Lourdes Mendoza

Sin duda un personaje más que controvertido en el México de los últimos 25 años es Elba Esther Gordillo, quien seguirá siendo motivo de análisis, escarnio y confrontación.

Chiapaneca de origen y dirigente por muchos años del SNTE, el sindicato más grande de América Latina, tuvo el sistémico privilegio de gestionar los beneficios para el magisterio y su familia durante los gobiernos de cuatro presidentes. ¡Así como lo están leyendo! Ruta interrumpida por el desencuentro con el quinto, Enrique Peña Nieto, quien la mandó a prisión.

Guerrera, como se autodefine, los años (seis) en la cárcel no terminaron de ser experiencia que definiera su vida, quizá porque aun en prisión su poder le permitió contar con privilegios ajenos a toda norma, por lo que al salir, buscó nuevamente estar cerca del poder y de los innegables beneficios que esa cercanía otorga. El pero es que AMLO no la recibió ni como candidato ni como presidente. 

Así, pues, y tras la decisión de AMLO de no intervenir en la decisión interna del sindicato (negarse a imponerla nuevamente como ella quería) y luego de que Elba rechazara un acuerdo en el que le ofrecían posiciones para su equipo de exdirigentes jubilados y un homenaje, centró sus baterías en presionar para elecciones abiertas y libres, en el supuesto idílico de que las bases volverían a elegirla, pero eso tampoco sucedió.

Al mismo tiempo y por la simpatía que le profesaba Juan Iván Peña Neder, se vinculó con las Redes Sociales Progresistas con la intensión de crear un nuevo partido, pero Peña Neder y ella rompieron por al menos tres diferencias: 1. Ella quería el control completo a través del novio y del yerno; 2. Peña no acepta que Elba critique a AMLO y “su reformita educativa” porque pretende que RSP sea el aliado clasemediero que Morena podría necesitar; y 3. No aportaron la cantidad de  maestros que presumían tener. 

Ahora bien, me pregunto, cómo Elba supuso regresar al SNTE cuando la política emblemática de la 4T de AMLO es el combate a la corrupción de la cual Gordillo es un icono, un símbolo (para muestra la venta de una de las casas de San Diego a uno de los Hank en millones de dólares).

Dicen que genio y figura hasta la sepultura y fiel a sus usos y costumbres, su organización Maestros por México ya trae problemas internos y una profunda división por pretender imponer a su yerno. Ahora quiere apoderarse de RSP (otra vez con su yerno). El problema, es que Fernando González, al parecer, falsificó la firma de una reunión de dicha A.C. para intentar convertirse (con ayuda mágica del INE ) en el mandamás de Redes Sociales Progresistas.

¿Conseguirá su partido? La respuesta la tienen los magistrados del Trife. Por cierto, dicen las malas lenguas que Fernando González no sale de la oficina del magistrado José Luis Vargas.

Ahora bien, déjenme contarles que dos nuevos elementos han irrumpido en la ruta de Elba Esther. El primero, el abandono de muchos de “sus” maestros porque los dejaron vestidos, alborotados y endeudados por organizarle las asambleas. 

La otra, de muy alto peso, es la detención en Estados Unidos de Genaro García Luna, personaje con quien ella mantuvo una cercana relación, y que mis fuentes afirman “sostuvieron una reunión al obtener su libertad para acordar apoyos mutuos en sus pretensiones políticas”. ¡Como en los viejos tiempos!

¿De verdad, Gordillo cree que el presidente López Obrador volverá a empoderarla? ¿Ahora que el T-MEC ha puesto los ojos en la democracia sindical en México, creerá que hay lugar para ella?

Parece que si sus adversarios no se rinden y ganan en el terreno jurídico, su yerno seguirá sus pasos: cárcel como único pago a la
ambición. 

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