Alejandro Alemán

La recopilación de cuentos de terror, Scary stories to tell in the dark salió a luz en 1981 y desde aquel entonces se convirtió en uno de los libros más populares entre los jóvenes adolescentes. Los que no estaban tan contentos con aquellos textos eran los padres de familia, quienes movieron su influencia para que esta trilogía, escrita por Alvin Schwartz y con inolvidables ilustraciones de Stephen Gammell, fuera ingresada a las famosas listas de títulos prohibidos en algunas escuelas de Estados Unidos.

La prohibición no hizo sino aumentar la popularidad de los libros y así, 38 años más tarde, aquel volumen es hoy una película hollywoodense, dirigida por el destacado director noruego André Øvredal (Trollhunter, The Autopsy of John Doe) y producida por Guillermo del Toro.

El problema inherente es que los libros son lo suficientemente oscuros como para que pasaran intactos el filtro de Hollywood. Así, Scary Stories, la película, no es una pieza que provoque el brinco de la butaca ni pesadillas en la noche, pero sí logra enganchar imágenes y momentos que se quedan en la memoria.

La película (a diferencia del libro) intenta conectar con otro tipo de miedos. Ambientada a finales de los años sesenta, en el momento en que Nixon se prepara para la elección y los adolescentes estadounidenses son enlistados para la guerra. En pleno Halloween, un grupo de adolescentes busca vengarse de unos bullies. El plan sale mal, y terminan en la clásica casa embrujada donde encuentran un libro con historias de terror escritas con sangre. La relación de esas historias con los adolescentes será el quid de la cinta.

Scary Stories tiene el infortunio de tener cerca a un producto tan popular como Stranger Things, lo cual provoca odiosas comparaciones. Pero el cine de terror adolescente no lo inventó Netflix, viene de una tradición puramente norteamericana que empezó mucho tiempo atrás y a la cual Scary Stories reconoce y rinde homenaje. En la era digital, esta historia regresa  a la tradición análoga de maquillaje, el disfraz y los efectos prácticos. Sorprendente, ninguna de las criaturas en la película es CGI.

Los monstruos y los miedos son el centro de la historia, ya sea los que tienen forma de un espantapájaros con vida o aquellos como la guerra de Vietnam, la discriminación inmigrante (uno de los personajes es un mexicano), los bullys, etcétera. De todos esos miedos habla Scary Stories y a todos ellos les encuentra la misma cura: el poder sanador que da contar y compartir esas historias.  

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