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Juan Carlos Rodríguez y Francisco Pazos
›El exsecretario de Educación se embarca en su tercera campaña electoral. Su especialidad es la construcción del mensaje político y el análisis del adversario. Tiene bien estudiado a López Obrador y dice poseer la fórmula para neutralizar al tabasqueño: vender los beneficios que vendrán si se concretan las reformas

Los va a venir a ver un muchacho llamado Aurelio, por favor recíbanlo, se incorpora al equipo”, instruyó el senador Enrique Jackson al staff de la Unidad de Planeación Estratégica del grupo parlamentario del PRI. Corría el año 2002. Aurelio Nuño tenía 24 años y acababa de terminar la carrera de Administración Pública en la Universidad Iberoamericana. Eran los tiempos en que el Revolucionario Institucional, tras haber perdido la elección presidencial frente a Vicente Fox, en el año 2000, por primera vez en su historia estaba aprendiendo a ser un partido de oposición.

CIUDAD DE MÉXICO, 28AGOSTO2017.- Aurelio Nuño Mayer, secretario de Educación Pública, durante su visita a la escuela primaria Puebla de Zaragoza, en la colonia Cuchilla Agrícola Oriental. Donde dio un recorrido por las instalaciones remodeladas del instituto. FOTO: GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM

FOTO: Cuartoscuro.

Entre las primeras tareas de Nuño como asesor político era el analizar medios de comunicación; preparar mensajes para que Jackson —entonces coordinador de la bancada priista— fijara posturas sobre temas de coyuntura; redactar tarjetas informativas para los legisladores y confeccionar documentos, como lo hizo con la agenda de Visión de Futuro para la XIX Asamblea Nacional del PRI en 2005, cuando el partido era dirigido por Roberto Madrazo Pintado.

Desde aquel entonces, de acuerdo con personas que trabajaron con él en la Unidad de Planeación, Nuño mostró tener un pensamiento estratégico, pues era hábil para hacer diagnósticos de los problemas, generar escenarios, identificar a los actores clave para negociar políticamente y plantear vías de solución, con su respectivo cronograma.

“Esa capacidad como estratega político y su brillante preparación profesional es lo que ahora lo tiene en el lugar donde está”, cuenta uno de sus más cercanos colaboradores, quien trabajó con Nuño desde el Senado y que lo ha acompañado hasta la Secretaría de Educación Pública (SEP), dependencia a la que renunció el pasado 6 de diciembre para tomar el timón de la campaña del candidato del PRI a la Presidencia de la República, José Antonio Meade Kuribreña.

Creo que una opción no populista lo que busca, sí con una buena comunicación, soluciones complejas a problemas difíciles, no busca la división, la apertura al mundo, a otras culturas, el respeto a la ley y no llevar al país a un conflicto político”.

En agosto pasado, en una entrevista con este semanario, Nuño se animó a delinear los dos ejes que debían regir la campaña del PRI para ganar las elecciones presidenciales de 2018: uno, explicar con claridad la necesidad de profundizar las reformas estructurales iniciadas con Enrique Peña Nieto para que se cristalicen en crecimiento económico y bienestar social; y dos, frenar a Andrés Manuel López Obrador, quien busca, dijo, cerrarse al mundo, fomenta la división y vive de llevar al extremo el conflicto político.

En el momento de la entrevista Nuño estaba en la baraja de posibles candidatos presidenciales, pero ya hablaba del tono que debía predominar en la campaña, la que ahora tendrá en sus manos.

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Compañero de gabinete. Durante un evento con el secretario de Salud, José Narro Robles. Foto: Cuartoscuro.

“Aquí hay una cosa más importante, y que no tiene López Obrador: una idea moderna, clara, de cuál es el México que queremos ver en el siglo XXI, y eso es más importante que poder decir frases como ‘No lo tiene ni Obama’ o ‘Frijol con gorgojo’, porque eso al final del día es muy superfluo, se lo lleva el viento, lo que vale es tener una idea completa de un mundo complejo de lo que requiere el país, y eso sí es algo que tiene mi partido y que no tiene él.

Creo que eso la gente por supuesto que lo va a percibir y lo va a saber, dónde está la seriedad, dónde están los planteamientos que van a hacer que el país avance bien. Por eso mismo las reformas van a servir, el que haya habido un gobierno que haya tenido la visión de pensar, no en la siguiente elección, sino en la siguiente generación, creo que eso va a ser una fortaleza. Mi partido tendrá que saberlo decir en campaña, pero creo que nosotros tenemos una ventaja muy grande sobre López Obrador y sobre los demás, y es que tenemos una gran claridad de qué país estamos haciendo y cuál es el país que se requiere en el siglo XXI”, sostuvo en agosto pasado.

Aurelio Nuño tiene bien estudiado el pensamiento y la retórica de López Obrador. Primero lo enfrentó en la campaña de Eruviel Ávila Villegas, para las elecciones del 3 de julio en el estado de México, en la que fue el encargado del mensaje político. En aquella ocasión, el principal adversario de Ávila fue Alejandro Encinas Rodríguez, candidato de la alianza PRD-PT-Convergencia, cuya campaña fue supervisada directamente por López Obrador.

Nuño fue partícipe de la votación histórica que obtuvo el PRI en los comicios de 2011, con un caudal superior a los 3.2 millones de sufragios, equivalentes al 63% de los votos.

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El ahora exsecretario de Educación Pública fue también el encargado del mensaje político en la campaña del candidato del PRI a la Presidencia de la República, Enrique Peña Nieto, en 2012. Uno de sus más estrechos colaboradores cuenta que Nuño y su equipo elaboraron una disección minuciosa del discurso del tabasqueño y lo llegaron a conocer tan bien que, antes de que el entonces abanderado priista fijara alguna postura, ya habían preconcebido la respuesta que daría el adversario. El ejercicio fue clave en el desempeño de Peña Nieto en los debates presidenciales de aquel año.

Una campaña de contrastes es lo que visualiza Nuño para la contienda del año próximo. Sabe que el tabasqueño tiene millones de seguidores, pero ya tiene clara la receta para desnudarlo. “Es parte de lo que se tiene que debatir en la campaña. López Obrador no está de acuerdo con un modelo moderno. No es alguien que esté a favor de una visión de México abierta al mundo, ni de una economía de mercado vigorosa, tampoco de un sistema educativo fuerte. Él piensa más bien en los antiguos arreglos clientelares que permitan tener un control político del magisterio, pero no el detonar un sistema educativo de alta calidad, crítico, como el nuevo modelo educativo, donde los niños aprendan a aprender y lo puedan cuestionar. Lo que él quiere es tener todo bajo control, a la vieja usanza”.

Obsesionado con los resultados

A punto de cumplir 40 años de edad, Nuño, que tiene una maestría en estudios latinoamericanos por la Universidad de Oxford, posee tres atributos que lo hicieron elegible para coordinar la campaña de José Antonio Meade. Es hechura del presidente Enrique Peña Nieto, conoce a la perfección las reformas estructurales —él operó el Pacto por México para definir la agenda sexenal, además de que se encargó de su instrumentación en el Poder Legislativo, especialmente en el caso de las reformas educativa y energética—, y tiene el antecedente de dos campañas electorales.

De acuerdo con fuentes de su primer círculo, el trabajo de Nuño como jefe de la Oficina de la Presidencia (entre diciembre de 2012 y agosto de 2015) fue crucial no sólo para ganarse la confianza del presidente Peña Nieto, sino para consolidarse como actor político.

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Tricolores. Aurelio Nuño, acompañado por los senadores priistas Emilio Gamboa y Arturo Zamora. Foto: Especial

A diferencia de lo que ocurría con otros jefe de la Oficina Presidencial, que sólo se concentraban en dar seguimiento a la agenda del Ejecutivo, Nuño llegó a concentrar mucho poder en ese despacho, pues el mandatario le delegó la responsabilidad de instrumentar políticas públicas, coordinar a los secretarios de Estado para las decisiones presidenciales, negociar con gobernadores y legisladores de todos los niveles e interactuar con actores sociales.

“Con el presidente Felipe Calderón, por ejemplo, las labores de la Oficina de la Presidencia se dividían por áreas: política, económica, de seguridad e internacional. Con Peña Nieto las cosas cambian y entonces Nuño toma todos los hilos”, refiere uno de los colaboradores más cercanos del ahora extitular de la SEP que lo ha acompañado desde que Nuño, a finales de 2012, se partía en dos para sacar adelante dos agendas monumentales: la Reforma Educativa y el Pacto por México.

ejecentral conversó con seis de los integrantes del primer círculo de Nuño. Todos coinciden en que se trata de un personaje que dedica muchas horas a la elaboración de diagnósticos y a la instrumentación de estrategias con tiempos específicos para la obtención de resultados. Muchas de las ocasiones robándole horas al sueño, pues sus jornadas de trabajo no terminan antes de la dos de la mañana.

En las reuniones de trabajo es una persona que sabe escuchar, que toma notas y que, una vez que terminaste tu exposición, se vuelve una metralleta de preguntas. Y no se levanta de la mesa hasta que queda muy clara la ruta, los tiempos y los resultados. Es un obsesionado por los resultados y la implementación de acciones”, relata uno de los subsecretarios que lo acompañaron en la conducción de la SEP.

Una de las medidas que permitió sacar adelante la Reforma Educativa que, entre otras cosas, combatió la venta de plazas magisteriales, hizo obligatorios los concursos de oposición, centralizó la nómina de maestros y privilegia la evaluación al desempeño para conservar la plaza, fue el trato directo con los gobernadores.

“Para la conmemoración de los 15 años de la Conferencia Nacional de Gobernadores sólo acudieron 14 mandatarios; en cambio, a las reuniones convocadas por Nuño llegaron a estar presentes hasta 23. Eso te habla de poder de convocatoria y de la capacidad de gestión”, cuenta otro de los funcionarios que estuvo bajo las órdenes de Nuño, quien agrega que durante esas reuniones con mandatarios el exsecretario de Educación solía presentar estadísticas sobre los avances y rezagos de los distintos estados, lo que puso en competencia a los gobernadores y los obligaba a mejorar sus políticas educativas para mejorar sus números.

Un ejemplo más que pone de relieve las habilidades de Nuño en operaciones políticas fue la desactivación de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), como foco de tensión y resistencia hacia la Reforma Educativa

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Otro subsecretario cuenta que Emilio Chuayffet —antecesor de Nuño en la SEP—, con todo y su colmillo político, no logró desactivar la oposición de la CNTE ni pudo quitarle a la Secretaría de Gobernación las negociaciones con los maestros disidentes. Nuño, en cambio, refiere el funcionario, viajó a los estados para dialogar directamente con las secciones de la CNTE, en lugar de hacer grandes mesas nacionales donde era imposible llegar a acuerdos.

Uno de los directores de área de la SEP afirma que Aurelio Nuño creció mucho este año. Al acercarse y tener contacto directo con los problemas del país. “Los sismos y la segunda etapa de empuje de la Reforma Educativa lo cuajaron, lo templaron y nos dieron otro Aurelio Nuño. Tú velo. Yo alguna vez se lo comenté, del funcionario bien peinadito y su traje bien planchado, pasó al pantalón de mezclilla, la camisa suelta y el chaleco, caminando por la terracería en las comunidades del país. Eso lo forjó. No sólo es el estratega de escritorio o de consulta, porque hay muchos de esos, de los que nunca han ganado una elección; Nuño también es un político que tiene tierra y que ha armado equipos de operación en la pluralidad para la política pública y en lo político para el partido”.

A 15 años de distancia de aquel Aurelio Nuño que llegó al Senado de la República recién desempacado de la universidad, ahora el 12 de diciembre celebrará su cumpleaños número 40 con la misión de orquestar la campaña de José Antonio Meade, y con la estrella de haber sacado adelante la “transformación más trascendental” del presente sexenio, según dijo el presidente Peña Nieto al aceptarle la renuncia como secretario de Educación Pública.

Un “diez” nato

La salida de Nuño de la Secretaría de Educación y su llegada a la campaña presidencial de 2018 lo convierte en el mariscal del proceso electoral priista. Un alfil que será lo suficientemente cercano al candidato y como un puente directo de comunicación con el primer mandatario, a través del cual Peña Nieto mantendrá su influencia en el proceso electoral.

Las condiciones de competencia cerrada en las que se desarrollará el camino a Los Pinos, en un escenario con tres candidatos, exige que el candidato del PRI no sólo cumpla con los rituales del partido, sino que desde la estructura se consolide su candidatura, consideraron personas cercanas al proceso. Y es ese el pivote en el que Nuño jugará en favor del equipo que se configure para la contienda y, en el que servirá, como vaso comunicante con el presidente.

La eficacia de Nuño como ficha permanente del gabinete de la administración peñista ha sido probada por el presidente, y su relación es tan profunda que, hasta antes de la definición en favor del exsecretario de Hacienda, fue él quien compartió la recta final en un cara a cara, que Peña Nieto decidió hasta el último momento.  Como coordinador de campaña deberá pulir y fortalecer a José Antonio Meade. Y no le será difícil. Nuño es visto, por quienes son cercanos a los procesos del priismo, como el coordinador ideal y nato. Si ocupara una posición en un campo de futbol, él tendría que portar en el dorsal el “10”, es un político rápido, eficaz, creativo e ingenioso para resolver estratégicamente con visión panorámica la realidad política y social. Su valía es tan considerada en Los Pinos y por los sectores del partido cercanos al presidente, que su nombre sigue vivo en la sucesión, aunque como un Plan B, en caso de que la candidatura de Meade pudiera
desmoronarse.

El camino de la coalición

José Antonio Meade se reunió ayer con Luis Castro Obregón, presidente del partido Nueva Alianza (Panal), fundado por la líder de los maestros, Elba Esther Gordillo. Esta reunión sería el preámbulo para construir la primera coalición electoral del PRI, que le podría aportar por lo menos, un 5% de votos en la elección federal.

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Foto: Especial.

Ayer se difundieron fotografías y un video con una duración de apenas 23 segundos en los que se ve al precandidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la presidencia de la República sentado en un café de la colonia Roma, entre hojas blancas y bolígrafos en la mano, charlando con desenfado y tomando notas, junto con Castro Obregón.

En el breve comunicado difundido ayer sobre el encuentro se informó que acordaron en los próximos días continuar el diálogo, bajo la misma visión, “que una posible coalición requiere de la participación y el activismo de las mujeres, los jóvenes y las maestras y maestros”.

Desde el 27 de noviembre, cuando se oficializó la renuncia de José Antonio Meade a la Secretaría de Hacienda, para registrarse como candidato del PRI, se está haciendo costumbre que cada día aparezca en reuniones con distintos personajes en lugares públicos. Primero fueron los miembros del gabinete que, junto a él, peleaban por la candidatura; después apareció con líderes priistas; el martes con Aurelio Nuño, y ayer miércoles con el líder de Nueva Alianza.

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