar que el ataque podría tener un tono incel.
Los incels son una subcultura de internet que ha crecido de forma considerable los últimos años. Son grupos de hombres que no son capaces de tener relaciones íntimas con mujeres y que se definen a sí mismos como ‘célibes involuntarios’. Los incels son muy misóginos y tienen conductas extremadamente violentas con las mujeres.
Y la segunda cosa que hay que tener en mente. El Fiscal de Coahuila dijo que los atacantes pudieron haberse inspirado en ataques parecidos que ocurrieron en otros países. Parecería que estaba apuntando a que los atacantes de Torreón se inspiraron en tiroteos y ataques escolares que ocurrieron en Estados Unidos.
Y es que estos dos factores (de un lado el incel, del otro lado el imitativo) sí han estado presentes en los últimos grandes ataques escolares que hemos visto en México. Estuvieron presentes en octubre de 2025 cuando un estudiante apuñaló a otro en el CCH Sur en la Ciudad de México. Estuvieron presentes en el tiroteo de principios de año en Lázaro Cárdenas, Michoacán. Y estuvieron presentes en Torreón.
Las autoridades de México ya están investigando este caso. Claudia Sheinbaum dice que están investigando el fenómeno, y hasta ha pedido regular la reproducción de ciertos contenidos que glorifican actos de violencia en redes sociales.
Y ojalá haya justicia. Pero si pretendemos analizar esto como un fenómeno más o menos lineal, debemos entender los pilares conceptuales sobre los cuales se sostiene el fenómeno. Y esos pilares parecen ser dos.
De un lado la imitación. Y del otro, ya sea declarado o implícito: el factor incel.