Vicente Amador

Hasta hace pocos años, el área de Relaciones Institucionales sirvió, entre otras pocas funciones, para hospedar a los directores de empresa retirados: porque aún contaban con relaciones que podrían ser de utilidad, porque era caro liquidarlos o porque «si se queda en su casa se muere» —pensarían los nuevos en el mando. Era “el refri”, pues.

Poco a poco, las Relaciones Institucionales han ido ganando terreno en las organizaciones. En mi opinión, han alcanzado mayor peso no tanto por inventarse cocteles, tener a las chicas bonitas o invitar comidas opulentas. Lo han logrado cuando los verdaderos profesionales de las RRII, articulados con la planeación estratégica de la empresa, saben detectar y pulsar los signos de los tiempos actuales. Y así, asesorar la toma decisiones sobre futuros escenarios a los que la corporación se enfrentará.

La razón de ser de las RRII es, principalmente, fortalecer el diálogo e interacción con diferentes grupos de interés: gobierno, legislaturas, medios de comunicación, organizaciones no gubernamentales, cámaras empresariales, partidos políticos, universidades, asociaciones profesionales y sectoriales, sin olvidar a los clientes.

Las RRII también buscan conocer, monitorear y representar a las organizaciones en aquellos espacios clave donde se decide el futuro del sector, con el propósito de influir en favor de la empresa. Finalmente, y de gran relevancia, consolidar la imagen de confianza y la reputación corporativa.

En este contexto, es más fácil entender otra de las razones que facilitó el desarrollo de las RRII: los grupos de interés (stakeholders) y las mismas empresas reclaman cada vez más una continua y mayor comunicación. ¿Qué propició esta necesidad? Por un lado, el crecimiento del rol de las empresas en la sociedad. Hoy no son sólo proveedores, son también agentes de cambio. Por otra parte, los vertiginosos avances sucedidos en casi todos los terrenos, especialmente en las comunicaciones, el mercado, el dinamismo del entorno financiero, social y político.

Actualmente, aunque no existe una posición única o natural para las RRII, el descubrimiento de su papel estratégico las ha colocado en la mayoría de los casos —aproximadamente el 80%— como un reporte directo del CEO (Cfr. Andrew Sanders, Management Today, 2013).

El arraigo de las RRII en la organización, lo decía al inicio, está marcado por los vínculos estratégicos que el área genere y fortalezca. También tiene otros retos hacia el futuro: crecer los mecanismos que aseguren la ética y la transparencia de sus acciones; profesionalizar e institucionalizar el perfil y sus métodos de interacción; anticipar escenarios y utilizar nuevas tecnologías para el acercamiento con los stakeholders.

Las relaciones institucionales son, para decirlo en términos de El Quijote, puentes para cuando nos topamos con barrancas.

A Gisela C., quien motivó estas líneas.

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