Rogelio Hernández López

Estos días, algunos colegas de los estados reiteraron en privado una pregunta, sin respuesta única, que circula en todos los mandos de los medios de prensa mexicanos: ¿Qué hacer para tener más aceptación social ante la caída drástica en los ingresos económicos del sector?

Esta cuestión no es solo en México. Las respuestas son tan diversas como las características de cada país o incluso en regiones de ellos.

No obstante, una reacción natural en muchos medios es autoevaluar el tipo de periodismo que se hace individual, colectivamente y en empresas. Ojalá esta preocupación estuviese en la mayoría.

Frente a esa inquietud si existe un principio para hacer periodismo más profesional. Darío Restrepo, director del Consultorio Ético de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) repite una y otra vez:

Ética y calidad periodística son gemelos, nacidos en la misma cuna. Siempre que uno encuentra un buen trabajo periodístico descubre que allí se entrelazan en una unidad indisoluble, la ética y la técnica”.

En México, no hay una discusión abierta entre medios sobre la ética profesional y ésta solo se plantea entre corrientes pequeñas de periodistas.

Quizá sea tiempo de comenzar a poner los espejos –como técnica didáctica– para que cada quien revise sus perfiles éticos individuales, de su medio y de los cercanos en los estados de la República.

Ofrezco las primeras referencias que pueden servir para esa autoevaluación: los problemas éticos principales del periodismo en América Latina, en Argentina y en Uruguay

A periodistas y directivos de medios les conviene observar estos problemas y reconocer con honestidad las similitudes en sí mismos y en su entorno. Sería útil que dieran a conocer sus respuestas.

Espejo uno

La Asociación de la Prensa Uruguaya (APU) aprobó en 2013 su primer código de ética tras un largo ciclo de discusiones entre unos 300 colegas. 

La APU contó con el apoyo del Centro de Archivos y Acceso a la Información Pública (CAinfo) y el Grupo Medios y Sociedad (GMS). Su documento base de la discusión colectiva fue redactado por Carolina Molla, con la supervisión de Daniel Lema y Pilar Teijeiro, José Imaz, Walter Sena y Edison Lanza. 

Los problemas éticos identificados en 13 países de América Latina (1998) son:

“La manipulación que existe en la sala de redacción de los medios, en donde las noticias son ´hechas a medida´ de ciertos anunciantes, gobernantes, políticos, empresarios o a los intereses del dueño o director de ese medio de prensa. 

“La corrupción en la sala de redacción. Pagos ilegales a los periodistas o regalos que comprometen su labor, conflictos de intereses o uso indebido de influencia. 

“Comportamiento antiético en la investigación, preparación y redacción de las noticias. Atropello de la privacidad, mal manejo de las fuentes, plagio, uso de subterfugios y engaños, edición distorsionada y manipulación de fotos.

Los 20 más frecuentes en Argentina:

“Conflictos de interés: Autocensura por diferentes motivos (por ejemplo, miedo a perder prebendas económicas, a presiones gubernamentales o a represalias físicas). Censura de notas que merecen publicarse por parte de editores, directores o dueños de medios. Presión a redactores para que escriban o informen sobre temas o enfoques que contravienen su conciencia personal. 

“Regalos: Aceptación de publicidad oficial o de incentivos fiscales por parte del gobierno a cambio de una cobertura informativa favorable. Corrupción directa (aceptación de sobornos, dádivas o privilegios indecorosos). 

“Métodos de los periodistas: Aprovechamiento en forma implícita o explícita de información de otro medio sin mencionarlo. Violación de off the record. Publicación de noticias sobre suicidios. 

“Privacidad: Invasión de la intimidad de las personas. 

“Predominio de sensacionalismo. 

“Competencia: Chequeo insuficiente de información o falta de contrastación de fuentes. Cobertura informativa tendenciosa.

“Deficiencias ostensibles en la formación profesional. Desconocimiento del lenguaje y de la ortografía o desprecio de sus normas. Editorialización extrema sin sustento informativo.

“Exceso de periodismo de declaración en desmedro de la narración de hechos. Incumplimiento de exigencias básicas de la crónica veraz. Mezcla de información y publicidad. Uso indiscriminado de cámaras ocultas. Uso indiscriminado de off the record”. 

En Uruguay detectaron, además:

“Demasiadas quejas de periodistas de la prensa escrita sobre el uso que los colegas de medios electrónicos hacen de sus trabajos sin citar.

“Plagios en distintas redacciones.

“Negligencia en el uso de las fuentes no identificadas, mala praxis periodística e invasión de la privacidad de personas vulnerables. 

“El manejo de la información relativo a niñas, niños. 

“Morbo y sensacionalismo a la hora de presentar una noticia. 

“Censura a periodistas por parte de sus empleadores, presiones, sanciones o amonestaciones por la difusión de noticias que contravienen los intereses personales de los dueños de los medios.”

¡Uff! Seamos sinceros. Todas esas prácticas bien identificadas, desde hace 7 años, están en buena parte de los medios de prensa en el México de 2019 y más destacadamente en las decenas de espacios digitales de influencers (porque no son periodistas profesionales) y también en muchos periodistas desesperados por obtener ingresos.

El siguiente espejo que les propondré será de una aproximación a los mercado, audiencias y contenidos en la prensa estatal mexicana. (rogeliohl111@gmail.com).

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