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Murtaza Hussain y Rajaai Bourhan / The Intercept

›Idlib es el último reducto de la oposición islamista a Bashar al-Assad, ha estado bajo control islámico desde 2015, aunque dos millones de habitantes de esta provincia podrían verse atrapados en una desastrosa confrontación entre jihadistas y el régimen del líder sirio

Seis años después de la revuelta que estalló a lo largo y ancho de las ciudades y aldeas  de Siria, el régimen del presidente Bashar al-Assad sometió a la oposición a su voluntad y recobró el control de casi todos los principales centros de población en el país. Excepto uno: la provincia de Idlib.

Una vez famoso por sus olivares y ruinas arqueológicas, Idlib es el último reducto de la oposición islamista a Assad.

La capital, Ciudad de Idlib, ha estado bajo control islámico desde 2015, y hoy los dos millones de personas que viven en la provincia —muchas de ellas refugiadas de otras partes del país— podrían verse atrapados en una desastrosa confrontación final entre jihadistas y el régimen de Assad. Ahmad Awad, un activista de la sociedad civil, fue deportado a Idlib por el régimen sirio como parte de un acuerdo negociado a principios de este año, cuando las fuerzas gubernamentales retomaron su ciudad natal de Madaya. Awad, quien se convirtió en un activista durante la revolución, había sobrevivido a un asedio de años y, en un principio, dijo a The Intercept, “comparando con las circunstancias que viví en Madaya, estaba muy contento cuando llegué a Idlib.

Pero entonces empecé a cambiar de opinión. Éste es un lugar loco, es un desastre, todo el mundo está por su cuenta mientras tenemos decenas de miles de familias desplazadas que viven en campamentos y nadie cuida de ellas❞, dijo Awad en una entrevista  la semana pasada en la casa que  renta en Ciudad de Idlib.

“Aquí no hay un gobierno real. Todo en lo que la gente piensa es en cómo ganarse la vida y en sus temores acerca de lo que puede venir en el futuro”.

El principal grupo que actualmente controla Idlib es el grupo militante afiliado a Al Qaeda, Hayat Tahrir al-Sham (HTS), antes Frente de Nusra. Bajo el yugo de HTS, Idlib también se ha convertido en un refugio para los yihadistas internacionales que han emigrado a Siria, transformando partes del territorio provincial en un mundo extrañamente multicultural de uzbecos, chechenos, europeos y otros.

Un reportaje encubierto filmado por activistas sirios en Idlib y publicado por la red de noticias Al Aan TV de Emiratos Árabes Unidos a principios de este año mostró que la provincia está bajo el control político de HTS y de grupos afiliados que han derrotado a otras facciones que intentaban desalojarlos. En Ciudad de Idlib, los yihadistas han impuesto el código de vestimenta del hijab a las mujeres e incluso han tratado de prohibir a los hombres jóvenes hacerse cortes de cabello “occidentales”.

ti2A pesar de la presión sofocante del gobierno yihadista, la sociedad civil ha encontrado una manera de sobrevivir en Idlib. La revolución de 2011 llevó a innumerables sirios comunes a convertirse en manifestantes, activistas, educadores y periodistas, y muchos siguen manteniendo vivas las aspiraciones democráticas de la revolución. Los activistas que comenzaron a abogar por un estado civil y manifestarse en contra de los abusos del régimen de Assad ahora también protestan contra el HTS.

Los esfuerzos de los yihadistas para lograr el control social total no han tenido éxito. Los actos de rebelión personal en violación de las prohibiciones yihadistas, como fumar tabaco, están muy extendidos y las mujeres siguen usando maquillaje en público con sus hijabs.

Sin embargo, las perspectivas ofrecidas por la vida en Idlib siguen siendo terribles, con el desempleo, los delitos menores y el trauma psicológico prevalentes entre la población. Una “desescalada” negociada con el gobierno sirio y sus aliados ha impedido un gran ataque externo a la provincia, pero el precario equilibiro de esa paz no durará para siempre. Eventualmente, lo más probable es que Idlib enfrente un ataque militar completo por parte del gobierno de Assad y sus aliados rusos, iraníes y libaneses.

En una mesa redonda celebrada en Washington DC el mes pasado, el enviado especial de Estados Unidos para la coalición contra el Estado Islámico describió a Idlib como “el refugio más grande de Al Qaeda desde el 11 de septiembre”, señalando que es poco probable que la comunidad internacional tolere una provincia bajo el control de HTS.

El resto del mundo probablemente aceptará una operación militar contra la provincia como una medida necesaria para recuperar el territorio de una poderosa filial de Al Qaeda. “(HTS) es la facción armada dominante en Idlib hoy y todos los demás, armados o no, están obligados a orientarse en relación con este actor hegemónico”, dijo Sam Heller, experto en conflicto sirio en el think tank progresivo The Century Foundation.

“Ciertamente no abogo por un ataque a Idlib, pero creo que es difícil imaginar cómo pueda terminar esto”. En una carta pública en idioma árabe publicada este mes, el principal funcionario del Departamento de Estado a cargo de Siria, Michael Ratney, dijo a los residentes de Idlib que hicieran todo lo posible para distanciarse de HTS. El funcionario advirtió de “graves consecuencias” si HTS permanece en control efectivo de Idlib, y dijo que “sería difícil para Estados Unidos convencer a las partes internacionales de no tomar las medidas militares necesarias”, “si el grupo no se ve obligado a renunciar al poder.

›Cuando llegue la batalla por Idlib, podría representar la mayor catástrofe humanitaria en una guerra civil que ya ha costado más de 400 mil vidas.

Algunas de las personas más vulnerables de la provincia son los activistas políticos sirios que fueron deportados o huyeron a Idlib a raíz de ofensivas gubernamentales en otras partes del país. “Muchas personas que no estaban dispuestas o no podían reconciliarse con la vida bajo el régimen se han refugiado en Idlib”, agregó Heller. “Hay mucha gente —gente buena— que quedará atrapada en el fuego cruzado cuando ocurra ese ataque”.

Housam Mahmoud, otro activista sirio en Idlib que fue deportado de Madaya, dijo a The Intercept la semana pasada que la situación se ha vuelto cada vez más difícil últimamente, ya que HTS luchó con otros grupos rebeldes para consolidar su lugar como la principal fuerza armada en la provincia. “Cuando me enviaron por primera vez, esperaba que Idlib fuera algo así como Afganistán, pero resultó no ser el lugar oscuro que esperaba”, dijo Mahmoud. “Pero ahora, después de las recientes luchas internas de HTS, la situación es muy aterradora.

La gente tiene miedo de terminar como otra Mosul”, dijo, refiriéndose a la ciudad iraquí, donde las autoridades kurdas calculan que 40,000 civiles murieron durante un ataque del gobierno iraquí respaldado por Estados Unidos contra el Estado Islámico.

La provincia de Idlib se encuentra a lo largo de la frontera con Turquía, que ofrece la posibilidad de refugio. Pero Turquía ya ha recibido a aproximadamente tres millones de sirios en los últimos años; cada vez más consumido por su propia inestabilidad interna, el país se ha convertido en un lugar mucho menos acogedor para los sirios en los últimos meses. El creciente agotamiento público con los refugiados ha alimentado la xenofobia, y los temores de infiltración yihadista han llevado al gobierno a endurecer los cruces fronterizos.

A pesar de ello, algunos sirios que hablaron con The Intercept en Idlib dijeron que intentarían pasar de contrabando.

Idlib es un lugar peligroso para vivir. La gente tiene miedo de un ataque desde fuera y tiene miedo de quedar atrapada en la lucha (entre jihadista)”, dijo Shafeek Omar, un anciano que huyó a Idlib desde su ciudad natal de Deir ez-Zor.

“El crimen se está extendiendo y tenemos una tasa de desempleo muy alta. Es difícil vivir en este país, y es por eso que me voy a Turquía pronto. “Cruzaré ilegalmente las fronteras a través de las montañas”, dijo Omar.

“Que Dios me ayude, tengo 60 años”.

Traducción: Carlos Morales

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