Mexican navy marines and officers belonging to the Attorney General's Office, guard the area where new clandestine mass graves were found near the town of La Joya, on the ouskisrts of Iguala, Mexico, Thursday Oct. 9, 2014. Two weeks after 43 students disappeared in a confrontation with police in rural southern Mexico, Attorney General Jesus Murillo Karam announced that suspects had led investigators to four new mass graves near the southern city of Iguala where authorities unearthed 28 badly burned bodies last weekend. (AP Photo/Felix Marquez)

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Ricardo Eguia

Al amanecer este día me preguntaba si podría escribir hoy sobre cualquier tema más fértil, más positivo y cuya levedad me permitiera hacer la exégesis de cualquier mito para aparecer como forzado fanático del éxtasis…

Dubitativo he buscado entre las telarañas aún adormecidas por Morfeo columpiándose entre las sinapsis, algo más próximo al homo sapiens…

Frente a la computadora permanecí aletargado y después de complejas elipsis, salidas por la tangente, evasivas mentales y de invocaciones que luego me parecieron chabacanas recordé esa rara palabra «ataraxia», que es un desorden mental que impide a las personas inconscientemente sentir enfado, desilusión, tristeza y ausencia de turbación ante los hechos más crueles, insensatos y degradantes de los seres humanos.

No quise pues aparecer como ataráxico ante el monumento al absurdo, a la barbarie, a la criminalidad salvaje, por la repugnante saña y natural crispación nacional, asco ante la brutal embestida criminal contra estudiantes en Iguala como el nuevo santuario de los más bestiales, feroces y primitivos impulsos de la brutalidad non plus ultra e irracionalidad elevada a su máxima potencia.

Si bien es cierto y lo digo con desolación, México no ha sido nunca un país prodigio ni modelo de nada, tengo la sensación de que antes del río envenenado en Sonora, de la masacre de Tlataya y de los asesinatos, desollamientos y desapariciones forzadas en Igualaempezaban a vislumbrarse cosas buenas, leves esperanzas de cambios de esencia, tibia y paulatina recuperación de la sonrisa y de la confianza, la gente empezaba de nuevo a ser tolerante, menos recelosa y propositiva…

 

¡Y de repente regreso a la horda sin haber arañado siquiera los muros de la modernidad!

Violencia inaudita, verguenza nacional; crispación y asco ante la barbarie total; indignación y rabia ante las nuevas embestidas de las mafias criminales asociadas con policías asesinos…el río envenenado por una minera en Sonora, la masacre de Tlataya y la desaparición forzada, el desollamiento, la calcinación y el enterramiento en vida de estudiantes en fosas clandestinas en Iguala es el paisaje más brutal que proyecta México al exterior.

Corrupción desbordada, compulsión a la repetición y torrentes de indignación…trauma y rechazo que desborda nuestras fronteras.

 

«Amnistía Internacional denuncia investigación caótica y hostil…deficiencias que dificultan la identificación de cadáveres al impedirse el acceso a los peritos forenses Internacionales y sin acatar los protocolos Internacionales de exhumación tal como lo señala con dedo flamígero el alto Comisionado de la ONU.

Narcopolítica ostensible, sensación de protección a la criminalidad, decepción nacional y sensación colectiva de estar de nuevo en estado de indefensión…

«Las cosas buenas en este país no duran», son efímeras, se desmoronan como castillos de arena…y de nuevo al ciclo infernal inercial, la fractura, la intoxicación extrema, la ruptura, las aguas turbias se cuelan de nuevo por los intersticios de la misma reeditada historia ignominiosa, macabra, de terror y de dolor.

Nada hizo Aguirre Rivero contra el delincuente ex-presidente municipal de Iguala, su esposa y su cuñado, auténticos pelafustanes de horca y cuchillo.

 

La culpa no es solo de quienes ordenaron la masacre, ni solo de quienes como animales la perpetraron; la culpa es también de Aguirre Rivero que ejerce el poder como sátrapa y cacique pero que ahora mujerilmente aduce no estar al tanto de nada…Ahora se escuda cobarde y despreciable en la supuesta ignorancia de lo que todo Guerrero sabía respecto del forajido ex-presidente municipal y que además se le esfumó con pasmosa facilidad.

No basta con lamentar y condenar los hechos proditorios de Iguala, ahora nuevo santuario de la barbarie troglodita…al país no le beneficia ni conviene la espantosa costumbre de las autoridades estatales de solo repartir culpas y ante la barbarie solo más verborrea ociosa, demagógica, perversa para no asumir su incompetencia y menos su lenidad.

Mantener al cacique Aguirre Rivero en la gubernatura seinterpretará como otra peligrosa capitulación y hasta contubernio en la manipulación de los hechos y de las pruebas para evitar se esclarezcan totalmente estos crímenes en cuyo fondo subyace la delincuencia organizada de la mano de las autoridades corruptas en estos crímenes de lesa humanidad mismos que si se dejan impunes, se deja todo a que el tiempo pase y todo lo podrido escondido se profundizará la furia, el encono, se agudizará la crisis de violencia, la inseguridad y de allí a la ingobernabilidad.

Verdad de Perogrullo, es decir lo obvio, pero con Aguirre Rivero en el cargo se envía al mundo un mensaje anticipado de impunidad y las fortalezas que hoy se cimbran las estaremos convirtiendo en debilidades institucionales, pues era obvio que la obligación como la de cualquier gobernador era detectar y prevenir la degradación total fruto del maridaje y oscuros nexos entre la política y el crimen organizado.

 

¡Nada será igual después de Iguala!

La más relevante tarea y responsabilidad del Estado mexicano es garantizar la vida y el patrimonio de los ciudadanos, pero solo haciendo ejercicio legal y razonable de la fuerza…La tarea más relevante de la paz y la seguridad pública…Si no hay seguridad, se destruyen también la confianza, las inversiones, la estabilidad, la democracia incipiente y se instala de manera permanente la conflictividad.

La PGR está obligada hoy como nunca a dar resultados convincentes y en plazo breve, de lo contrario crecerá el descontento y la protesta social justificada…

Ya sabemos que por otra parte que no se cuenta con la «Comisión Nacional de los Derechos Humanos» que nada hace, que es omisa, lenta e inactiva en tantos casos de desapariciones forzadas, asesinatos masivos y ejecuciones extra-judiciales por lo que carece de la más mínima  credibilidad.

Podemos tener esperanzas de que la impunidad, ese cáncer que corroe a toda la Nación empiece a combatirse en Guerrero con acciones y hechos tangibles tal como lo adelantó en la reunión de la «CONAGO» el Sr. Lic. Enrique Peña Nieto al puntualizar que no le es ajena la realidad en donde zonas del país han sido rebasadas las autoridades locales y que la sociedad exige que cada orden de gobierno asuma sus responsabilidades y cumpla cabalmente con sus competencias Constitucionales, lo que implica que son inaceptables los vicios de poder.

En fin, creo que se debe aprovechar todo este galimatías para ahora si legislar y reglamentar el referéndum de la revocación de mandato para no seguir condonando facturas sangrientas ni permitir se fortalezca la colusión de las autoridades con la criminalidad como sucede ahora en Guerrero.

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